Al hablar, como en sus libros, utiliza un lenguaje coloquial. Se toma, además, un tiempo para responder de forma pausada. Así se muestra Antonio Elio Brailovsky, que ha escrito más de veinte libros, algunos de ellos destinados a niños. Varias de esas obras tienen una cualidad: tratan sobre el medio ambiente y los recursos naturales. Es licenciado en Economía Política, historiador y profesor.

Por Mauro Fernándes

“El hombre –dice- es un animal político. Es eficaz que el ser humano se involucre socialmente y haga propuestas y reclamos. A escala individual, se pueda hablar del consumo racional de luz, del cuidado del agua y de no tirar la basura en la calle, pero esas conductas, si bien están bien, son menores. Hay que plantear reclamos a quienes fueron votados.”
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Antonio Elio Brailovsky, que ha escrito más de veinte libros, algunos de ellos destinados a niños. Varias de esas obras tienen una cualidad: tratan sobre el medio ambiente y los recursos naturales.

 P:-En uno de sus libros, “Memoria Verde, historia ecológica de la Argentina”, escribió que entender la naturaleza brinda más claves que estudiar la sola historia humana. En la sociedad argentina, ¿se comprenden las leyes de la naturaleza?

A.B.:-Vivimos en una cultura en la que se parte del implícito de que la naturaleza casi no existe. Es decir, está presente la idea de que las leyes de la naturaleza pueden desaparecer dentro de una ciudad. Es por eso que se construyen miles de viviendas en zonas naturalmente inundables, donde solo basta con mirar para darse cuenta que algunos sitios son inhabitables. Se genera la ficción de que se pone un poco de cemento y la naturaleza deja de existir.

 -¿Falta conciencia solo a nivel gubernamental?

-En democracia, las autoridades responden al nivel medio de conciencia de la sociedad. Si las personas pensaran distinto, votarían otros gobernantes.

 -Se habla mucho de ecología. ¿Qué falta?

-Faltan mecanismos serios de adecuación con relación al impacto ambiental que pudiera llegar a producir cualquier iniciativa que se fuera a hacer. Por un lado, se realiza una gran minería irresponsable en el país, con la utilización de cianuro, y al mismo tiempo se dan discursos de cuidado ambiental o se planta un árbol en la puerta de una escuela, por dar un ejemplo.

 -En educación ambiental, ¿qué instituciones deben tener un rol prioritario? ¿Cómo observa el funcionamiento de la escuela?

-La universidad es el sitio que puede ser operativo. Hay buena educación ambiental en formación inicial y primaria. Es mediocre, pero la hay, en escuelas secundarias. Hay muy buenos estudios ambientales que se pueden realizar en los posgrados, pero en grado universitario no hay casi nada. Es decir, la mayor parte de los abogados se reciben sin saber derecho ambiental, lo mismo sucede con los arquitectos, que no tienen conocimiento sobre ambiente urbano, y que los médicos, que finalizan el periodo universitario sin conocer las enfermedades ambientes. Sucede en varias profesiones. Los profesionales tienen que actuar ante los distintos problemas pero, como no tienen la formación necesaria, no lo hacen.

 -Lo que usted explica, ¿está vinculado a determinados problemas de difusión de lo ambiental?

-Cada vez que una persona se mete con intereses creados siempre hay problemas. En las inundaciones (Buenos Aires) de abril pasado, plantee que los consejos profesionales tendrían que considerar mala praxis cuando un arquitecto construye en una zona inundable sin tener en cuenta la inundabilidad. Hay cientos de miles de edificios construidos por profesionales en zonas inundables. Mis palabras no cayeron bien, y se hicieron gestiones para bloquearme en los medios de comunicación y en las cátedras que dicto.

 -¿Le ha pasado en otras oportunidades?

-Cada vez que uno toca un interés, hay otro que se pone incómodo. Más incluso cuando se trata de un interés espurio porque es mala praxis inundar a las personas. Al menos el profesional que va a diseñar una construcción tendría que preguntarle al quiosquero de la esquina para saber si la zona se inunda. Eso sería un acto de sentido común. Obviamente que además se deberían hacer estudios.

 -A la hora de editar libros, ¿sucede lo mismo?

-La circulación de los libros también depende de ciertas circunstancias. Cuando se trata un tema histórico, como puede ser, por ejemplo, la conciencia ambiental que tenía Bolívar, no suele haber inconvenientes. Distinta es la situación si en una publicación se tocan intereses concretos. Es más fácil hacer ambientalismo abstracto que concreto.

 -A lo largo de la historia argentina, ¿hay rastros de cuidado ambiental?

-Las ordenanzas de población de los reyes de España (durante la época de Carlos V y Felipe II) planteaban normas ambientales en las ciudades. Los establecimientos contaminantes tenían que estar aguas abajo para arrojar los residuos a los ríos en una zona que no afectaran a la provisión de agua de la población. Mucho de eso se dejó de hacer. Hace cuatrocientos años teníamos normas ambientales que, en algunos aspectos, eran mejores que las actuales.

 -El cuidado del agua, ¿es una de las prioridades?  

-Los seres humanos estamos constituidos en un 70 por ciento por agua. Por ejemplo, usted y yo somos agua del Río de la Plata, desde los pies hasta el cuello, por decirlo de alguna manera. Si se daña esa fuente de provisión de agua, se afecta también la vida de las personas. Por eso es que nadie hace análisis regulares de la calidad del agua de consumo. En la ciudad de Buenos Aires, se encontrarían con que no todos los días del año el agua de red es potable.

 -¿Lo observa también a nivel nacional?

-En gran parte de la zona central del territorio argentino se utiliza agua subterránea con arsénico. En La Pampa, San Luis y oeste de la provincia de Buenos Aires se han hecho grandes esfuerzos por dibujar los datos. Lo interesante es que en esos lugares no se encuentran personas que hagan análisis del arsénico u hospitales que consideren la causa como una enfermedad. Se responde al problema con silencio. Hay temas de los que no hay que hablar.

 

-¿Dentro del ámbito científico también hay obstáculos?

-Hay de todo. Por supuesto que en las universidades que están financiadas por las mineras hay una tendencia a decir que la gran minería es maravillosa. Hay, no obstante, colegas que son muy críticos. Un sistema científico no puede funcionar con secretos.

 -En las últimas décadas creció la cantidad de proyectos mineros, se impulsó la producción sojera a gran escala y en los últimos años se empezó a explotar hidrocarburos no convencionales. ¿Qué implica para la sociedad?

-Ha habido una decisión de no mover mucho esos temas. Los sectores políticos que sacan a luz esas temáticas son los que tienen menos chances de gobernar. Por ejemplo, en la soja, que es la que afecta directamente a más población, no hay una norma estricta que plantee las distancias de fumigación que deben existir entre los cultivos y las zonas pobladas. Ha habido una enorme resistencia en las provincias a no hacerlo para fumigar justamente hasta el borde de las escuelas. No hay en ninguna parte del país estudios rigurosos y continuados de residuos de agroquímicos en agua de bebida. Si la población bebe el agua que está debajo de un campo fumigado, alguna vez van a llegar los tóxicos a la gente. Las personas que hoy llegan en aluvión a las grandes ciudades argentinas no son solo de Perú o Paraguay, sino que también son quienes vivían en pequeñas áreas rurales donde por la producción sojera fueron desalojados. Una de las características del modelo sojero es que genera una desocupación masiva, ya que los trabajadores locales son reemplazados por el servicio de maquinarias de los pool de siembra. Por lo tanto hay muchos pueblos fantasmas, ya no solo por la pérdida del ferrocarril sino también por la soja. Se habla mucho de los ricos de la soja, pero poco de los pobres de la soja.

 -¿Y en cuanto a la actividad minera?

-Uno de los problemas críticos en la minería es que cuando se hace el estudio o control del impacto ambiental no se tiene en cuenta el aspecto regional. Hay, además, una cuestión que preocupa: los sistemas de protección que diseñan los ingenieros están preparados para resolver pequeños problemas. Para resolver los grandes problemas se requiere de mucha plata, y entonces no lo hacen. Se habla, por lo tanto, de que la probabilidad de ocurrencia de un desastre es muy baja, y ya está. Como en la explotación minera hay muchos residuos, la ley autoriza a que no sean tratados y, en su lugar, sean acumulados en inmensos lagos de barros tóxicos, denominados diques de cola. Los diques de cola son controlados mientras las empresas están explotando el recurso, pero cuando se van a sus países de origen los cierran o toman alguna mínima prevención, en zonas que suelen ser sísmicas. En cualquier momento puede llegar a haber un terremoto que rompa el dique de cola y provoque un aluvión de tóxicos aguas abajo.

No se estudia en el país qué hay aguas abajo. Solo se mira si el yacimiento minero es rentable y si la empresa va a hacer una buena gestión del dique de cola. El problema es cuando se van las empresas. Pueden pasar miles de años y la zona va a seguir siendo peligrosa.

Además, hay que tener en cuenta el consumo de agua. Por ejemplo, desde la provincia de Salta se bombea agua, de origen subterránea, que es vendida a las mineras de Chile. Nadie ha hecho la cuenta si esa cantidad de agua se está reponiendo naturalmente al mismo ritmo que es vendida. Esa situación puede terminar en que en algún momento empiece a faltar agua en Salta.

 -¿Por qué hay temas que no salen a la luz? ¿Existe una convivencia entre el poder político y el empresarial?

-Alguien paga las campañas electorales. La política es la actividad más cara que hay. Instalar un candidato, hacer ganar internas, convencer a personas para que militen y hasta realizar el pago a periodistas para que hagan notas simpáticas y agradables, cuesta dinero. Hasta ahora, los políticos no han querido tocar grandes sectores económicos.

Hace diez años que Gustavo Beliz era ministro del Gobierno de Néstor Kirchner y realizó una denuncia sobre irregularidades en la SIDE. A Beliz lo amenazaron y se tuvo que ir del país. En más de una década no hubo ningún sector político que cuestionara el manejo de la SIDE. Por qué ningún político cuestiona el modo de espionaje interno, acción que es incompatible con la democracia. Los políticos sueñan con tener el sistema de espionaje a su favor cuando gobiernen.

 -¿Qué problemáticas ambientales observa en la Patagonia?

-Después de un par de siglos de manejo irresponsable de la meseta patagónica, los procesos erosivos se siguen acentuando. Hace décadas que se viene planteando el reemplazo de los rodeos de ovejas por los rodeos de guanacos. Hay cientos de estudios científicos que dan cuenta de las ventajas de realizar una ganadería con una especie adaptada al lugar y cuya lana tiene mucha mejor cotización internacional que la de oveja. Hay, sin embargo, una práctica tradicionalista, conservadora y rígida que impide que se produzcan cambios. Lo que hay que hacer es revisar el modelo productivo patagónico. El actual no da para más. Si no se tratan las causas, no tiene sentido atender cualquier consecuencia menor.