Por Ignacio Zuleta*

roamanbigInevitable que los protagonistas del 27 de octubre se hayan detenido en esa meseta que motiva el desinterés del público por esa elección. Comparado con las primarias del 11 de agosto, hay más indiferencia por las campañas, seguramente porque los votantes ya han elegido hace rato -antes, inclusive, de agosto- y descuentan que no habrá grandes modificaciones en las tendencias del voto. Un momento como éste es el más doloroso para un político: cuando el público y sus adversarios lo juzgan, y lo combaten, no por lo que hace sino por lo que es. Es lo que debe evitar cualquier hombre público, hasta el caudillo más encendido: si los demás lo perciben por lo que creen que es y no por lo que dice, hace o propone, se hace más difícil que nunca modificar la conducta de los otros.

Amores piratas

El marketing, que es el pan con manteca que alimenta a los profesionales de las campañas, intenta modificar eso sin lograrlo nunca. Más cuando el armado de las alianzas y las listas que surgieron de la votación del 11 de agosto son expresión del amor pirata que describió el Paz Martínez. La convivencia en la misma lista de un Martín Insaurralde y su contradictor Carlos Kunkel sabe a miel y huele a trampa. Lo mismo que la convivencia en actos del inspirador de la 125, Martín Lousteau, con su destructor, Julio Cobos. Con esos productos tan contradictorios en la góndola es inevitable que el público juzgue a los candidatos por lo que cree que son y no por lo que proponen o dicen. La única explicación que han dado Elisa Carrió y Pino Solanas para la alianza entre la más antiperonista de todos y el creador del peronismo tal cual lo conocemos, es que hay que intentar alianzas con los adversarios porque con los amigos es fácil, como si se tratase todo de un esfuerzo del temperamento y no fuese un proyecto político.

Remebranzas

En 1997-99 el país conoció algo parecido cuando se hizo la Alianza UCR-FrePaSo, que intentó hacer convivir bajo el mismo techo a radicales y peronistas que habían vivido enfrentados. Decían sus fogoneros, como los de ahora para explicar la UNEN, que en la Argentina hay que fomentar la cultura de las alianzas, como lo declara Jesús Rodríguez citando el ejemplo de la Concertación chilena. El arco de ese país se alimentó de partidos del eje centroizquierda pero nunca intentó enlazar en la aventura a sectores del conservadorismo representado en la alianza que esta vez le dio el Gobierno a Sebastián Piñera.

Bajos de precios

Esa resignación de los protagonistas de la elección a que las cartas ya están jugadas y a que el marketing no puede hacer mucho para torcer la fatalidad explica que, en estas elecciones, no tengan mucho rol los gurúes venidos de otros países. Estos expertos que asesoraron antes a políticos argentinos en campañas -Dick Morris a De la Rúa, Duda Mendonça a Duhalde- basan su negocio en una lectura deliberadamente superficial de los actores de una elección y buscan explotar sus caracteres organolépticos para montar el espectáculo de confrontación. Leen las encuestas y les aconsejan desarrollos argumentales que son fáciles de imponer cuando hay debate de proyectos, pero que es imposible hacer entender cuando el público no está dispuesto a decidir por lo que les ve hacer o decir a los candidatos sino por los prejuicios que ya tiene sobre ellos.

Virósicos y de los otros

Los candidatos de uno y otro lado padecen, en situaciones como este amesetamiento, de una afonía que impide a los auditorios percibir sus mensajes. Atentos a esa falta de respuestas, algunos avanzan en frases y argumentos tremendistas en el intento de captar alguna voluntad. Hay que anotar en estos intentos a Margarita Stolbizer, que combate el proyecto de baja de la edad criminal con frases como que “los K quieren meter presos a los pibes de 14 y protegen a los delincuentes de guante blanco”. Nadie cree que escuchando alguien cambie su intención de voto, lo mismo que escuchando que el despacho de Jorge Coscia, secretario de Cultura, se traslade a una villa. Esta consigna del kirchnerismo porteño evoca la matriz pedagógica de la veteroizquierda, que creía en la eficacia de regalar volantes con cuentos de Roberto Arlt en las canchas de fútbol (idea que ensayó el primer Filmus cuando era ministro de Educación de Néstor Kirchner). Esa decisión de marketing contradice el acierto estratégico de haber designado a Jorge Taiana como candidato a primer legislador, todo un caballero de la política que parece leer mejor que otros esa rara demografía que desafía siempre a la susodicha en la Capital Federal.

Poco esfuerzo

El elenco de los asesores extranjeros es más bien pobre para estas elecciones, seguramente porque todos entienden que no tiene caso gastar mucho dinero en aventuras que no van a torcer la suerte. Macri mantiene al ecuatoriano Jaime Durán Barba como estratego principal (lo asiste su connacional Santiago Nieto). Este anarco conservador que es Durán conoce como pocos el paño del distrito y se permite la extravagancia de que las tres cabezas de lista del PRO transmitan un fuerte aroma confesional. Lo hace la candidata a senadora Gabriela Michetti, pero también el rabino Sergio Bergman- blindado por su condición de religioso a los ataques de la política canalla. La misma respetabilidad protege a Iván Petrella, un “scholar” de Harvard dedicado a la teología pero que, para desmarcar, se define como ateo. Como para enloquecer a cualquier adversario.

El rejunte de Massa

Otro extranjero que conserva empleo es el peruano-americano Sergio Bendixen, coach de Sergio Massa que vino al país con la leyenda de haber trabajado para Barak Obama en la captura del voto hispano y por su pericia en sacarle jugo a las redes sociales en las campañas. A diferencia de Durán, detrás de quien se alinea todo el equipo de campaña de Macri, Massa hace convivir al peruano con clásicos asesores del peronismo de hoy, de ayer y de siempre, los mismos que trabajaron dentro del kirchnerismo para él y sus asociados de ese origen (Alberto Fernández, Felipe Solá, Juanjo Álvarez).

De Narváez y el no

Sigue contratado también por Francisco de Narváez el español Antonio Sola, a quien se le atribuye ser un perito en campañas negativas a partir de su trabajo junto a Mariano Rajoy, y en México (su país de adopción) junto a Felipe Calderón. Fue quien convenció al empresario de fomentar la dialéctica “ella o yo”, un camino de ida porque la aventura se planificó en territorio de Massa. Éste no iba a dejar que le robasen la esperanza y con su salida liquidó el proyecto que el “Colorado” explica con llaneza apabullante: “Nosotros calentamos la pava y Massa se tomó el mate”.

Duhalde y los yanquies

Más en las sombras, el americano James Carville entra y sale de las oficinas del sciolismo con consejos en persona, cuando viene a Buenos Aires o por mail. Este experto que aconsejó a Bill Clinton en su primera campaña presidencial ya vino antes a la Argentina para aconsejarlo a Eduardo Duhalde en su campaña contra Fernando de la Rúa en 1999, quien lo tenía a su lado al mago de la recuperación de Clinton después de la debacle de la primera elección legislativa. Se ha mantenido siempre cerca del peronismo, y se entiende bien con otros equipos de asesores que están próximos a Daniel Scioli. En esos equipos ha ganado aire Jorge Telerman, que estuvo entre quienes acercaron a Carville a Duhalde en 1999, y a quien le han dado más juego en día a día de la campaña del oficialismo en Buenos Aires.

El Papa juega su octubre

Jorge Bergoglio no se olvida de la Argentina y octubre será un mes importante. Para entonces esperan los obispos que Francisco designe por lo menos a un cardenal. Será Mario Poli, el arzobispo de Buenos Aires, y con esa designación el país volverá a tener un cardenal. Bergoglio es papa, Estanislao Karlic es emérito y Leonardo Sandri vive en Roma. Puede haber designaciones de algún otro cardenal argentino. Habrá que ver..

*Ámbito Financiero