La aparición de José Manuel de la Sota como un nuevo aspirante peronista a la presidencia se da después de una serie de reuniones mantenidas por éste con la mayor parte de los gobernadores justicialistas. Éstos habrían en su mayoría llegado a la conclusión de que su candidato número uno, Juan Manuel Urtubey, dejará pasar el turno y no le disputará a Mauricio Macri el poder el año que viene. De La Sota vendría a funcionar entonces como un muleto del salteño. Con esta jugada, la liga de gobernadores intentaría frenar además la aspiración de Sergio Massa de presentarse en las presidenciales. La carrera presidencial sería a su vez el principal argumento del tigrense para contener la tendencia a la dispersión de sus huestes, entre las que figuran dirigentes que se muestran desde hace rato como aliados del cristinismo, como Felipe Solá y Facundo Moyano.

A lo San Martín

El blanqueo de las aspiraciones de De la Sota surgieron el lunes pasado. Con un video de casi dos minutos y medio que subió a las redes sociales, el ex gobernador de Córdoba José Manuel De la Sota mostró su intención de anotarse en la lista de presidenciales del justicialismo. “Hoy, nuestro país precisa otra vez de un ejercicio de coraje, un ejercicio de imaginación como el que fueron capaces de hacer nuestros próceres”, sostiene De la Sota en el clip con eje en el Día de la Independencia. “Es el momento de superar las diferencias que tenemos, de unir voluntades y sobretodo de recuperar la fe en nosotros mismos”, asegura el cordobés, al que se lo ve besando mujeres y niños en imágenes intercaladas con la bandera argentina flameando. Allí no avanza más, pero en su entorno aseguraron que se trataba de un virtual lanzamiento de candidatura. Supuestamente, busca mostrarse como un posible presidente de “transición”, de un solo mandato, con objetivo de hacer reformas en el país y luego dejar el lugar a otro. De la Sota ya exhibió en varias oportunidades su intención de llegar a la Casa Rosada, pero nunca con éxito. En 2003, Eduardo Duhalde prefirió apoyar a Néstor Kirchner porque el cordobés no subía en las encuestas pese a los esfuerzos. En 2015, perdió en la interna en el frente que armó con Sergio Massa. Ahora, De la Sota se suma a una grilla en la que también figuran, con mayor o menor énfasis, Agustín Rossi, Alberto Rodríguez Saá, Felipe Solá, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa.

No hay lugar para todos

De más está decir que el peronismo no K o racional sólo tiene posibilidades de llegar a un ballotage si se presenta unido. El paso al costado que en la práctica está dando Urtubey le daba esperanzas a Massa de convertirse en el único candidato no K pero De La Sota, a quien no le importaría demasiado perder las elecciones, está dispuesto a seguir adelante con o sin primaria con el primero.
El conjunto de los gobernadores del PJ empieza a sentir los efectos de una doble presión contrapuesta. Por un lado, el gobierno los conmina a acordar el ajuste fiscal a través de un presupuesto 2019 y por el otro, la dirigencia peronista los empuja a tomar rápida distancia de la Casa Rosada. En la reciente reunión de la Comisión Política del PJ quedó esbozado un subloque de gobernadores K con Alicia Kirchner, Gildo Insfrán y Alberto Rodriguez Saá, a los cuales los presentes le sumaron al sanjuanino Sergio Uñac, que revistaba hasta hace poco en el peronismo racional, pero ahora escucharía a José Luis Gioja. En un cónclave reciente, Gustavo Menéndez (presidente del PJ bonaerense) abrió el fuego contra Juan Schiaretti y José Manuel de la Sota diciendo que éstos le hicieron saber que aportarían los congresales del PJ solamente para reuniones donde se buscara la unidad del peronismo. Varios de los presentes criticaron duramente a los cordobeses y Alberto Rodríguez Saá propuso “ponerse a caminar Córdoba”, o sea, en lenguaje peronista, abrirles una línea interna a las dos figuras máximas del peronismo cordobés. Hay que recordar que Schiaretti es el impulsor del proyecto de traspasar AYSA, EDENOR y EDESUR a la provincia de Buenos Aires, idea que es resistida por María Eugenia Vidal y los intendentes.

Los compañeros “del medio”

En este ambiente lleno de suspicacias, el primer mandatario pampeano, Carlos Verna, cuyos diputados cambiaron de postura a último momento posibilitando la media sanción de la despenalización del aborto, está jugando a dos puntas. Por un lado apoya a Rubén Marín para que coordine la Comisión de Acción Política y por el otro se aproxima a Sergio Massa que hasta hoy carece de gobernadores propios, más allá de la presunta alianza que podía labrar con el chubutense Mariano Arcioni, que por ahora todos vinculan simplemente al “reemplazo transitorio de Das Neves”, y no lo ven como hombre de la política con vocación a pelear territorio.

Cada cual atiende su juego

Uno de los factores que inciden en la fragmentación de los gobernadores es el hecho de que Juan Manuel Urtubey no haya tomado un rol protagónico ante la crisis económica. “Cada vez que habla es para dejar mal parado al peronismo y justificar al gobierno”, graficó un senador del interbloque Argentina Federal.
Esta actitud por demás prudente del gobernador salteño hace que sean pocos los pares que le respondan. El misionero Hugo Passalacqua y Roxana Bertone (Tierra del Fuego) están entre los seguidores de Urtubey.
Otro que hace equilibrio es el tucumano Juan Manzur que, luego de apoyar a Urtubey, recientemente también coqueteó otra vez con sus compañeros cristinistas de la década K.
Manzur recibió en su provincia a una delegación de legisladores nacionales del peronismo federal. Entre los presentes se encontraban el salteño Pablo Kosiner (presidente del interbloque Argentina Federal), Graciela Camaño (presidenta del Interbloque Frente Renovador), Marco Lavagna (Frente Renovador) y Martín Llaryora (vice presidente de la cámara, ex vicegobernador de Córdoba).
Así las cosas, los gobernadores peronistas se enfrentan a la negociación con el gobierno por el presupuesto en un estado de creciente dispersión y sin que aparezcan liderazgos sectoriales. Para colmo, los anuncios de financiamiento de la obra pública a través del BID y otras señales de “abandono” del mapa federal como botín de interés político, ponen en evidencia que Cambiemos sigue apostando a gobernar con políticas fuertes en un puñado de provincias claves centralistas que en los hechos, son al fin y al cabo las que definen electoralmente.

Fuentes: AF, LPO, IP, propias