Más preocupados por retener el poder en sus provincias después de 2019 que por apostar a que un peronista suceda a Mauricio Macri, varios gobernadores del PJ consumaron en los últimos meses la ruptura con sus antecesores y mentores políticos. Con matices, pero empujados por sus planes de reelección, los caciques provinciales consumaron el parricidio político de sus padres de la política. Así lo expone la mirada de La Nación y no le erra en casi nada. Por h o por i la mayoría de los pejotistas han ido virando hasta saltar el charco, o ubicarse en posiciones más cercanas y afines a la alianza gobernante Cambiemos, en evidentes señales de adaptación política y proyección propia. Otros, en definitiva han priorizado la tranquilidad personal que ofrecen las mieles de avenirse a oficialistas y porqué no han agarrado la soga para lastrar las cajas perforadas.

San Juan, el caso emblema

El caso más claro es el del sanjuanino Sergio Uñac. Su relación con José Luis Gioja estuvo siempre rodeada de un halo “de familia”, con origen en la amistad que durante años unió a su padre, Joaquín, con el exgobernador y hoy diputado. Intendente de Pocito entre 2003 y 2011, Uñac hijo saltó a la política grande de San Juan justamente como vicegobernador de Gioja.
La distancia entre ambos empezó a gestarse al poco tiempo de que Uñac asumió la gobernación, pero se cristalizó después de las elecciones legislativas del año pasado. Además de ubicar a su hermano Rubén en el Senado, Uñac ganó cómodo en su provincia y escaló posiciones no solo entre el resto de los gobernadores peronistas, sino también en la consideración de Macri, que lo sumó al selecto grupo de sus “preferidos”. El romance duró poco. El voto en contra de la reforma previsional de los diputados sanjuaninos y la “desaparición” posterior de Uñac enfureció al Presidente.
Más allá de las divisiones dentro del PJ, en San Juan todos coinciden en que Uñac avaló el rechazo a la reforma previsional para despegarse del Gobierno. “Fue una señal clara hacia el peronismo, un gesto para los que le pedían que dejara de pintarse de amarillo”, interpretó un conocedor de la política provincial.
Cerca de Gioja aseguran que los diputados se encolumnaron detrás del exgobernador y que Uñac avaló ese escenario porque se ajustaba a su necesidad de tomar distancia de Macri. Aunque no le sirvió para diferenciarse de Gioja, quien también votó en contra del recorte a las jubilaciones, el movimiento mostró a Uñac decidido a posicionarse a nivel nacional. Jura que no tiene intenciones presidenciales y que su prioridad es San Juan, incluso después de 2019. Por ahora.

Movimientos en Tucumán

En Tucumán, la disputa entre Juan Manzur y su antecesor y padrino José Alperovich es antigua, pero se acentuó en los últimos meses. Los movimientos de ambos, respecto del último capítulo del año legislativo nacional y del futuro de la provincia, auguran un nuevo capítulo de una vieja pelea.
Aunque actuaron en tándem para frenar la suba del impuesto a las bebidas con azúcar, el camino hacia 2019 los encuentra ya enfrentados. Manzur se mueve por ahora sin apuro. No habla de reelección, pero en Tucumán nadie duda de que buscará otro mandato junto con su actual vice, Osvaldo Jaldo, que está peleado a muerte con Alperovich.
Alperovich, en cambio, ya actúa como candidato. A las actividades proselitistas casi todos los fines de semana suma la ascendencia que aún tiene sobre el PJ local y reuniones con peronistas. Daniel Scioli, Sergio Massa y Jorge Capitanich fueron los últimos en fotografiarse en su despacho del Senado.

En Chaco, a los hachazos

El vínculo entre el chaqueño Domingo Peppo y Capitanich es tenso desde el primer día. Se profundizó en las legislativas, cuando la división entre el oficialismo local y el kirchnerismo encarnado por el ex jefe de Gabinete fueron la llave del triunfo de Cambiemos.
Hace pocos días, por primera vez después de dos años de gestión, Peppo culpó a Capitanich por la “herencia recibida”. “En 2015 me hice cargo de una provincia que no tenía para pagar el aguinaldo y que tenía asignado el 100% de sus ingresos al pago de salarios”, se despachó el gobernador. “Todos se oponen a los acuerdos con la Nación, y rápidamente te llaman traidor y entregador, pero cuando la provincia consigue la plata, todos agarran, nadie se queja”, arremetió. Le hablaba, sobre todo, a Capitanich.

Chubut parecido, pero diferente

El caso de Mariano Arcioni en Chubut es sensiblemente distinto. A cargo de la gobernación provincial desde noviembre último por la muerte de Mario Das Neves, su distanciamiento del entorno de su mentor, todavía muy incipiente, responde a la necesidad. Pero que se está dando, se está dando. Tanto que en puerta asoma una especie de renuncia en masa de los principales ministros y a la vez se acentúa la retranca legislativa que, aunque bien actuada por la oposición, evidencia una obrita con libreto demasiado elaborado con eje en acotar su creencia de poder, y que destila sospechas de provenir de sus propios que de ajenos.
Para colmo, Chubut tiene un déficit mensual de $700 millones y acumula vencimientos de deuda por US$1060 millones hasta 2026. A ese panorama financiero complejo se le suma la caída de ingresos por la baja de las regalías petroleras y la crisis del sector textil, archiconocida de tanto recitarla mediáticamente. “El acercamiento a la Casa Rosada no es casual. No le queda otra”, razonan cerca del gobernador simplificando el dilema. Tampoco es casual, añaden, que Macri haya elegido mostrarse con Arcioni en su primera aparición pública del año, aunque no le prometió nada concreto.
“Escribano de profesión -Lázaro Báez fue uno de sus clientes-, no tiene aparato propio. Llegó a la política de la mano de Das Neves, que lo convocó para `oxigenar´ el PJ local. Su vínculo con el dasnevismo, cuyo poder está por ahora intacto aunque acéfalo tras la muerte de su líder, no es el mejor. La presión del entorno de Das Neves, sobre todo de sus hijos, para que asumiera como diputado nacional y dejara la gobernación en manos del actual presidente de la Legislatura, Adrián López, está latente”, dice el tabloide mitrista con alguna zona gris en relación a las alternativas sucesorias reales. Que todo esto se comience a evidencia en el escenario nacional expone la crisis política e institucional que sobrelleva el comodorense a quien ayer otra vez la sonrisa se le borró de su rostro, tras la sesión legislativa extraordinaria. Sin mayoría previsible en la cámara y con un camino sembrado de espinas políticas y reorganización opositora hasta 2019, no hay mucho margen para retozos. Para colmo, lo más mirado desde la zona donde atiende Dios, que era el Pacto Fiscal, no convenció por no haberse consensuado lo suficiente, y terminó postergado hasta marzo. Ni hablar del “Acuerdo Ciudadano”, un buscapié que ni siquiera llegó a la Legislatura. Así las cosas, Cambiemos mira de lejos pero relamiéndose. Va ganando territorios que no eran propios sin siquiera tener que llegar a las urnas. Y en el caso de los que considera que va doblegando por pura coyuntura, como Chubut, ya comenzaría a mapear recursos con vista a dos años. Entre tanto, las opciones políticas provinciales (que no quemaron las naves personales o no piensan en mudarse) siguen aletargadas ante el cálido verano de sequía de poder y caja, sin percatarse todo lo que costará repensar alguna resistencia federal en el corto plazo, tanto como volver a hacer alternativa política. Habrá que ver…

Fuentes: La Nación, propias