Dra.Patricia Chambón de Asencio
(patriciaasencio@gmail.com)

“Tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros”.
Martin Luther King

En estos días de comunicaciones cibernéticas instantáneas es fácil estar enterado de muchas cosas en breve tiempo. Las redes sociales en la web son el termómetro emocional de lo que se vive en nuestra comunidad pequeña y en la más extensa, la del Planeta. En ellas se puede ver, a través de la información que circula, cómo se agitan las mareas emocionales con los diferentes temas que nos toca vivir. Rápidamente la información circula y todos tenemos acceso a ella. Estamos todos conectados.
En estos últimos días fui testigo de numerosas notas en los medios de comunicación donde se entrevistaba a ciudadanos para hablar sobre gestiones diversas que involucran nuestro diario vivir. Leí, escuché y vi muchos reportajes…vi a nuestros políticos haciendo declaraciones o desmintiéndolas, vi a vecinos discutiendo y enojándose por visiones distintas de la realidad… en todos los casos me surgió la siguiente pregunta: ¿Qué pasaría si toda esa energía que se utiliza enfáticamente en sostener posiciones diferentes compitiendo por poseer la razón se direccionara realmente en encontrar una verdadera solución a los problemas que nos angustian? ¿Qué pasaría si toda esa intención que se pone en tratar de convencer al otro, en obligarlo a que haga las cosas mejor, la enfocáramos ya mismo en hacer “lo mejor” cada uno de nosotros? Esto sería algo así como convertirnos en el ejemplo vivo de aquello que anhelamos. No discutiendo, ni confrontando, ni perdiendo tiempo en desmentir, sino siendo testimonio de eso que deseamos que suceda.
El transcurso de la vida nos muestra claramente cuáles son las cosas valederas y quiénes realmente son personas auténticas. No hace falta que nos distraigamos explicando que somos buenas personas. Manifestémoslo en hechos. ¡Es tiempo que nos demos cuenta! ¡Basta ya de pelear entre nosotros! Cada vez que nos enojamos con nuestro vecino, con nuestros compatriotas, con nuestros semejantes, estamos distrayendo la atención del verdadero problema. El verdadero problema sigue allí escondido detrás de las numerosas horas que se consumen acusando y desmintiendo, en los ríos de energía que se malgastan en contiendas de egos partidistas, peleas mezquinas alimentadas por mieditos personales. ¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la culpa de lo que a mí me pasa la tiene alguien ahí afuera?
¡Despertemos de una vez! El problema está en cada uno de nosotros. El problema es que creemos que alguien, allí afuera, nos tiene que permitir o dar la posibilidad de mejorar nuestra realidad. El problema es que no nos damos cuenta de que el primer paso lo tenemos que dar cada uno de nosotros… y no para criticar, acusar o destruir. Porque declarándonos en contra, seguimos afianzando el conflicto, la guerra con nuestros vecinos, con nuestros semejantes. Seguimos perpetuando las inquisiciones, las persecuciones, las dictaduras. Como dijo Luther King: “Lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia”.
Para salir de una vez por todas de este viejo esquema reactivo, tenemos que generar algo distinto. Producir un cambio, construir algo diferente y transformar nuestra realidad. Si no podemos conciliar puntos de vistas diferentes, al menos tolerar las diferencias, sin dejar de hacer lo que tengo que hacer por mirar al vecino. Einstein lo decía: “la solución a un problema no está en el mismo nivel donde el problema se generó, sino en un nivel superior”
El verdadero problema es que entre todos estamos creando la realidad con nuestros pensamientos, emociones y acciones. ¡Y todavía no nos damos cuenta! Tenemos que ser concientes que entre todos podemos crear una nueva realidad, una nueva educación, una nueva comunicación, una nueva comunidad, una Nueva Tierra. Muchas personas a nuestro alrededor desean el bien común, pero la forma de implementar esa intención es diferente. No nos detengamos a discutir cuál es la mejor forma. Hagámosla. Ha llegado el momento de manifestar en nuestras propias vidas, nuestra forma de lograr “el bien común”.
¿Cómo hacerlo entonces? Poniendo manos a la obra desde donde estamos, desde el lugar en que nos toque trabajar o desarrollarnos. No esperemos que desde afuera alguien nos autorice o nos dé las facilidades para hacerlo. Simplemente, hagámoslo! Esto se puede traducir en tener un gesto amable con las personas que atiendo cada día, dignificar la tarea que me toca hacer, dejar de trabajar para personas inescrupulosas, no colaborar en acciones que favorezcan a unos pocos en detrimento del bienestar de la mayoría, cultivar mi propia huerta, generar energías alternativas, informarme y buscar ayuda en grupos humanos que están trabajando para el bien de la Humanidad y muchas otras cosas… Si quiero un Mundo mejor, lo hago HOY! Empiezo por mí.
Obviamente aquí no hay cabida para la queja o para el “no puedo”, ni para los comentarios desvalorizantes como: “en este país… qué querés?!”; “con esta gente… qué se puede hacer?!” No hay espacio para sentirnos víctimas impotentes trasladando la responsabilidad a otros. El cambio podemos hacerlo ya, en cada uno de nosotros. Pero ojo… a no confundirnos! No es a través de la violencia mal canalizada que vamos a lograr el cambio. No es haciendo piquetes, cortando calles y generando mayor malestar a nuestro alrededor que vamos a transformar la realidad. No es desde el malestar, sino desde el bienestar que lograremos estar mejor. Es contagiando bienestar que lograremos transformarnos a nosotros mismos y transformar nuestra realidad circundante. La forma más segura de cambiar a otro es… contagiándolo!
Mientras escribo estas líneas, vuelvo en el tiempo a mis diecisiete y resuenan en mi corazón los versos de la querida Violeta Parra en la voz inolvidable de nuestra Mercedes Sosa: “…el amor es torbellino de pureza original, hasta el feroz animal susurra su dulce trino, retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros, el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero… Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra… y va brotando, brotando como el musguito en la piedra…”