Por Lazarillo de Tormes

Al cierre de este escrito, la votación aún no se encontraba cerrada y la despenalización del aborto en Argentina continuaba siendo una incógnita para propios y ajenos.
El país, nuevamente dividido en dos bandos, veredas, facciones, etcétera, volvió a exponer una cualidad tan poco virtuosa de la propia idiosincrasia nacional, aquella “grieta” que un periodista decidió bautizar, años atrás, como emblema de la disparidad política.
Pañuelos celestes y pañuelos verdes, religión y agnosticismo, laicismo y dogma, librepensamiento y doctrina; aquellas ambivalencias que signaron la identidad de los ciudadanos, se vieron expuestas, una vez más, en el marco de un debate tan profundo como personal.

La invisible “zona gris”

El problema, tal vez, radica en que los debates de cualquier orden público en Argentina suelen comenzar desde la opinión y culminar en la emoción, sin transitar por la senda del conocimiento, un camino tan importante que prevé un “paso obligado” para el análisis de temas sensibles.
Con la interrupción legal del embarazo sucedió algo similar; desde el llano, los movimientos autodenominados “pro-vida” eran etiquetados como “pro-muerte” por quienes ocupaban la vereda de enfrente; por otro lado, quienes bregaban –y continúan o continuarán bregando– porque una mujer no vaya presa al practicarse un abordo, fueron en ocasiones condenados a poco más que el mismísimo “infierno”, como si acaso no existiera una zona gris en la que un ciudadano o ciudadana pueden estar arraigados a una creencia religiosa, credo o culto, y de todos modos manifestarse a favor de la despenalización.

Un poco del uno en el Otro

Argentina, en tal sentido, parecería ser un “yin-yang” defectuoso, donde el blanco es enteramente blanco, y el negro completamente negro, sin que dentro de cada uno exista presencia del otro; por este motivo, desde que el país se debatía entre “unitarios” y “federales”, las discusiones no han arribado a buen puerto.
Tal vez, porque la forma más sencilla de hacer política radica en el “divide y reinarás” y las discusiones son llevadas adelante, muchas veces, por representantes de la “democracia representativa” que supimos concebir, muchas veces sin argumentos más que los preconceptos, o aquellos tomados de verdades a medias o “leyendas urbanas”.

Estamos “verdes”

Que se haya aprobado la despenalización del aborto, seguramente hubiera marcado un momento “bisagra”, como ocurrió con la aprobación del matrimonio igualitario hace casi una década; en caso de que, al leer estas líneas, el resultado fuese el contrario, seguramente el año próximo se retomará el debate, sobre la base de los postulados esgrimidos en la interminable serie de presentaciones por parte de especialistas de la medicina y “especialistas de la fe”.
Sin embargo, el tratamiento cotidiano de la temática puso en evidencia que, como sociedad, tal vez Argentina no haya alcanzado la madurez de otros países vecinos, o acaso algunos más lejanos, para poder analizar determinados temas sensibles sin que las pasiones dominen la razón.

La historia no ha cambiado

Prueba de esto último fueron dos aspectos de la “disputa”: por un lado, el hecho de que una importante cantidad de movimientos y agrupaciones feministas se hubieran vuelto fuertemente “conservadoras” dentro de la propia ideología, a pesar de que la despenalización no implique un debate ideológico, sino de salud pública; y por el otro, el despliegue realizado tanto por la iglesia católica, como así también por las distintas iglesias evangélicas, advirtiendo a los legisladores que su voto a favor del proyecto de Ley significaría, automáticamente, la pérdida de votos en futuras elecciones.
En tercer lugar, y no por ello menor, está el simple hecho de que el análisis de una problemática sanitaria se haya convertido en una “disputa”, como ha sabido ocurrir desde el origen fundacional de nuestro país; nuevamente, y a pesar de más de 200 años de independencia bajo el lema de “unión y libertad”, Argentina continúa planteando sus cuestiones encontrándonos inmersos entre “unitarios y federales”.
Antes, “azules y rojos” y hoy, “celestes y verdes”.

Gobierno de Chubut