Por Javier Arias
javierarias@eldigito.com

Uno va caminando por la calle, lo más tranquilo, sin pensar en nada, lo más campante, disfrutando del aire marino y de la inesperada tibieza del sol invernal cuando se cruza un chico en patineta, atrás se ve como una madre reta a su hijo que ha revoleado la manzana acaramelada recién comprada, en el fondo se escucha una sirena y una pareja nos roza el brazo al pasar a nuestro lado. Nada muy particular ni extraño, salvo que estamos seguros que eso ya lo vimos, que eso ya lo vivimos. Si por lo menos nos pasara con los números del Telekino, pero siempre sucede con cosas tan mundanas y carentes de cualquier tipo de beneficio pecuniario; a que a usted, atento lector, le ha pasado más de una vez, ¿no es cierto? No voy a ser muy novedoso al decirle que esa sensación tiene un nombre y es “déjà vu”, que suena muy francés y paquete. Y suena francés porque fue, justamente, un científico de esta gala nacionalidad, Émile Boirac, quien lo acuñó hace una punta de años en su libro “L’Avenir des sciences psychiques”, o sea, “El futuro de las ciencias psíquicas”. Y si le resulta difícil pronunciar el francés, no se queje, que como todo en esta vida, también tiene un nombre científico un tanto menos memorable, paramnesia le dicen los que saben, pero seguirá siendo déjà vu para los amigos.
El déjà vu es esa sensación que ya hemos vivido una situación determinada, hasta estamos seguros que somos capaces de predecir qué va a ocurrir a continuación. Pero es tan fugaz ese momento que lo que recordamos se evapora como una suave cortina de rocío y nos quedamos mirando la escena, tratando de ubicar qué es lo que recordábamos y qué es lo que realmente estamos mirando. O sea, si alguien nos estuviera observando seguramente daríamos un espectáculo bastante patético, porque el déjà vu nos deja con un espacio vacío en la conciencia y nos lleva unos instantes salir de aquella confusión. Nuestro presente, por un instante se trastoca, rompiendo por segundos con nuestra concepción del tiempo, se altera el orden cronológico y quedamos medio turulatos.
Tratando de esquivar locas teorías de vidas pasadas o creencias de reencarnaciones en gatos o perros; la neurociencia de la conducta -¿serán neurociencistas conductistas los especialistas en neurociencia de la conducta?, no hay tarjeta de presentación que se aguante tamaño título- se ha encargado fehacientemente de investigar este fenómeno y darnos una respuesta que satisfaga esta necesidad acuciente de saber. Bueno, no tan acuciante, no exageremos.
Parece ser que la explicación residiría en un fallo en cierto mecanismo del hipocampo de nuestro cerebro, que causa que un acontecimiento que estamos observando en vez de enviarlo directamente a la conciencia, se traspapele instantáneamente y se envíe a la memoria una fracción de segundo antes, por eso experimentamos la sensación de que la situación que estamos viviendo ya ha ocurrido anteriormente.
El problema reside, en que como todo en esta vida, nuestro cuerpo lentamente se deteriora al envejecer, no sólo se nos cae el pelo y perdemos la cintura, sino que esas cosas que tenemos adentro también se van gastando, el hipocampo incluido, por lo que a medida que nos hacemos mayores la paramnesia se hace más frecuente.
Lo que es cierto que no a todos nos pasa habitualmente, algunos tendremos un hipocampo menos domado que otros, es que a caballo regalado, usted sabe, querido lector, no se le mira el déjà vu. Por eso un grupo de médicos de la Universidad de Leeds, en Inglaterra, no se quedó conforme con esta descripción tan determinista y se puso a estudiar la paramnesia, tratando de recrearla en los laboratorios de la universidad. Realmente no se me ocurre cómo miércoles esta gente puede recrear un déjà vu de laboratorio, pero ellos sabrán, que son científicos y uno apenas entiende cuando ponen un documental en canal Encuentro. La cosa es que hasta han logrado diferenciar tres tipos de déjà vu, el ya visto, el ya sentido y el ya visitado.
Lo que también han descubierto estas buenas personas es que hay gente que no sólo tienen esta vivencia en forma ocasional, sino que sufren déjà vu crónicos, o sea, que constantemente tienen la sensación de estar “recordando” el presente. Una locura desde todo punto de vista, estimado lector. Si ya algunos recuerdos a veces son una dura herida, imagine acaso estar todo el tiempo reviviendo lo ocurrido. Ese sí que se quedó en los setenta.

Nota del Autor: Información recogida de los sitios web http://www.tendencias21.net y http://e-ciencia.com/blog/divulgacion