Por Juana de Arco*

Hay un ruido fuerte en el aire como de querer pasar la hoja rápido, para terminar este capítulo de realidad que se está llevando puestas todas las imágenes y todos los guarismos políticos al fondo del cofre de los malos recuerdos, y es la posibilidad del adelantamiento de las elecciones.
La idea fue insinuada varias veces durante los últimos quince días tanto a nivel nacional como provincial, y no es un dato menor en el marco de la crisis política y económica por la que se responsabiliza a los mandatarios de turno.
En el caso de Macri, el pasado lunes uno de los editorialista estrella del establishment, Carlos Pagni lo reconoció: “En algún rincón lejano del poder” se habla de esta posibilidad”, dijo el periodista. “Adelantar las elecciones presidenciales de 2019 para evitar seguir perdiendo la confianza popular: ¿podría el gobierno de Mauricio Macri tomar esta decisión? Esta es una idea que no le llegó todavía a Macri ni a nadie del círculo de Macri ni a nadie del Poder Ejecutivo, pero es una idea interesante, no porque sea factible, no porque se vaya a llevar adelante. Creo que nadie la pondría en práctica, mucho menos Macri”, aclaró luego, pero habiendo dado ya entidad a la versión. “Es una idea que es como una linterna que ilumina el proceso que estamos viviendo. ¿Si Macri adelanta las elecciones? ¿Si golpea la mesa y vuelve a pactar con el electorado y obtener de ahí la energía que necesita para retomar su programa?”, preguntó Pagni.
De hecho, adelantar las elecciones, es una práctica constitucional que depende de la decisión del jefe de Estado plasmada en un decreto. El periodista afirmó que la idea proviene de un “sector muy marginal del Congreso” y que es una posibilidad frente a los problemas ocasionados por la denominada “tormenta” económica que azota estos meses al gobierno de la República y “porque la imagen de Macri está creciendo de una manera acelerada”. Cuya lectura se podría traducir en que a medida que pasa más tiempo, tendría menos posibilidades.
Con un escenario de adelantamiento, Cambiemos mantendría la certeza de que Mauricio Macri es el gran candidato para el mandato 2019-2023. Transitado un año más, la realidad podría licuarlo. Después de todo, dicen algunos, adelantar las elecciones, es una práctica constitucional, no tan usada, pero posible si se interpusiera por Decreto, como ocurrió por última vez en 2003. La Constitución Nacional le habilita a hacerlo bajo la condición de que la fecha de las elecciones sea 60 días antes del final del mandato.
Días atrás, otro periodista, Roberto Navarro, había advertido en una posición más extrema aún, que ya se estaría pensando en el sucesor de Macri al frente de un gobierno que, en su parecer, va a naufragar: “Reunión secreta: El PJ piensa que Macri no llega a 2019 y se prepara para el reemplazo. Pichetto se propone para ser presidente vía Asamblea Legislativa”, escribió en su cuenta de Twitter con un tono más catástrofe.

Otro dato del apuro

Como sea, cada vez están más cerca las elecciones del próximo año y la ansiedad del Gobierno deja en evidencia su preocupación. Un dato que mostró esto son los movimientos por lo menos excesivamente anticipados, para comprar los sobres para votar, con lo que no sólo se descartaría ya el debate por una posible votación electrónica, sino que se contaría con los elementos si se decidiera un adelantamiento electoral.
Para esto, tres empresas ya presentaron ofertas en una licitación pública para proveer más de 130 millones de sobres que se usarán para votar en las primarias, elecciones generales y posible segunda vuelta durante los comicios nacionales de 2019 que costarán más de 140 millones de pesos. Según fuentes del Gobierno, el apuro por conseguir los sobres once meses antes (en 2017 fueron 5 meses de antelación), sería debido a la volatilidad de los precios, pero no se descarta que haya otros planes detrás.

Un síntoma más

El buscar que se apruebe el Presupuesto 2019 tres meses antes de finalizar el año es otro indicio de las urgencias que no permiten hacer pie en la realidad, en busca del futuro posible. Mostrar cierto consenso con las Provincias tuvo el objetivo esta semana de llevar un poco de alivio a los analistas internacionales. Como dato se ventiló profusamente un trabajo del banco de inversión Morgan Stanley donde explícitamente señala que no se espera un cambio importante en la dirección política después de las elecciones de octubre de 2019. Allí se trató de destacar la inyección casi probada que dará el FMI, y las garantías que daría el nuevo Presupuesto en materia de ajuste fiscal y aplicación de derechos a la exportación.
Algo más pesimista resultó otro informe del Citigroup, que puntualiza que la economía carece de un régimen monetario claro, y, por lo tanto, la economía está operando sin un ancla nominal. Uno de los puntos importantes del estudio es que, en este contexto, la demanda de pesos podría caer aún más, presionando a la suba al dólar. Esta situación sería coherente con el pronóstico de una inflación que alcanza un máximo de 50% y una caída en la actividad económica, no sólo este año sino también el próximo, con un escenario político absolutamente impredecible. Escenario en el cuál, Cambiemos si no apura elecciones debería pensar en un sucesor, lo que sería mucho mas complicado.
Entre otras cosas, la polarización inmediata de Macri con una Cristina K `multiprocesada´ a quien responsabilizar aún de la debacle existente, se vería mucho más aceptable y como dice Pagni, refrescaría el consenso con la gente.

El laboratorio de Chubut

El ruido de un posible adelantamiento de elecciones nacionales se labró no sólo con cacareos desde la oposición, como los de Rodriguez Sáa, sino también desde el Peronismo Federal, que no descarta la conveniencia en apurar el tranco. Que se rearme gran parte del peronismo no cristinista en las provincias, sería después de todo la aparición de un tercer jugador o posición, poco conveniente.
Por eso, en Chubut, la idea de adelantar no se descarta. El PJ está lejos de encontrar la utopía existencial de “la unidad”, y cuanto más se los apure, menos probabilidades tendrían. De hecho, la foto de Linares con Cristina en una reunión a solas en Buenos Aires que circuló ayer, sería la antesala para el próximo cónclave con una delegación provincial que está pidiendo un líder a gritos.
Por eso, mover el calendario hacia adelante es una de las tácticas que Mariano Arcioni tiene a mano para influir en una escena electoral compleja, y donde a medida que van pasando los meses tiene menos alternativas de influir sin verse contrastado por otros jugadores con más experiencias en armados.
Además, logrado un superávit apreciable que le permitirá terminar el año sin sobresaltos, los tiempos por venir a posteriori otra vez estarían agitados por la economía, paritarias reactivadas al ritmo de la depreciación de los sueldos, y las causas por corrupción de un gobierno al que perteneció. Cuanto más tiempo pasa, más se mide efectivamente qué gestión tiene para mostrar Mariano Arcioni por sí mismo, además de la que le dejó andando Mario Das Neves. Una herencia que trae consigo el escándalo por corrupción que conmueve a la vecindad, y donde Arcioni surfea entre victimizarse por el caos administrativo y financiero que `le dejaron´, pero manteniendo el grueso del equipo de gobierno anterior. Porque a decir verdad, los únicos bajados de la estructura es porque se los llevó preso la justicia o renunciaron antes. Él hasta ahora, no cambió a nadie. Y aunque tomó distancia del sello de ChuSoTo, no descartaría seguir sumándolos pero en silencio. A la par prevería un armado propio en el cual contemplaría una alianza variopinta con buzzistas incluidos, que terminaría integrada a su gabinete, como está pasando. Todo un esquema donde en una elección anticipada lo mostraría en mejores condiciones que a sus contrincantes.
En tanto, si el FR sigue siendo, como lo ha sido una colectora de Cambiemos, al poder central no le disgustaría cualquier candidato de este sector que `se haga el opositor´ pero apenas `pour la galerie´. Menos si logra contener parte del PJ con promesas de cargos y al ChuSoTo con prebendas judiciales incluidas.

Sastre se desmarca

Quienes van aún más lejos con las teorías conspirativas afirman que Gustavo Menna habría amagado incluso con abrevar de esa mezcla. El motivo sería sencillo: el radical no podría contener la caída de imagen de la alianza en el territorio, y sobre todo no podría armar campaña sin caja, sobre todo porque los correligionarios que algún día se `la hicieron´ en Chubut, no estarían dispuesto a ponerla, aunque aspiren a volver al poder. A la par, el PRO lanzaría su propio candidato a fin de sumar a la confusión general, posiblemente con los referentes que más miden dentro del estrecho sector, como para que no se note el juego a tantas puntas del poder central.
El único que probablemente y por ahora se desmarcaría de todo este desfile de `igualados´ y `cambiados´ sería el intendente Ricardo Sastre. No en vano, el madrynense que está decidido a jugarse por la gobernación, es la principal preocupación de Arcioni. No sólo habría lanzado mediciones de imagen con vistas a conocer cuáles son las fortalezas del candidato del Golfo Nuevo, sino que desde su sector estarían también tratando de identificar contrarreloj sus debilidades. De hecho, ayer hubo una fuerte conversación de los dos candidatos, en la que Arcioni ya habría confirmado su candidatura y Sastre también. Dicen que habría intentona a corto plazo de sumarlo como vice. Aunque no se sabe quién a quién. Mientras tanto, no son pocos los que afirman que el Decreto de adelantamiento electoral en Chubut ya tendría número, y estaría prolijamente esperando en un estante de la privada su oportunidad de tratar de apurar desde Fontana, la realidad que marcarán las urnas. Habrá que ver…