El financista Ernesto Clarens se sentó frente al fiscal Carlos Stornelli dispuesto a ganar la libertad durante el proceso a cambio de un testimonio contundente. Llegó y relató cómo era el sistema de coimas. Pero, además, le sumó a la causa de los cuadernos algo de tecnología: dejó un pendrive con un listado de 120 obras que tenían incluido un sobreprecio, que él recaudaba.

Clarens inició su testimonio con la historia de cómo llegó al sur. Dijo que fue asesor financiero de otra constructora, Gotti, y que ese trabajo lo llevó a Río Gallegos. Contó que en ese momento, con Néstor Kirchner como gobernador, la empresa tenía varios problemas para cobrar sus contratos con la provincia. Habló, entonces, de su arte con los números para cambiar el rojo por azul en los números de la compañía.

Pero sin dudas la parte más importante de la declaración fue cuando relató cómo era su rol central dentro de la estructura del sistema de retornos que se montó en torno a la obra pública.

Entonces entregó el archivo. Según sus dichos, en esa planilla que se adjuntó a la causa, está el detalle de 120 obras. Confirmó que alrededor de 95 tenían que pagar retornos y el resto eran limpias y transparentes. Él era el encargado de juntar esa plata, que empezaba con una obra pública “ganada” por una constructora. A diferencia de Roberto Baratta , que retiraba la plata personalmente, sobre todo, de empresas energéticas, Clarens tenía que descontar los certificados de obra que se pagaban a medida que el proyecto tenía algún grado de avance.

El procedimiento era simple. Las compañías cobraban su certificado de obra y, luego, todos caminaban a las oficinas del financista. Inmediatamente, el dueño de Invernes aplicaba una quita del 20%. El 10% era retorno, el monto que entregaba después a los emisarios de Néstor Kirchner; el porcentaje restante se computaba al pago por el costo de generar dinero en negro.

Fuente: La Nación