Por Carlos Alberto Nacher

El camino de regreso pasó sin sobresaltos, en un día y medio sorteamos la meseta redondeada que nace al sur del Río Chucrut y culmina en el Río Colorado. Atravesamos el río con los vehículos en unas balsas y rápidamente subimos la siguiente meseta, que se eleva hasta aproximadamente el centro de la provincia de Buenos Aires para volver a caer hacia la capital. Durante el viaje, escribí mis primeros esbozos de mi conferencia en Londres. Estaba relativamente feliz de regresar.
Pero por momentos negros pensamientos surcaban mi cabeza: como una ráfaga, pasaban miles de culos saltando por un campo infinito.
Ya en mi casa, inicié todos los preparativos para mi nuevo viaje, esta vez a Londres. Sin perder un momento, revisé todas mis cosas, mis papeles, el equipaje que llevaría y todos los huesos, objetos y documentos palanpaguanos que llevaría.
Un nuevo barco, mas grande que el anterior, me dejó en Londres, una tarde de comienzo del verano.
Algunos de mis colegas me recibieron con profundo respeto, ya conocían la magnitud de mis descubrimientos.
Me instalé con mis pajes en un lujoso hotel y traté de descansar. Al otro día daría la conferencia que me haría famoso y respetado en el mundo entero. Con sorpresa noté que hacía tiempo que no pensaba en culos. Eso me tranquilizó, tanto que para matar el tiempo, dibujé varios culos en mi carpeta de bocetos. Luego durante la cena, modelé un culo verde con el puré de manzanas, otro con la ensalada Waldorf y varios culos más tallados en pan. El garzón me miraba sorprendido, admirado por mi habilidad e inteligencia.
Creo que allí comenzaron mis prácticas de origami.
Al día siguiente, ya en la London Universal Science Academy, procedí a dar mi conferencia. El anfiteatro estaba colmado, había científicos, profesores, eruditos y periodistas por todas partes.
En el centro del recinto sobresalía un culo de arcilla de buena magnitud, solicitado por mi para ilustrar un poco más mi disertación.
Me subí al culo y de inmediato la sala se silenció, esperando mis palabras.
– Estimados señores – dije – seré breve. No es necesario ahondar en palabras cuando la evidencia material de los hallazgos están a la vista de todas. Nuestros estudios nos dan la seguridad de confirmar que el origen de todas las culturas humanas, aún las más antiguas de las que se conocían hasta el momento, ya sea la babilónica, la fenicia, etc” tienen su raíz en una cultura mucho más antigua y superior: la de los Palanpaguas patagónicos.
“Oooohhhh” se escuchó solamente en todo el recinto.
– Amigos, como ustedes verán de inmediato, esta civilización a desarrollado todos sus conocimientos arquitectónicos, artísticos, religiosos y hasta como sociales y económicos, en un solo objeto de veneración y reverencia: el culo –

Continuará…