Por Lazarillo de Tormes

En lo que pareció ser un nuevo capítulo de las movilizaciones cegetistas de fin de año, la movilización convocada por la “Central” integrada por trabajadores y liderada por sindicalistas con amplia trayectoria en funciones de “liderazgo”, se sintió fuertemente en la capital financiera de nuestro país.
Como si se tratara de una contradicción o bien un oximorón, hablar de “Capital Federal” es una forma de validar aquella función que cumple el núcleo económico argentino, desde el cual se toman las decisiones más trascendentes en materia de políticas públicas, con un efecto directo -y propiedad distributiva, aunque desigual- en el resto de las regiones, incluida la patagónica.
Todo parecía marcar el comienzo de una jornada recesiva en cuanto a las actividades en Puerto Madryn, con el cierre de comercios y las manifestaciones de aquellos satélites de la CGT inundando la vía pública; sin embargo, la ciudad del Golfo amaneció activa, bajo una aparente normalidad a pesar de la convocatoria de los gremios, que parecerían haber jugado su “carta de fin de año” unos meses antes.

La mano que mece la cuna

El cuarto paro general contra el Gobierno Nacional tuvo como fundamento la recesión económica que atraviesa el país, conjugada a los reclamos por paritarias realizados por los distintos sindicatos que integran la Confederación, así como también la solicitud de declarar la Emergencia Alimentaria y de suspender los despidos, tanto en el sector público como así también, en el privado.
Se trata de una serie de fundamentos válidos teniendo en cuenta el apremio económico que rige en muchos hogares a lo largo y ancho del país; sin embargo, el método y aquello que lo procede, no están exentos de controversias y cuestionamientos.

La política rentada

Ya el día anterior al “parate”, comenzaron a viralizarse rápidamente videos en los que se observaban camiones de basura bloqueando distintas arterias de la “Capital Federalísima” nada menos que con residuos, una clara señal de que, en Argentina, los planteos del orden político suelen anteponerse al bienestar social y al afecto por el prójimo.
También circularon otros videos, y esto no es nada nuevo, en donde se vislumbraba, a las claras, a manifestantes recibiendo dinero, acaso financiando aquella militancia rentada que tanto mal le ha hecho al espectro de clases sociales que conviven en Argentina.
Mientras que uno de los titulares de la CTA nacional reclamaba que el Gobierno “se debe ir”, pocos recordaban que la misma persona había protagonizado, meses atrás, un accidente de tránsito a bordo de un vehículo cuatro por cuatro valuado en poco más de un millón de pesos; volvemos a los famosos e infames “sindicalistas Lacoste”, una prueba de que la mayor rentabilidad económica en Argentina no se genera trabajando, sino “conduciendo” a las masas.

Un show “a gusto y piacere”

La convocatoria en Puerto Madryn tuvo lugar a las once de la mañana, con una nutrida movilización que replicaría los reclamos hacia Nación, en un horario en el que el resto de la ciudad se encontraba produciendo capital y, de algún modo, financiando dicho encuentro.
Como todo en Argentina, mientras que algunos fabrican las crisis y otros la financian, sucede lo mismo con el sindicalismo en varios de sus espectros; todos lo financian, pero unos pocos conocen lo que realmente se cuece en las más altas esferas de la “conducción”, donde priman los acuerdos políticos por sobre las variables económicas que rigen el día a día de los ciudadanos.
A ciencia cierta, la política argentina parecería ser un auténtico show, donde hasta es posible autoconvencerse de que “no hay crisis” si se escucha una sola campana, y donde, en la otra vereda, se advierte un escenario preapocalíptico de proporciones sólo conocidas por quienes “conducen” a las masas y dicen tener la visión, la precisión y la solución para “estar mejor”.

Sindicalistas y “sindicalistas”

Ya sucedió en Argentina varias veces, principalmente sobre la época de fin de año, donde las movilizaciones se acrecientan, donde edificios de fuerzas públicas reciben ataques de “encapuchados” y donde el sindicalismo suele mostrar su aspecto más rancio, el cual lamentablemente opaca los reclamos bien fundados de algunos de sus integrantes; estos últimos, de los cuales varios están presentes en Puerto Madryn, llevan adelante una labor respetable, dado que plantean sus diferencias en un marco de horizontalidad, como trabajadores antes que representantes, algo que muchos otros no podrían hacer, teniendo en cuenta que sólo parecerían haber trabajado en la “conducción”, por encima del resto de los mortales.

Una más y van

La postal de Fin de Año parecería haber llegado un poco antes, y lo que se espera para los próximos meses es un poco más de caos, desorden y oportunismo por parte de algunos sectores que dicen representar a los trabajadores pero que, en definitiva, no hacen más que representarse a sí mismos.
En el medio, valga la redundancia, se encontrará el ciudadano medio, sin distinción de clase, preso de una puja de poder entre sectores rivales que poco y nada reparan en el bienestar social, sino en el mantenimiento de un statu quo que, a fin de cuentas, beneficiará a un extremo o al otro, dejando un permanente gris en el medio.
Como reza aquella anónima frase: “La política es aquella fiesta a la que nunca te van a invitar”.

Gobierno de Chubut