romacgrnadLas traiciones que se reprochan a los hombres suelen ser por amor, dinero o política, y en ese orden, tal vez la última de estas sea la más difícil de digerir, procesar y las que no genera en el fondo algo de prestigio entre pares, como las otras dos.
Aunque el cambio de partido o de sector buscando mejores horizontes bajo la lógica de las conveniencias, se viene disfrazando últimamente de “adaptación transformadora”, el “todo vale” llega a fastidiar al final hasta los propios.
En el fondo, muy en el fondo, la falta de lealtad ideológica es en definitiva una mancha difícil de remover. Con este tipo de vara medidora sería un traidor el propio Martín Buzzi por mutar al FpV habiendo ganado bajo la fórmula de Mario Das Neves y el paraguas del Peronismo Federal. Pero también sería un traidor el propio Das Neves que mantuvo el grueso de sus ocho años de gobierno a costa de la banca de Néstor Kirchner. Todos serían unos perfectos traidores, si es que la política aún se mide en base a lealtades. Por otra parte, no hace falta cruzarse de bando para ser un traidor, un miserable intrigante, un tránsfuga de novela. Menem traicionó la doctrina peronista sin sacar los pies del movimiento.

Por Marisa Rauta

Pero como las lealtades están en oferta, quienes justifican estas mutaciones oportunistas vienen asegurando que en política, el asunto no es quién es traidor y quién no, sino quién tiene más o menos manchas, afirmando que la traición “es sólo una cuestión de fechas”.
Winston Churchill, el más brillante político inglés del siglo XX, siendo del partido liberal se pasó a las filas del partido conservador y fue duramente castigado por la prensa. Cuando le preguntaron por su cambio de lealtades, dijo: “Quien quiera mejorar, tendrá que transformarse, y quien quiera llegar a ser perfecto, tendrá que transformarse muchas veces”. O sea, hay discurso a medida para todos, en este marco.

El hijo del corazón K, pero con apellido D

Decía Clemenceau que “Un traidor es un hombre que dejó su sector para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su sector para inscribirse en el nuestro”. Así probablemente fue adoptado el gobernador de Chubut en el seno materno nacional ni bien ganó en la provincia bajo otro sello, y decidió “convertirse” al cristinismo. Sin embargo, y tal como lo advierte la magistral definición del francés y lo recuerdan cada vez más seguido en Balcarce 50, “nunca será nuestro del todo”. De allí que la difícil coyuntura que enfrenta el comodorense a cargo de la provincia, con los traspié que va teniendo en su gestión heredada y plagada de conflictos, se sienta como un buscapié en las filas k, una verdadera implosión enviada por el enemigo, y les resulte más que difícil aceptarlo en lo profundo del riñón.
Este ambiente se estaría profundizando cada vez más, sobre todo a partir de la zancadilla electoral que le vendrían haciendo al ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Norberto Yauhar los referentes provinciales del FpV. De allí que el escenario político del buzzismo sea cada vez más incierto, y no falten quienes aseguren una nueva “transformación” en breve.
Tirso de Molina solía describir este proceso casi como natural allá por el 1600 “Quien a darse vuelta se inclina, tarde volverá en su acuerdo”. Por eso no extraña en algunos segmentos que se avizore que después del 27 de octubre, el buzzismo comience a hablar con el dasnevismo, y hasta no descarte un gobierno de “coalición” con algunos referentes del “Comeperros” adentro de la estructura. Tan descabellada la versión no parecería ser. De hecho, ya fue hasta socializada ayer por un diario de amplia circulación en Chubut y nadie salió a desmentirlo.
“El que quiere ser tirano y no mata a Bruto y el que quiere establecer un Estado libre y no mata a los hijos de Bruto, sólo por breve tiempo conservará su obra”, dramatizaba Maquiavelo. Por supuesto, a Buzzi ni se le ocurrió “matar” políticamente a Das Neves, ni a Pablito ni a Mariví. Por el contrario mantuvo gran parte de su estructura y su planta permanente, no denunció ninguno de los delitos que se le achacarían al ex gobernador familiero, y se bancó la provincia esquilmada y corrompida. Por eso, Bruto se relame, y ya hasta habría nombres dando vueltas y todo.
El primer injertado en la estructura podría ser un hombre de perfil técnico pero que maneje caja y de continuidad a los negocios, antes que se pierda todo lo armado, como el ex ministro de Economía de Das Neves, el contador Víctor Cisterna, un reservorio de lo más adaptable, dicen.
Estas versiones y algunas otras, están sonando como hienas riendo en los oídos del oficialismo nacional, que además viene profundizando los dolores: ´todo aquel que haya preferido dejar la gestión nacional para subirse al barco provincial por ambiciones inmediatas, son considerados náufragos definitivos´, y en esa volteada estarían cayendo ahora el ex candidato a gobernador y ex diputado nacional renunciado para ser ministro Coordinador de su contrincante, Carlos Eliceche; y el ex presidente del Correo Argentino, ahora intendente de Comodoro, Néstor “Tano” Di Pierro.
A todo esto, si es verdad que en Chubut se viene una “colisión”, tampoco es mentira que desde Nación no se quedarán de brazos cruzados, y si la cosa se complica más, hasta podría terminar gobernando hasta 2015 el vice, Gustavo Mac Karthy. En definitiva el hombre que hubiera preferido Néstor, dicen. Como lo canta el Chaqueño Palavecino “….es el modo de pagar amor por favor, traición por traición”

Otro desheredado

Y para completar el cuadro, ayer el histórico padrino del ex intendente Carlos Eliceche, Osvaldo Sala, le plantó un revés doloroso nada menos que desde el despacho de su archicontrincante deportivo y político, el actual intendente Ricardo Sastre. Uno que junto a su par de Trelew, Máximo Pérez Catán reporta a Das Neves, pero flirtea con Yauhar y parte de la conducción nacional.
Como un verdadero manosanta que tira pálidas para luego curarte, “El Pelado” Sala estampó: “Veo un escenario complicado y complejo en Chubut. No es la Provincia en la que me hubiera gustado vivir. Me hubiera gustado una Provincia federal que defiende firmemente sus intereses. Yo no puedo entender los viajes de los gobernadores a actos para estar en una mesa, aplaudir un discurso y regresar a la Provincia. Al menos siempre me imaginé un gobernador sentado en la mesa de trabajo de un Gabinete o de la Presidencia de la Nación discutiendo los temas que hacen al progreso provincial”, señaló en alusión a la mesa chica electoral donde estuvo Buzzi la semana pasada.
“Son colaboradores de la Presidencia, están al servicio de la gestión, eligieron ese rol y yo no tengo más que opinar al respecto. Cada uno tiene derecho a elegir la actividad política que quiere llevar adelante”, reprochó luego al ser consultado por el rol de su máximo producto, Carlos Eliceche. “Algunos eligieron no reunirse más conmigo. Con otros -como Das Neves- mantenemos reuniones permanentes, pero para intercambiar opiniones sobre el futuro de Chubut, que es lo que yo amo”, disparó directo al corazón. Cerró con una invitación al Justicialismo: “nos merecemos una gran discusión, porque hay cosas que no acepto y que la ciudadanía está evidenciando con su voto. (…) La gente votó sin confundirse, los que se confunden son los dirigentes”.
Apenas una síntesis apretada y personalísima de un clima enrarecido y un escenario demasiado enchastrado sobre todo dentro del peronismo, que debería revisarse por salubridad democrática. Aunque, como decía Derrida “por fiel que uno quiera ser, nunca deja de traicionar la singularidad del otro a quien se dirige”.