Con descarnada prosa describe Galeano: “Los conquistadores exigían que América fuera lo que no era. No veían lo que veían, sino lo que querían ver: la fuente de la juventud, la ciudad del oro, el reino de las esmeraldas, el país de la canela. Y retrataron a los americanos tal como antes habían imaginado a los paganos de Oriente.
Cristóbal Colón vio en las costas de Cuba sirenas con caras de hombre y plumas de gallo, y supo que no lejos de allí los hombres y las mujeres tenían rabos. En la Guayana, según sir Walter Raleigh, había gente con los ojos en los hombros y la boca en el pecho.
En Venezuela, según fray Pedro Simón, había indios de orejas tan grandes que las arrastraban por los suelos.
En el río Amazonas, según Cristóbal de Acuña, los nativos tenían los pies al revés, con los talones adelante y los dedos atrás, y según Pedro Martín de Anglería las mujeres se mutilaban un seno para el mejor disparo de sus flechas. Anglería, que escribió la primera historia de América pero nunca estuvo allí, afirmó también que en el Nuevo Mundo había gente con rabos, como había contado Colón, y sus rabos eran tan largos que sólo podían sentarse en asientos con agujeros.
El Código Negro prohibía la tortura de los esclavos en las colonias francesas. Pero no era por torturar, sino por educar, que los amos azotaban a sus negros y cuando huían les cortaban los tendones.
Eran conmovedoras las leyes de Indias, que protegían a los indios en las colonias españolas. Pero más conmovedoras eran la picota y la horca clavadas en el centro de cada Plaza Mayor.
Muy convincente resultaba la lectura del Requerimiento, que en vísperas del asalto a cada aldea explicaba a los indios que Dios había venido al mundo y que había dejado en su lugar a San Pedro y que San Pedro tenía por sucesor al Santo Padre y que el Santo Padre había hecho merced a la reina de Castilla de toda esta tierra y que por eso debían irse de aquí o pagar tributo en oro y que en caso de negativa o demora se les haría la guerra y ellos serían convertidos en esclavos y también sus mujeres y sus hijos”.
Esta semana, comunidades y organizaciones de pueblos originarios conmemoraron “el último día de libertad” a 524 años de la llegada de Cristóbal Colón al continente americano, en la víspera del Día del Respeto a la Diversidad Cultural. “Venimos sosteniendo esta fecha histórica como reclamos a las demandas, sosteniendo los derechos de nuestros pueblos indígenas y demandando la participación indígena en todos los órdenes del Estado”, destacó Eliseo Alvarez Prado, de la Comunidad kolla los Airampos. Las actividades comenzaron el pasado lunes con ceremonias en diferentes lugares del país, para luego dar paso al “día de reflexión”, con canto y música, exposición de oradores que hablaron sobre la situación actual de los pueblos originarios en Argentina, y la lectura de un documento en el que se remarcó que “el genocidio y etnocidio de más de 120 millones de indígenas es un ‘Crimen de Lesa Humanidad’”.
A la par, la mayoría de los ciudadanos continuaron con sus tareas y planes para un fin de semana largo que poco y nada se asocia con aquel sometimiento continental que arrastramos aún en nuestra economía, blindados de paciente aceptación.

Los ciclos del aguante

El cambio que la gente va acompañando y que todo indica volverá a acompañar el próximo 22 en gran parte del país, no tiene tiempos previstos, ni tampoco resultados. Sin embargo hay una resignación casi entusiasta que se aferra a la idea de no volver para atrás, aunque no se tenga claro que hay adelante.
Dentro de las empresas, la discusión sobre las variables macroeconómicas ya no tiene el tono drástico de 2016, afirma Hernán Goñi desde el Cronista. La mayor parte de los hombres de negocios aprendió a administrar su ansiedad, saben que el rumbo está definido con bastante claridad y que el gradualismo exige paciencia.
Por su parte, el economista y director del Programa Argentina 2030, Eduardo Levy Yeyati, sostuvo que en las Primarias de agosto la mayoría de la gente “votó por un cambio que no tiene el tiempo ni la precisión para evaluar” y, en ese sentido, consideró que “los argentinos están teniendo más paciencia” de la que imaginaron.
En una entrevista brindada al diario español El País, el también profesor de la Universidad Di Tella sostuvo que “la población está teniendo más paciencia que la que todos imaginábamos. En agosto (en las primarias) la gente votó por un cambio que no tiene el tiempo ni la precisión como para evaluar, pero entiende que no quiere volver atrás y le está dando un poco más de tiempo al Gobierno. Y si hay algo que Argentina necesita para desarrollarse es tiempo”.
A su vez, sostuvo que en un país como Argentina “con el nivel de pobreza, desigualdad, vulnerabilidad social que tenés, no podés darte el lujo de ir demasiado rápido y dejar mucha gente afuera”.
Consultado acerca de por qué es difícil cambiar el país, el economista evaluó que “hay cuestiones culturales detrás”. “Los votantes reclaman satisfacción inmediata. Entonces, tenés líderes más cortoplacistas con muchas medidas que son pan para hoy y hambre para mañana y de ahí que surgen estos ciclos de crecimiento efímero y pasos para atrás”, agregó.
Además, pronosticó que en 2017 la economía crecerá tras un año en el que se debió “ajustar” producto de que en 2015, durante el último gobierno kirchnerista, se creció a“ a fuerza de profundizar desequilibrios, subir el déficit fiscal, apreciar la moneda, controles de todo tipo, cambiarios y financieros”.
En esa línea, afirmó que existen “herencias negativas que nos va a costar resolver, como el deterioro de nuestro sistema educativo. Espero que los argentinos y los políticos tengamos la paciencia para esperarlo. Hay una extrema polarización ideológica. Necesitamos consensos que hoy en Argentina todavía no tenemos”.
Por último, al referirse al déficit que aún mantiene el gobierno de Macri Levy Yeyati precisó que si se enfocaban en reducirlo “básicamente era dejar gente afuera”.
“Uno no se tiene que preguntar quién prefiere que se queje: los economistas ortodoxos que quieren resolver todo de la noche a la mañana como si estuviéramos en medio de una crisis o una guerra, o la gente más vulnerable, que ha perdido el trabajo, que tiene problemas para llegar a fin de mes. Yo prefiero que se quejen los ortodoxos”, concluyó.

Y no lo vemos

Recordó Eduardo Galeano en su Memoria del Fuego: “El 12 de octubre de 1492, América descubrió el capitalismo. Cristóbal Colón, financiado por los reyes de España y los banqueros de Génova, trajo la novedad a las islas del mar Caribe. En su diario del Descubrimiento, el almirante escribió 139 veces la palabra oro y 51 veces la palabra Dios o Nuestro Señor. Él no podía cansar los ojos de ver tanta lindeza en aquellas playas, y el 27 de noviembre profetizó: Tendrá toda la cristiandad negocio en ellas. Y en eso no se equivocó. Colón creyó que Haití era Japón y que Cuba era China, y creyó que los habitantes de China y Japón eran indios de la India; pero en eso no se equivocó.
Al cabo de cinco siglos de negocio de toda la cristiandad, ha sido aniquilada una tercera parte de las selvas americanas, está yerma mucha tierra que fue fértil y más de la mitad de la población come salteado. Los indios, víctimas del más gigantesco despojo de la historia universal, siguen sufriendo la usurpación de los últimos restos de sus tierras, y siguen condenados a la negación de su identidad diferente. Se les sigue prohibiendo vivir a su modo y manera, se les sigue negando el derecho de ser. Al principio, el saqueo y el otrocidio fueron ejecutados en nombre del Dios de los cielos. Ahora se cumplen en nombre del dios del Progreso. Sin embargo, en esa identidad prohibida y despreciada fulguran todavía algunas claves de otra América posible. América, ciega de racismo, no las ve”.

Fuentes: “Memoria del Fuego”, NA, Cronista, IP.