Por Marcelo González (*)

¿Cómo explicar mis primeras 24 horas en Moscú? Tantas emociones, anécdotas, vivencias y sensaciones, que parece hubieran pasado 24 días.Créanme, esto es una verdadera locura mundial que sólo puede provocar el fútbol y la pasión que genera en todo el mundo. Aunque me cueste, intentaré transmitirles mis primeras vivencias aquí en la capital rusa.
Todo comenzó de manera casi inexplicable y para guardar en el cajón de los recuerdos, cuando en mi escala de una noche en Barcelona y camino al hotel me detuve un instante en la Casa Battlo, icono de la arquitectura de Gaudí.Allí, entre turistas y admiradores de tal obra arquitectónica me encontré a Manu Lanzini.Fue grande mi sorpresa.Como todos saben,había quedado desafectado de la Selección hacía días nada más.Me animé a solicitarle una foto,a la que accedió amablemente. La foto se convirtió en charla al decirle que viajo al Mundial y que soy de Puerto Madryn, por ser él muy amigo de Gabriel Mercado y compartir representante y dormitorio en la concentración.Nos despedimos entre deseos de pronta recuperación y mi sensación de gratitud por su amabilidad y simpatía, a pesar de su mal momento y su inminente operación, que sería al día siguiente.Todo terminó con una charla con Gaby Mercado, que asombrado me dijo: “¡¿Que hacía caminando, si mañana se opera?!” Cosas del destino.
La llegada a Moscú fue el miércoles por la tarde.Nos instalamos en el departamento, muy bien ubicado, a unas diez cuadras de la Plaza Roja, y partimos hacia el centro neurálgico de la ciudad:la plaza y sus alrededores.
Grandes avenidas, tránsito enloquecedor, edificios iluminados.Imponente ciudad, que asombra a cada paso. Miles de personas en las calles, provenientes de diferentes países, embanderadas, cantando por sus naciones, cruzando cánticos con los rusos que son mayoría, pero muy hospitalarios.
El clímax llegó cuando en los alrededores de la Catedral de San Basilio y a lo largo de unas 10 a 15 cuadras de la Calle Nicolayevlos hinchas de cada uno de los países asistentes hacían propias las calles para mostrar su cultura, sus banderas, su música, sus canciones de fútbol. Una mezcla increíble de árabes, europeos, rusos, latinos.Un crisol de nacionalidades alucinante, que comenzó a las 6 de la tarde y se extendió hasta bien entrada la madrugada.
Esta es mi quinta experiencia en una Copa del Mundo y puedo asegurar que, como sucede en cada una, la calle copada por argentinos era la más colorida, la más colorida, la que atraía asombrados a rusos y rusas que se sumaban a los festejos descontrolados y pasionales de los argentinos.Créanme: miraban como no entendiendo lo que sucedía, filmaban, fotografiaban y terminaban sumándose a la fiesta.
Un plus que tenemos y algo para destacar, aunque hoy ya nos debería asombrar, es la devoción y admiración de todo el planeta por un tal Leo Messi.Que nadie se atreva a comparar ni por un instante a Cristiano Ronaldo, ni a Neymar, ni a nadie con él.Una sola bandera, una sola camiseta con su figura genera que todos se acerquen a filmar y a sacarse una foto, sean del país que sean.Sus caras de admiración, la alegría que nos demuestran si tenemos su camiseta, la devoción mundial que genera es inexplicable.Nos llena de orgulloy demuestra que no hay Balón de Oro que diga lo contrario: para el mundo entero, Leo es el mejor, el número uno, el más admirado y respetado.El mundo del fútbol habla en Rusia y lo consagra por lejos como el mejor.Creo que cierto periodismo amarillista debería hacer un mea culpa y pedirle perdón.No quedan dudas: nos hace felices que nos quieran un poco más en el mundo gracias a Messi, para mí, sin dudas, el más grande futbolista de la historia.
Escribo estas líneas horas antes del partido inaugural.Allí estaremos, para contar cómo viven los rusos su mundial, con un equipo futbolísticamente menor pero con mucha pasión.Luego, presenciaremos el debut de Argentina, aquí en Moscú y ante Islandia.
Entonces, ya podré hablar más de fútbol y también de la cultura, la historia y los grandes monumentos y museos de Rusia.En este primer informe quise transmitirles esto que sólo el fútbol puede provocar: locura, pasión, nacionalismos, folklore, unir culturas y que musulmanes, cristianos, ortodoxos, católicos y demás puedan convivir durante 30 días sin pensar diferente. ¡Gracias, fútbol! Sólo vos lo podes lograr.
Hasta la próxima, que será muy pronto.

* Enviado Especial