A 38 años del 24 de marzo de 1976, fecha en que a través de un golpe de estado se instauró la última dictadura militar en la Argentina, se recordó ayer en Rawson al igual que en el resto del país, a las víctimas y desaparecidos de esa trágica página de la historia Argentina.
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En primer lugar se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino, para luego depositar ofrendas florales en las placas recordatorias de los hermanos Juan y José Cugura y de Myrddin Evans.

La ceremonia contó con la presencia del ministro de Ambiente José María Musmeci, la secretaria de Derechos Humanos, Silvia Asaro, el Fiscal Anticorrupción, doctor Manuel Cimadevilla, el diputado provincial del FPV Anselmo Montes, el Secretario de Cultura de la Municipalidad de Rawson, Eduardo Gaudiano, la presidenta del Concejo Deliberante, Gisel Genoff, los concejales Juan José López y Marcos Tarumán, la secretaria de Familia, Lorena Marín, funcionarios municipales, familiares de Juan y José Cugura y Myrddin Evans, militantes de la Agrupación Evita Capitana y público en general.

“El dolor sigue siendo el mismo”
María Rosa Evans, hija de Myrddin Evans, asesinado el 25 de marzo de 1976, fue la primera en hacer uso de la palabra. Comenzó diciendo emocionada que “pasaron tantos años y el dolor sigue siendo el mismo. No hay forma de que este dolor salga de adentro”.
Posteriormente, leyó un texto del poeta salteño Carlos Juarez Aldazábal titulado “Porque también somos”.
Por su parte, Mario Cugura expresó que “la implantación del terror, la muerte, la tortura, la apropiación sistemática de niños, la aniquilación de un pueblo organizado, tenía por objeto instaurar un modelo económico que beneficiase a los grandes poderes concentrados. Orquestado por los mismos poderosos de siempre, quisieron imponer un modelo neoliberal que sólo logró sumergir a gran parte del pueblo argentino en la más absoluta miseria”. Y honró a las Madres, a las Abuelas y a los Hijos afirmando que gracias a ellas hoy podemos hablar de Memoria, Verdad y Justicia, “se lo debemos a la lucha incansable de los organismos de derechos humanos, que nunca bajaron los brazos en su reclamo de Justicia. Pero también gran parte se lo debemos al compañero Néstor Kirchner, quien tuvo la voluntad política para que todos los culpables del genocidio paguen por el terrible daño que le hicieron a nuestra patria. Demostrando que no mentía cuando nos dijo que no pensaba dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada”. También mencionó los avances en derechos humanos, enumerando que “hoy podemos decir que hay más de 500 genocidas condenados. Que ya son 110 los nietos restituidos por las Abuelas, de los cuales una es mi prima. Que se desarrollan juicios orales y públicos en todo el país, incluyendo nuestra provincia donde tuvimos justicia por la cobarde Masacre de Trelew. El proyecto nacional y popular iniciado hace más de una década por Néstor y continuado por Cristina, significó mucho para todos los argentinos. Significo volver a creer en la política como herramienta de cambio y en la organización colectiva como motor para forjar el destino de todo el pueblo argentino. Y esto se trasluce en hechos concretos que ponen bien en alto las banderas y los ideales de los 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos”.

El Día de la Memoria
Finalmente, el Secretario de Cultura Eduardo Gaudiano recordó los antecedentes que llevaron a la sanción de “la Ley 25.633 creando el Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia en el año 2001 y la instauración como día no laborable durante el gobierno de Néstor Kirchner en el 2005, iniciativa que contó con el apoyo de organizaciones de derechos humanos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo”, reconociendo en ese sentido a todas las organizaciones que lucharon en todo el país y desde el exterior para que se instale en la agenda política el tema de los derechos humanos”.
Se refirió a la dictadura como un “plan ideado y orquestado desde adentro y desde afuera para que en toda América Latina hubiera gobiernos dictatoriales para reprimir e impedir que se produjeran procesos tendientes a mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de esos países, e incluidos en una Patria Grande como querían San Martín y Bolívar”.
Gaudiano añadió que “casi el 80 por ciento de las víctimas tenían entre 14 y 24 años, con un enorme compromiso con la patria y con el pueblo, con la independencia nacional y con la justicia social. Más allá de estas miles y miles de víctimas, fue la comunidad toda la principal destinataria del terror generalizado y por eso hoy cuesta salir a participar, organizarnos, intervenir en las asociaciones intermedias”.
“Las evocaciones de vecinos como Myrddin Evans, asesinado de manera violenta por las fuerzas militares el 25 de marzo del 76 y de los hermanos Cugura, en nuestra plaza como hecho, también nos hacen recordar todos los días lo que sucedió. No podemos pensar en una memoria estática, en blanco y negro, debemos seguir fortaleciendo un relato sobre lo que pasó, sobre cómo funcionó la represión, sobre los cientos de centros clandestinos de represión, tortura y exterminio, sobre la sustracción de bebés, para tener presentes esos hechos, denunciar los delitos y para que se sepa qué hizo el horror con todos los ciudadanos detenidos y desaparecidos”.
Abogó finalmente para que se valore “la recuperación de la democracia, estar juntos para profundizarla. Los enemigos son los mismos de siempre, nunca se van, pero cuando el pueblo es más fuerte, no pueden hacer más que retroceder. En estos tiempo ya no debemos permitir que ningún monopolio de la palabra, de las decisiones, del dinero, sea aquí en nuestra ciudad, o en nuestro país, decida sobre el protagonismo popular. Ya no se puede negar la decisión soberana del pueblo a través de su participación, ni bajar gobierno, ni intentar gobernar con la mentira. Por todo eso es que debemos tener memoria. Con memoria, con verdad y con justicia, estaremos seguros que nada de esto volverá a suceder”.

“Porque también somos”

Porque también somos lo que hemos perdido llevamos la memoria entera, de cara al futuro. Caminamos por las calles de la historia con el orgullo de los sobrevivientes que abofetearon al odio y a la intolerancia. Con el orgullo de los desaparecidos que no pudieron ser borrados de historia, porque todavía resuenan sus ecos en las voces de nuestra identidad. Porque somos los fantasmas con vida que insisten para que la justicia vuelva. Somos Antígona, llorando por los cuerpos insepultos.
Porque también somos lo que hemos perdido soñamos el reencuentro y el abrazo negado. Cantamos cada día que comienza y temblamos por las noches, porque sin el sol la memoria asusta, pero sin memoria se apaga la esperanza, y sin esperanza no podrían nacer nuevos comienzos.
Somos la esperanza de un país imposible en un mundo imposible.
Y eso nos hacer creer en la justicia, el único remedio que exigimos para cantar más fuerte, de cara al sol. Con todas las voces perdidas que también somos.
Si, somos lo que hemos perdido.
Y nuestros muertos hablan en nosotros.