Los choques de pájaros contra aviones son considerados como una amenaza significativa contra la seguridad de los vuelos. La Organización Internacional de Aviación Civil (ICAO) ha registrado 65.139 choques entre 2011 y 2014. Estos causan unas pérdidas económicas de 1.200 millones de dólares cada año en todo el mundo y son un factor que perjudica a muchas especies de aves. El 65 % de los impactos apenas causa pequeños daños en los aparatos y se estima que solo hay accidente con una muerte humana por cada 1.000 millones de horas de vuelo. Sin embargo, sus consecuencias pueden ser considerables: en 2009, el vuelo 1549 de US Airways tuvo que hacer un amerizaje de emergencia sobre el río Hudson después de perder sus dos motores como consecuencia de un choque contra una bandada de gansos a 975 metros de altitud.
El 90 por ciento de los impactos ocurre en las proximidades de los aeropuertos y, por tanto, la mayoría de las medidas para evitar estos incidentes se despliegan allí. Van, desde evitar que los animales encuentren lugares donde anidar, hasta usar repelentes y formas de disuasión, como aves de presa, perros, láseres y fuegos artificiales. Ahora, un estudio que se acaba de publicar en la revista PeerJ, y elaborado por investigadores de la Universidad Purdue (EE.UU.), ha demostrado que las luces LED rojas y azules son capaces de ahuyentar a los pájaros de forma eficaz.
Esteban Fernandez-Juricic, primer autor del estudio, ha explicado que las luces son una forma de darle una elección al pájaro: seguir por un camino oscuro o por un camino iluminado y desagradable para ellos.
En esta ocasión, varios ejemplares de tordo cabecicafé, Molothrus ater, tuvieron la responsabilidad de representar a las aves para ayudar a evitar colisiones con aviones en el futuro. Los investigadores les sometieron a pruebas donde estos animales tuvieron que escoger un itinerario de vuelo: en uno encontraron una luz apagada y en otro una luz encendida.

Luces repelentes

El equipo de Fernandez-Juricic probó con luces de distintas longitudes de onda. Así observaron que los tordos evitaban seguir las rutas iluminadas con luces LED azules y rojas, pero que la luz ultravioleta (UV), la verde y la blanca les era indiferente.
Los resultados también han mostrado que el alto contraste cromático, las diferencias de color, le resultan repulsivas a las aves. Por eso, Fernandez-Juricic no sabe todavía si es la luz intensa de esos colores o los altos niveles de contraste lo que ahuyenta a los tordos.
Por ello, lo siguiente será hacer más estudios. Tal como ha dicho este investigador, la ventaja es que ya saben cómo hacer experimentos de una forma estandarizada. Por eso, sencillamente tendrán que hacer las mismas pruebas, pero con otras especies de aves.
Aparte de estos estudios, lo cierto es que los impactos de las aves ya han sido el blanco de muchas otras investigaciones. Por ejemplo, se sabe que la energía de los impactos se incrementa con el cuadrado de la diferencia de velocidades entre aeronave y pájaro.
Por eso, los impactos a altas velocidades pueden causar daños considerables. La energía del impacto de un gran ave, de 5 kilogramos, moviéndose a una velocidad relativa de 275 kilómetros por hora, equivale a la energía liberada al dejar caer un peso de 100 kilogramos desde una altura de 15 metros.
El mayor riesgo viene, aparte de los grandes animales, de las bandadas de pájaros, que pueden causar daños múltiples. Un problema adicional es si estos impactos ocurren a bajas altitudes, de forma que los aparatos tienen poco margen para volver a tierra de forma segura. Es lo que llevó a que el Vuelo 1549 tuviera que amerizar en el Hudson después de perder sus dos propulsores. Llevaba 155 personas a bordo y todas resultaron ilesas.
Los impactos suelen producirse en zonas del avión donde no provocan grandes consecuencias, como el borde de las alas o el morro. Incluso pueden producirse en el cristal de la cabina, que está diseñado para soportar choques de aves de hasta 1,8 kilogramos sin fracturarse.
Pero a veces afectan a los motores. Cuando esto ocurre las consecuencias son especialmente graves si las turbinas están funcionando a altas velocidades. El cuerpo de los pájaros suele romper unas cuantas hojas del motor, pero a causa del giro, se producen roturas en cadena de las palas.
Por este motivo, la mayoría de los motores de aviones comerciales están diseñados para soportar choques con aves de hasta 1,8 kilogramos.
Además, los pilotos deben evitar aterrizar y despegar en presencia de animales y deben no pasar cerca de rutas migratorias, o de lugares señalados como sitios donde las aves pueden congregarse. En caso de que una aeronave se encuentre con una bandada, los pilotos deben ascender por encima de los 910 metros tan rápido como puedan y descender la velocidad de los motores, para evitar los daños más serios.