La vorágine política está poniendo al grueso de la dirigencia y de la población literalmente en el aire. Entre un Das Neves que camina y camina desde el ruedo, y un Yauhar que vuela desde la gestión, el grueso de la ciudadanía va y viene extenuada, escuchando promesas de un futuro de cambio que vendría desde un par de bancas del Congreso de la Nación. Mientras, la vida pasa por otros lados menos meandrosos y más concretos: la incertidumbre del hoy.
Ayer mismo el candidato del Frente para la Victoria, Norberto Yauhar encontró el modo de descomprimir la ansiedad de las PASO restándole trascendencia. No se sabe si es porque el pulso que va tomando el oficialismo no es tan promisorio y conviene entonces que no se lean las elecciones de este domingo como una instancia clave para el gobierno, o se trata de una estrategia puntual. Lo cierto es que Yauhar no se cansó de insistir con que él se medirá a nivel partido este domingo con Díaz y Gueinasso, y que la definición será en octubre, cuando verdaderamente se enfrenten los modelos: “el de la inclusión y el de las corporaciones”, afirmó ayer desde Esquel.
Es que en horas de la mañana Yauhar estuvo en la cordillera acompañado por el ministro de Economía de la Nación en la XXXI Reunión Plenaria del Foro Permanente de Direcciones de Presupuesto y Finanzas de la República Argentina con más de 400 representantes regionales. Y desde allí, raudamente se desplazaron en el avión oficial del ministerio a Puerto Madryn, donde almorzaron con unos doscientos empresarios.

Vuelo bajo

En honor a la verdad, en el Golfo Nuevo la comida fue buena, pero tal como se preveía, poco y nada se pudo sacar en limpio del distinguido mitin político. Si bien el empresariado había puesto justificadas expectativas en un encuentro cercano nada menos que con el ministro de Economía de la Nación, en plena campaña, no se obtuvo ningún anuncio entusiasta ni para la región ni para la provincia, más que la continuidad de un modelo “mejorable”, como así lo expusieron los funcionarios nacionales.

El que se quiere ir y el que se quiere quedar

Lorenzino, que recibió chicanas diversas por su condición de ministro “que se quiere ir”, se esmeró por tomar contacto personal con los comensales con su habitual sencillez, para luego dar un discurso disperso e impreciso que logró lastrar enciclopédicamente al final, apelando a su percepción internacional del país. Destacó por ejemplo que “en la década del ´90, Argentina no ocupaba ningún puesto entre los que más aportaban a nivel mundial, a partir del 2003 comenzó a escalar y hoy ocupa el puesto 13, incluso por encima de Alemania, y eso es gracias a este proyecto de país que llevamos adelante, con inclusión social y lugar para todos”, aseguró.
Fue Yauhar, el ministro “que no se quiere ir”, el que le inyectó datos duros a la soflama de Lorenzino. Muchos de ellos improbables, pero aclamados enfáticamente y con delicado hilván de propio convencimiento, lo que bastó para encantar. Enunció por arriba gran parte de los temas que los empresarios presentes querían por lo menos oír: dijo las palabras inflación, dólar, especulación, exportación, retenciones y hasta financiamiento.
Con una oratoria campechana, a Norberto le alcanzó también para pasar mensajes en la entrelínea, contestar a la par los dichos de su archicontricante, y de paso, comparar períodos y gestiones.
El atril lo cerró el gobernador de Chubut, Martín Buzzi con una invitación a valorar el diálogo con los hijos, la infraestructura escolar, la conectividad que tiene hoy los alumnos, y la igualdad de oportunidades. El maestro de ceremonias clausuró las disertaciones con un chiste, llamó “a la reflexión”.
A la salida, el viento desenfrenado se encargó de arrastrar bien lejos comentarios innecesarios, especulaciones diversas y expectativas infladas, y puso un viso de realidad incontrastable: en esta áspera Patagonia nuestra bendecida con tanto en tan poco, producimos bienes, servicios, pero también políticos, y a veces, se amontonan.