En una población donde el 57% no confía en las instituciones que le representan, no parece tarea fácil animar a los ciudadanos a acudir en masa a las urnas. Y, sin embargo, eso es lo que se ha propuesto el Parlamento Europeo con el lanzamiento de la campaña de información sobre las elecciones europeas, que se celebrarán en mayo de 2014.
Quedan aún ocho meses para la cita, pero el tiempo puede ser escaso cuando se trata de hacer ver a los europeos de que tienen voz y voto para cambiar las políticas de la UE, esas a las que tantas veces se recurre para buscar el origen de las penurias económicas.
El progresivo euroescepticismo entre los ciudadanos europeos -especialmente en los jóvenes, los que no tienen la referencia de lo que significó la UE para poner fin a los conflictos bélicos en Europa- ha quedado patente en las distintas elecciones nacionales que han tenido lugar desde que estalló la crisis. Salvo en los comicios de Holanda del año pasado, todos los Gobiernos que se han enfrentado al voto de sus ciudadanos han caído.
Por eso se espera un resultado «peligroso» de estas elecciones europeas, donde la Eurocámara corre el riesgo de fragmentarse y llenarse de fuerzas euroescépticas y populistas, que con toda seguridad arañarán el tradicional protagonismo que han tenido el Partido Popular y los Socialistas. Pero la campaña que lanza ahora el Parlamento no es electoral, sino neutral. Dicho de otro modo, no piden una orientación determinada del voto, sino que tan sólo piden el voto. Porque la abstención es el gran enemigo de estas elecciones, donde históricamente la participación siempre ha sido baja (en los comicios de 2009 la participación media fue de sólo el 43%).
Con el lema «Acción. Reacción. Decisión», esta campaña informativa pretende concienciar a los europeos de la importancia de votar en las próximas elecciones, que para Podimata son posiblemente “las más cruciales en la historia europea por el difícil contexto de crisis que vivimos”.
Serán, además, las primeras elecciones desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa, que otorga más poderes de decisión a la Eurocámara, la única institución europea elegida por sufragio directo y, en realidad, la única auténticamente democrática. La principal novedad de estas elecciones es que cada grupo político deberá concurrir a ellas habiendo presentado a su candidato para presidir la Comisión Europea, por lo que los ciudadanos tendrán en su voto la capacidad para decidir quién será el próximo jefe del Ejecutivo comunitario. (El Mundo)