Por Alejandro Lodes

Estoy preparando el ritual para invocarte. Prendo unas velas rojas y recito “Nada somos y de la nada venimos, ilumínate y escucha esta silenciosa llamada, mientras nos convertimos en una sola flama obscura”. El fuego se agita, bailo con mi sombra y sigo pronunciando “Tu odio, tu falta de fe, ahora eres uno de nosotros”. Hice un corte, pedí un deseo y dejé que mi brazo derecho comience a sangrar.

Todos los años aparecías a visitarme, como un ángel guardián obscuro que me protegía y me besaba por las noches

Golpean la puerta y me emociono al verte. Estuve esperando tanto tiempo que no pude contenerme de saltar para abrazarte. Mi corazón comenzó a sentir la falta de sangre, pero estaba tan alegre que no me importaba. Me habías enseñado lo que era amar para luego desaparecer sin dejar siquiera una carta. Tuve que traerte de alguna manera para que me respondieras si había hecho algo para alejarte.

Con cada ida te llevabas una parte de mi corazón. Después de conocerte mi mayor miedo era soltarte y perderte; ahora eres tú, las estrellas y la muerte

“Mira lo que has hecho niña Abba. Me habías enamorado tan profundamente que no podría desearte si no fuera eternamente. Decidí no volver a verte pero fue solo para protegerte. Ahora estoy en una encrucijada y sabés que no voy a perderte.“ – Me dijo con sus ojos dilatados y luego comenzó a besar mi cuello. Me volví a sentir amada hasta que luego de un pequeño pinchazo una fuerte luz azul se hizo presente.

Nuestro amor egoísta nos estaba convirtiendo. Era el deseo de estar juntos sin que importaran las consecuencias

Una intervención divina tuvo que separarnos para evitar nuestro amor eterno y prohibido. El mismísimo Remiel había descendido para involucrarse, quien luego de sujetarme fuertemente del brazo sentenció “¡Ya no podrás pronunciar de nuevo su nombre, sucio esbirro!”. Solo fue necesario un golpe para separarnos, y utilizando una orbe nos transportó hacia el otro mundo, dejando atrás una gran explosión.

Me amaste, besaste, y dejaste tus marcas. Ahora debo volar lo más alto que pueda para alejarme de tu tentación

Sé que el dolor nos lastima de diferentes formas, pero rechacé un regalo divino al poner mi vida en juego, y no pueden permitir que me convierta. Mi casa se incendió y me dieron por muerta. Vos lleno de rencor, juraste no parar hasta encontrarme y declaraste una guerra. Me obligaron a renacer como Auriel olvidando mi pasado. Ahora soy un arma y dueña de la esperanza.

Puede ser muy difícil reinventarme, pero de a poco lo iré superando. Ya no quiero volver a llorar nunca más

Había salido victoriosa en miles de batallas pero ese ‘no muerto’ que amenazaba con destruir todo a su paso, me ponía los nervios de punta. Nuestros caminos se habían cruzado un par de veces, pero siempre lograba escapar de una u otra forma. Un ángel había vuelto completamente mutilado y con un cartel escrito “Soldado de poca monta, envíenla a ella, Remiel sabrá donde me podrá encontrar”. Y pronto tuve que partir a su encuentro.

Tengo esperanzas de ser yo misma cuando te encuentre. Ya no rezo por tu amor, lo dejaré claro al volver a verte

Estabas sentado en una vieja tumba y al verme te pusiste a balbucear cosas sin sentido, realmente querías que te diera el golpe final. Empuñé mi sable y, mientras tu cabeza rodaba, pronunciaste mi nombre mortal. Ahora recuerdo nuestro pasado y al ver mi tumba sé por qué iniciaste esta guerra. Pobre vampiro de corazón roto, ahora yacerás en ‘El Olvido’.

“Abba 1984-2017. Si el amor duele es porque es verdadero. Hallelujah”

Ver: Buscando tu nombre