Con prácticamente la mitad de diputados a favor de legalizar el aborto, y mitad en contra, y un debate maratoniano, la Cámara de los Diputados finalmente aprobó este jueves una ley histórica que busca despenalizar el aborto hasta el cumplimiento de la semana 14 de gestación, y que ahora pasa al Senado para eventual sanción definitiva.
Luego de una sesión maratónica de casi 23 horas, se procedió a la votación que arrojó 129 votos a favor, 125 en contra y una abstención.
Como en un “thriller” de suspenso, el “score” tuvo muchas oscilaciones a lo largo de la jornada, en función de cómo se iban revelando los votos de los indecisos, pero bien entrada la madrugada se había consolidado una ventaja a favor del “no” que parecía indescontable.
Fue luego de que cerca de las 4 de la madrugada uno de los indecisos, Facundo Garretón (PRO), quien había amagado con votar a favor, anunció que lo haría en contra.
El legislador tucumano fundamentó su voto negativo en el resultado de una encuesta online que él mismo había lanzado días atrás, y en la que, según precisó, se desprendió que “la gran mayoría de los tucumanos está en contra de la despenalización”.

Encendidas argumentaciones

La percepción de inminente derrota se hizo aún más palpable cuando se conoció que los diputados del Frente para la Victoria- PJ Inés Lotto y Gustavo Fernández Patri también le darían la espalda a la iniciativa, a contramano de la postura mayoritaria de su bloque.
Cuando el ánimo del sector favorable a la iniciativa estaba por el piso, y nada hacía presagiar un buen destino, llegó la remontada épica desde La Pampa: un tuit “salvador” de Sergio Ziliotto (Justicialista) informó que sus compañeros de ruta y coprovincianos Ariel Rauschenberger y Melina Delú, quienes iban a votar negativamente, cambiaron de postura.
A partir de allí la euforia se adueñó del Congreso y la ansiedad llegó a niveles exhorbitantes cuando comenzaron los discursos de cierre.
Con vehemencia, la macrista Silvia Lospennato, ferviente militante del proyecto de la Campaña Nacional por el Derecho Al Aborto Legal, Seguro y Gratuito invitó al pleno de la Cámara a “no mirar para el costado” acerca de las consecuencias de los abortos clandestinos.
Luego tomaron la palabra sus compañeros de ruta en Cambiemos Horacio Goicoechea (UCR) y Marcela Campagnoli (Coalición Cívica), ambos en contra de la iniciativa, pero el resultado ya estaba sentenciado.

Un debate que abrió grietas

Más allá de los argumentos conceptuales que de un lado y del otro se blandieron en el debate, la balanza se inclinó porque el feminismo logró interpelar generacionalmente a la sociedad, que en buena parte asumió al aborto como parte de una agenda de futuro, con base en los derechos de las mujeres y en las políticas de salud pública.
El hecho de que una abrumadora proporción de jóvenes acompañe el proyecto, y que este sector etario se haya visibilizado tan nítidamente en las manifestaciones a favor del aborto, contribuyó a instalar una suerte de parteaguas entre un pasado antiabortista, aferrado al statu quo, y un futuro que se definió como irreversible.
Una de las claves del triunfo fue haber conseguido apropiarse simbólicamente del valor de “futuro”, contra un sector que quedó pedaleando en el aire en base a una retórica percibida como arcaica por buena parte de la sociedad.
El propio diputado del FpV-PJ Daniel Filmus resumió esta idea con precisión cuando planteó en su discurso que lo que estaba en debate en el recinto no era “si en la Argentina va a haber interrupción involuntaria del embarazo” sino “cuándo va a ocurrir”.
Para el Gobierno de Mauricio Macri, que se había declarado prescindente en el debate priorizando la política de “no intervención”, la media sanción en la Cámara de Diputados es pura ganancia, ya que desvía la atención respecto de temas más urticantes que tienen que ver con la coyuntura económica.
Sin embargo, la grieta al interior de sus filas que significó el choque de planetas entre “verdes” y “celestes” dejó heridas que habrá que cicatrizar pronto de cara a los próximos desafíos de la agenda parlamentaria, que ya no seguirán una lógica transversal como en la discusión del aborto.
El clima de tensión dentro del oficialismo quedó estampado en la inquietante amenaza de Carrió al retirarse derrotada del recinto.
Mirando fijamente a Silvia Lospennato, rival de ocasión en la disputa por el aborto, explicó que no había tomado la palabra “para preservar la unidad de Cambiemos”, pero avisó que “es la última vez” que lo hará: “La próxima, rompo”.

Cristina cambió de postura y ahora se muestra a favor

El bloque de senadores del Frente para la Victoria-PJ que lidera la ex presidenta Cristina Kirchner confirmó que votará “en su totalidad” a favor del proyecto de legalización del aborto.
Horas después de que la Cámara de Diputados aprobara la iniciativa y la girara al Senado, la bancada kirchnerista anunció su postura a través de su cuenta oficial de Twitter.
“El bloque de senadoras y senadores del FPV-PJ informa que, en su totalidad, votará a favor de la media sanción de Diputados, atendiendo una demanda de la sociedad que se ha expresado masivamente a través de los Colectivos de Mujeres”, expresaron.
De esta manera, el kirchnerismo aportará los nueve votos que tiene en la Cámara alta al proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.
Además, el presidente del bloque FPV-PJ, Marcelo Fuentes, pedirá a sus pares de otras bancadas “una reunión para avanzar en el tratamiento” el proyecto aprobado por la Cámara de Diputados, según informó oficialmente el espacio kirchnerista.
La ex mandataria y actual senadora por Buenos Aires se había pronunciado en reiteradas oportunidades en contra del aborto legal e, incluso, evitó durante sus dos mandatos impulsar el debate parlamentario sobre el tema.
Lo cierto es que en el entorno de la ex presidenta, empezando por sus dos hijos, es casi unánime la postura a favor: en la Cámara de Diputados, la totalidad de los legisladores del núcleo duro kirchnerista acompañaron la despenalización.
Las últimas publicaciones de la ex mandataria con loas al movimiento feminista y a la marcha del 8M ya le habían dado impulso a la especulación sobre un cambio en su postura en contra, la que mantuvo invariablemente hasta el final de su Presidencia.