tucuPor: Capitán de Fragata Pascual Quevedo

El 24 de Septiembre de 1812 es un aniversario inolvidable para nuestra patria, porque imprimó a la Revolución de Mayo un carácter invencible, que la convirtió en la fuerza motriz de todas las revoluciones emancipadoras del Nuevo Mundo.
En el año 1812 se veían, en el horizonte, sombras negras y tenebrosas para la causa de la Revolución de Mayo. Los errores del primer Triunvirato llevaban, a la revolución, sin un plan político y militar. Tan grave era la situación que el Libertador San Martin, haciendo una excepción a las normas de su propia vida, intervino en la lucha intestina de aquel año, para cumplir con el deber supremo de salvar la causa de la Patria.
La fundación de la logia Lautaro tuvo por objeto llenar ese fin primordial. Dar a la Revolución directivas firmes y enérgicas, planes determinados en la orientación política y en el desenvolvimiento militar, para terminar con la improvisación que tantas vicisitudes había causado, en los años que llevaba la lucha por la libertad.
Para medir los peligros del año 1812 y la situación desesperada a que hacia frente Belgrano, en las provincias del norte argentino, basta con hacer una ligera reseña de las posiciones enemigas, a los dos años de la Revolución.
El ejercito que tenía que organizar Belgrano, se encontraba prácticamente abandonado después de las derrotas sufridas. Montevideo en poder de los realistas y un ejército portugués, fuerte de cuatro mil hombres, ocupaba la campaña de la Banda Oriental, en combinación con la plaza de Montevideo y llevaba a cabo actos hostiles sobre la margen izquierda del rio Uruguay.
Mientras tanto la vanguardia realista, con más de tres mil hombres de línea, se ponía en marcha para invadir las provincias del norte argentino, cumpliendo órdenes del Virrey Abascal que gobernaba en Lima, centro del poderío español. Goyeneche entrego el mando del ejército español al General Pio Tristán, que se había encontrado con Belgrano en España.
Tristán avanzó desde Suipacha. Tenía que atravesar regiones que serían escenarios, donde la bravura gaucha del criollo haría sentir al español la fuerza invencible y triunfante de su propia tierra. La quebrada de Humahuaca, imponente en su heroicidad de piedras y colores. Los valles calchaquíes, que fueron también escenarios de la raza bravía escondida en sus laderas y hondonadas.
Pronto sabrían los ejércitos de línea españolas, muchos de ellos experimentados en las guerras napoleónicas, los terribles peligros de la emboscada y el acecho.
En fecha 3 de agosto de 1812, el creador de nuestra Bandera comunicaba al gobierno que solo contaba con ochocientos dieciséis soldados de infantería, doscientos húsares de la Patria, doscientos cuarenta y dos dragones, doscientos ochenta y seis pardos y morenos y cuarenta y cuatro soldados artilleros. Mucha de esta tropa se encontraba enferma y otros soldados ausentes.
Ante tal situación Belgrano tuvo que retroceder, abandonando las provincias de Jujuy y Salta. El éxodo jujeño prueba la heroicidad de un pueblo, donde Belgrano practico la táctica de la tierra arrasada y organizo un cuerpo de caballería, bajo la denominación de Decididos, compuestos de hombres que emigraban de Jujuy. Organizo el convoy de las familias que debían seguir su retirada. El temple del gran patriota se ponía a prueba, en todos sus actos y ejecuciones.
El 23 de agosto, a las cinco de la tarde, salía de Jujuy el grueso de la columna patriota, en dirección a Tucumán, tomando el camino de las Postas. A las doce y media de la noche, terminada ya la organización de la retirada, salió Belgrano de Jujuy y alcanzo al ejército que había hecho una jornada de diez leguas y que continuaba su retirada en las sombras de la noche.
El ejército de Belgrano llego el 29 de agosto a la costa del rio Pasaje. Allí dio descanso a la tropa y comunico, al gobierno, su firme resolución de presentar batalla al enemigo en Tucumán.
La vanguardia realista, separada del grueso del ejército, seguía hostigando a los patriotas. Resuelta a presentar combate, atravesó el rio Pasaje y ataco impetuosamente por sorpresa a los patriotas, los que tuvieron que retirarse. Belgrano, que se encontraba a retaguardia con el grueso del ejército, hizo desplegar su línea de batalla en posición que le permitía aprovechar ventajosamente los accidentes del terreno y puso en ejecución la artillería, mandada por el barón de Holemberg, consiguiendo contrarrestar el ataque enemigo.
El ataque patriota puso al enemigo en precipitada fuga, obteniendo Belgrano el llamado triunfo de las Piedras, de gran importancia para retemplar el valor de sus soldados y prepararlos para nuevas victorias.
En ese día precursor de la libertad argentina, mientras se ponía el sol, Belgrano pasaba revista a su pequeño ejército de valientes y, al pasar frente a los cuerpos militares que habían sufrido pérdidas, se detenía y llamándolos por sus nombres, exclamaba: No existen, pero viven en nuestra memoria como mártires de la libertad.
Estos acontecimientos reafirmaron los planes de Belgrano y su resolución heroica de hacer frente definitivamente al enemigo, en la ciudad de Tucumán. No obstante las órdenes recibidas del gobierno, compuesto por el primer Triunvirato, el que le prohibía presentar batalla, Belgrano percibió claramente los peligros para la Revolución de Mayo, de dejar avanzar a los realistas más allá de la ciudad donde, en coincidencia admirable, se juraría después la Independencia Argentina.
Arraigada en su espíritu su resolución estoica, le escribía al gobierno:” V. E. debe persuadirse que, cuando más nos alejamos, más difícil será recuperar lo perdido, y también más trabajoso contener la tropa, para sostener la retirada con honor, y no exponernos a una total dispersión y perdida de esto que se llama ejército; pues debe saber cuánto cuesta y debe costar hacer una retirada con gente bisoña, en la mayor parte hostilizada por el enemigo con dos días de diferencia”.
Belgrano tomo con su ejército el camino llamado en aquella época de las Carretas, dirigiéndose hacia la provincia de Santiago del Estero, pasando por el costado este de Tucumán eludía así hábilmente la persecución del enemigo, asumiendo a la vez una actitud de obedecer la orden del gobierno, pero quedando en libertad de dirigirse a Tucumán. Como se ve, sus movimientos no podían ser más hábiles, dadas las circunstancias políticas y militares.
La vanguardia realista se detuvo entre Yatasto y Metan, a veinte leguas de Tucumán, mientras el grueso del ejército español ocupaba la ciudad de Salta. Belgrano encargo una misión especial a Juan Ramón Balcarce, para que fuera a Tucumán a fin de sintonizar el patriotismo y espíritu de lucha de ese pueblo. Los tucumanos ofrecieron a Balcarce toda clase de sacrificios, con tal de impedir la entrega de esa provincia al dominio de los godos.
Ante esta situación Belgrano comunicaba al gobierno: “son muy apuradas las circunstancias y no hallo otro medio que exponerme a una nueva acción; los enemigos vienen siguiéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde y con ello nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido a sacrificarse con nosotros, si se trata de defenderla, y de no, no nos seguirán y lo abandonaran todo; pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo, si me es dable, o para ganar tiempo a fin de que se salve cuanto pertenece al Estado. Cualquiera de los dos objetos que consiga, es un triunfo, y no hay otro arbitrio que exponerse. Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza a protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esa capital. Nada dejaré por hacer; nuestra situación es terrible y veo que la Patria exige de nosotros el último sacrificio, para contener los desastres que la amenaza”.