Por Ignacio Zuleta

El producto de colección más cotizado en estas horas es la foto del beso del hombre araña. Es el que se dieron Marcos Peña con Emiliano Yacobitti, el presidente de la UCR Capital, que desafía a Cambiemos con la lista que encabeza Martín Lousteau. ¿Se están empezando a conocer, o quisieron mandar un mensaje al centenar de asistentes a la cena de recaudación de fondos para la candidatura a senador por La Rioja, del ex ministro Julio Martínez?
La imagen la pudo registrar cualquier servicio que cumpla funciones en el comedor del Círculo de Oficiales de la Fuerza Aérea, de la avenida Córdoba. Fue el martes pasado y para estar ante ese sketch de campaña, el menos esperado en esta campaña, cada asistente pagó $ 5.000. Ocurrió cuando Peña llegó al lugar junto a Martínez y los esperaba Yacobitti como novio en el atrio.
En las mesas convivieron radicales de los diferentes sectores del partido, los PRO-Cambiemos como Ernesto Sanz, y los UCR-anti PRO como Rafael Pascual y una porción de la etnia de los Storani (Carmen, María Luisa, Conrado). No suelen frecuentarse, porque están jugando distinto tanto hacia adentro, con la elección de la nueva conducción del partido, como hacia afuera, por sus diferencias acerca de la relación con el macrismo.
“La posibilidad de que un radical sea gobernador de La Rioja hace superar cualquier diferencia interna”, explicó Sanz, quien como Pascual cree que además Peña y Yacobitti son profesionales que se conocen y están por encima de las chicanas. No hay muchas pruebas, pero -como decía Cantinflas- eso lo arreglan como caballeros, o como lo que son.

El juego de las sillas en el bloque radical

En esa cena del martes, Peña dio un discurso en el cual eludió las inquinas porteñas con los radicales PRO-Lousteau. Hizo un canto a la bonanza de la gestión macrista, que éstos creyeron exagerada, aunque comprensible porque se trata de seducir al electorado con expresiones hiperbólicas.
Al salir, uno de los asistentes se reía de la situación: “Había unos mendigos que se nos acercaron y en lugar de pedirnos plata, nos la ofrecían”.
Este filo de las relaciones con los radicales porteños tiene matices que merecen explicación, aunque nadie las da. Por ejemplo, la violencia con la cual la UCR de Yacobitti firmó la desafiliación de Facundo Suárez Lastra y una treintena de PRO-radicales, por estar en las listas del macrismo puro de la Capital. Se los despidió a reglamento y sin los reproches a la dignidad que le hicieron hace tiempo a Leopoldo Moreau, expulsado por el Comité Nacional.
En este juego de espejos hay que anotar el anuncio de Suárez Lastra, que dijo que si es elegido diputado nacional se incorporará al bloque de la UCR, partido que lo ha desafiliado. Lousteau, en cambio, que encabeza la lista de la UCR porteña, ya avisó que no irá a ese bloque y que armará bancada propia con -si entra- su segunda, Carla Carrizo, que va por la reelección.

Lousteau: “La calle te engaña”

“Si me hubieran dado las PASO tendría sentido que fuese al bloque UCR”, me decía ayer Lousteau. “Cuando fui elegido en 2013 por UNEN ya hicimos un bloque propio; cuando me fui de embajador, Carla se sumó a la UCR, pero ahora seguiremos solos de nuevo”, explicó. Adelantó que eso no implica que pasará a la oposición frontal. Por el contrario, quizás animado por el beso del hombre araña, avisa que analizará cada proyecto de ley y que no deberá extrañar a nadie que apoye algunos que Cambiemos lleva adelante.
La señal más clara me la dio cuando opinó sobre el nuevo presupuesto que envió el gobierno al Congreso. “No hay muchos detalles, pero las proyecciones son coherentes, serias, bien hechas, no como antes cuando los proyectos de presupuestos estaban inflados o con proyecciones tramposas. Hay una diferencia, a favor del Gobierno”.
De otras iniciativas prefirió no decir nada, porque las señales son incompletas, por ejemplo en cuanto a la reforma fiscal. Criticó la demora en poner objetivos cumplibles: “En la Argentina los gobiernos te matan a impuestos y con un tipo de cambio apreciado que hace inviable todo. Tampoco hay claridad sobre objetivos hacia adelante, para terminar con el tema de las tarifas subsidiadas o el sistema previsional”.
Cree en las encuestas, que le ponen un piso a su descenso en intención de votos, pero admite con melancolía que en las caminatas hay mucho cholulismo, con gente que se quiere sacar la foto pero después no sabés si te vota. “La calle te engaña en la ‘cuali’ y en la ‘cuanti’ porque en las PASO me votó uno de cada ocho electores, y en calle me besan más de uno sobre ocho, con lo cual nunca sabés quién te va a votar”.

De cómo La Rioja perdió la coparticipación

Con tanto riojano junto, en esa cena completamos la historia de cómo perdió La Rioja su tajada en el reparto de impuestos en la ley de coparticipación. La negociación con la Nación y las demás provincias la encabezó el entonces ministro de Hacienda de Menem, Pablo Aguilera, que le dejó el peinado fino a sus técnicos y se volvió a La Rioja. Cuando llegó la hora de firmar el pacto en el que se basó el reparto, Menem estaba con los demás gobernadores en el hotel Presidente, acompañado de su ministro de Gobierno, el legendario Jorge Yoma. Se les acercó el subsecretario de Hacienda Hugo Chacón, y les advirtió que perdían un punto de coparticipación, por un error de cálculo.
Menem y Yoma pidieron una reunión con Enrique Nosiglia, ministro del Interior de Raúl Alfonsín. Con él acordaron una compensación de $ 90 millones que saldría de los famosos ATN. Estampó su firma en ese pacto también Antonio Cafiero, jefe de la liga de gobernadores peronistas. Lo respetó Menem en sus dos presidencias, y Fernando de la Rúa lo incluyó después en el Presupuesto, en donde figuró todos los años hasta ahora, cuando Dujovne lo borró y ahora lo manda a debate en el Congreso.

Del trilema de Jesús a los desafíos de Sanz

Sanz reapareció horas más tarde en un foro-santuario de sus correligionarios, el Instituto Mosconi, think tank en materia energética, que conduce Jorge Lapeña, un radical indiscutible que es crítico de la agenda Aranguren, y que ha dicho que “la Argentina ha hecho de Vaca Muerta una utopía no fundada, y subsidia a las petroleras pero no transparenta que lo hace”.
Los mendocinos saben de tres cosas: de agua, de vino y de petróleo; así Sanz es escuchado por sus correligionarios con unción. La posición del ex senador es ortodoxa: tanto que cuando se discutió en el Congreso la expropiación de las acciones de Repsol en YPF, el mocionó por la expropiación del 100% de la compañía. En su intervención ante los invitados de Lapeña, Sanz exaltó el rol del radicalismo dentro de Cambiemos y entonó un rap tan optimista como el que le había escuchado a Peña horas antes en la cena del Círculo de la Fuerza Aérea.
La diferencia es que le puso una espesura argumental que el jefe de Gabinete no tiene. Son dos escuelas: la de Peña es la pos sociología de mercado; la de Sanz tiene la densidad del derecho. Su descripción de la situación echó mano del Trilema de Jesús, un ingenioso argumento de uno de los principales estrategas del Partido del Ballotage que hizo presidente a Macri.
Lo formuló Jesús Rodríguez en un documento interno del partido, en el que adapta a la Argentina a un esquema que desarrolló el economista turco Dani Rodrik en el libro “La Paradoja de la Globalización”. Según éste, el dilema del mundo de hoy es afrontar al mismo tiempo tres problemas: la globalización, la democracia y los derechos humanos. El triple dilema -o Trilema- de Cambiemos es lograr, al mismo tiempo, superar la crisis económica heredada, gobernar en minoría y ganar las elecciones de medio término.
Sanz proclamó ante los energéticos del Mosconi que eso ya no es un trilema, sino un desafío que se cumplió, porque los indicadores se mueven hacia arriba. La señal de las PASO, dijo, es que Cambiemos podrá superar el 22 de octubre la suma de todos los peronismos en el orden nacional, y la agenda legislativa demostró que el oficialismo tiene tecnología siendo minoría en las dos cámaras.

Fuente: Notiar