Javier Arias
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A ver, memorioso lector, hace tiempo habíamos hablado de lo que significaban ciertas frases hechas, muchas de ellas transformadas en verdaderos refranes, que decimos habitualmente pero no tenemos la menor idea de qué significan en realidad o cuál es su verdadero origen. Hoy quería recuperar esa idea y desentrañar algunas que me habían quedado en el tintero, que, si bien la vida está plagada de lugares comunes, por lo menos que sepamos qué cornos estamos diciendo cuando se nos escapa alguna de ellas.
Vamos a empezar con una bastante simple. Por ejemplo, ¿me va decir, estimado y queridísimo lector, que nunca le dijo a su hijo que siempre tiene algún pero, que por “hache” o por “be” siempre protesta por algo? La respuesta es bastante lógica, las letras h y b son las que más problemas les engendran a los chicos cuando empiezan a escribir –y a muchos grandes animales. Así vemos horrorosos errores de ortografía poniendo las “v” donde va la “b” y comiéndose las haches como si fueran pildoritas de chocolate. Por esta razón decir “por h o por b” viene a significar que siempre hay algún error o pifiada sin querer dar muchas explicaciones sobre ellas.
Una que parece bien argenta, pero que, como la gran mayoría, tiene sus orígenes en nuestros ancestros europeos es la tan mentada “cargar con el muerto”. En varios territorios de la época medieval existía una ley que dictaba que, si se encontraba un cadáver, pero no a su asesino, los pobladores del pueblo al que pertenecía dicha persona debían pagar una multa conjunta. Como a nadie, sea la época que sea, le gusta pagar impuestos y mucho menos por un muerto que nos es ajeno, era costumbre que cuando encontraban un cuerpo sin vida, con muestras ineludibles de haber sido asesinado, los tipos no dudaban y se apuraban a cargarlo, y de común acuerdo, transportarlo y arrojarlo en un poblado vecino para salvarse de la multa. Lo que seguramente debe haber dado origen, en ese otro poblado vecino, a otra frase famosa, “al final nos encajaron el muerto a nosotros”.
Empezar con el pie derecho es una forma muy adecuada de comenzar las cosas, según dicen, es que, en los rituales paganos, al subir el altar era norma dar el primer paso largo y con la pierna derecha. Esto significaba un buen augurio y marcaba que los dioses estarían a favor de los concurrentes, dando comienzo a la eterna tiranía de los diestros en este mundo siniestro.
Una frase que siempre me hizo gracia es “viva la pepa”. Cuando uno ve que todo es un jolgorio y se pierden las responsabilidades dice que es un “viva la pepa”, cuando en la oficina falta el jefe, todos aseguran que es un “viva la pepa”. Cuando nos alteran los nervios los políticos, aseguramos que todo es un “viva la pepa”. ¿Pero a qué pepa nos referimos y por qué vive tanto esta señora? Parece que la cosa se refiere originalmente a los hechos del 19 de marzo de 1812 en España, en la festividad de San José, cuando se sancionó la constitución liberal en Cádiz, conocida como La Pepa. En aquellos tiempos se creía que el rey Fernando VII no la aceptaría, por eso decir “viva la Pepa” era el grito de batalla de los liberales y anticlericales en esa época. ¡Lo que son las paradojas del destino!
Y hablando de leyes, gobernantes y legisladores, hubo un tiempo que vivía un político muy señorial de la provincia de Catamarca, famoso él, entre otras cosas por sus dichos rimbombantes, como aquella vez que amonestó al otrora canciller Dante Caputo retándolo porque se estaba yendo “por las nubes de Úbeda”. El caudillo catamarqueño Leónidas Saadi, de quien estoy hablando y que en paz descanse, dijo eso porque a su entender el funcionario de Alfonsín se estaba yendo por las ramas y no respondía con precisión a sus preguntas en aquel recordado debate por el conflicto con Chile por el Beagle. Pero, a decir verdad, el viejo Leónidas la pifió fiero, porque no son las nubes, sino los cerros los que han hecho famosa a Úbeda, que es una ciudad de Andalucía, los cuales van discurriendo por muchas partes, y como toman diversos nombres según los lugares por donde pasan, es fácil despistarse con ellos. De ahí que se usen para dar a entender que alguien divaga o se extravía en su discurso. Pero es un mal menor en estas épocas donde cierto vicegobernador dijo que el peronismo iba a resurgir “de sus cenizas como el Gato Félix” o cierto Presidente aseguró haber leído las obras completas de Sócrates…
Será porque muchos de nuestros políticos están realmente en babia, ¿no? Pero, querido lector, eso lo dejamos para la semana que viene.

Nota del autor: Información recogida de la página http://fcojav.blog.com.es