Los auriculares inalámbricos se han convertido ya en un fenómeno de masas y transmiten mucho más de lo que uno aparentemente podría suponer. Sí, son unos dispositivos para escuchar canciones y atender llamadas de forma discreta y en movimiento, pero en algunos casos se les atribuyen efectos secundarios. En Estados Unidos han advertido que también se usan para aislarse.
No nos referimos a ponerse estos auriculares y escuchar alguna canción o la radio, sino a colocárselos apagados para evitar que nadie nos interrumpa. Este fenómeno ha sido destacado por el Wall Street Journal en un artículo en el que se destaca cómo, en aquel país, son cada vez más los que optan por colocarse los airiculares para enviar un claro mensaje al mundo: no quiero hablar con nadie. Y es ya una imagen ya habitual en los suburbanos de las principales capitales: los viajeros se aíslan del resto para pasar inadvertidos y, sobre todo, de evitar conversaciones que pueden importunar.
El fenómeno se observó hace tiempo; con la llegada de los iPod se comenzó a comprobar cómo muchos se protegían del mundo exterior con los auriculares. Lejos de considerar este hábito pernicioso en ese momento, algunos expertos valoraban la posibilidad que ofrecían los auriculares para buscar “refugios” ante la avalancha de estímulos y mensajes a los que estamos sometidos. El auricular es un mensaje al mundo y quienes nos rodean: quiero estar tranquilo, no me hables.
Pero en pleno 2018, los auriculares se han convertido en algo mucho más compacto y cómodo de llevar: muchos poseedores de auriculares inalámbricos ni son conscientes de que lo llevan puestos. Este hecho plantea otro problema añadido en el ámbito de las relaciones sociales: ¿no es de mala educación dirigirse a alguien con los auriculares puestos? Este hábito resulta especialmente irritante a quienes están detrás de la barra tomando pedidos y comprobando cómo el cliente no escucha con claridad las respuestas que se le dan.

Mensaje secundario

Más allá de eso ¿cuál es la psicología que se esconde detrás del hábito de llevarlos puestos a todas horas? Algunos pueden entender este gesto con claras connotaciones negativas: una persona que lleva todo el día los auriculares puestos “está emitiendo un mensaje de desinterés por las personas que le rodean”, según explica Ignacia Arruabarrena, Doctora en Psicología, Profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco.
Esta experta, no obstante, ve aspectos positivos en el uso de los auriculares como ‘aislantes’: “buscar y disponer de espacios de aislamiento para la tranquilidad y la reflexión personal no sólo es beneficioso, sino necesario”, explica, “uno de los problemas de hoy día es la dificultad para disponer de esos espacios, incluyendo muchas personas jóvenes, que dedican gran parte de su tiempo a relacionarse con los demás a través de las nuevas tecnologías y poco tiempo a solas consigo mismos”.