La enseñanza de matemática comenzó a ser cuestionada luego de que se conocieran los resultados más recientes de distintas evaluaciones nacionales e internacionales. El escenario actual obligó a las autoridades educativas a modificar el método utilizado en las aulas, principalmente en el ámbito pedagógico. Argentina comenzaría a imitar a Singapur en este aspecto, pero el verdadero desafío no estará en los alumnos, sino en los docentes.

Recientemente, ministros y funcionarios del área de Educación del G20, pertenecientes a países emergentes e industrializados, se reunieron por primera vez en la provincia de Mendoza, con el objetivo de elaborar una Declaración y un documento respecto del futuro en el ámbito educativo.
El titular de la cartera a nivel nacional, Alejandro Finocchiaro, manifestó durante la apertura que “sin educación no hay desarrollo de las capacidades humanas, no hay desarrollo de las personas, y sin desarrollo humano, no hay posibilidad alguna de desarrollo sostenible en la Tierra”.
Consensuados por los equipos de trabajo, los documentos rubricados entre los representante hicieron hincapié en la adopción de una “política de competencias y habilidades” con especial foco en la formación fundamental en matemática y lengua, además de fomentar una “educación integral” para preparar a las jóvenes generaciones a enfrentar un futuro definido como “incierto”.
Precisamente, es en el área de matemática en la que los estudiantes argentinos han demostrado más oportunidades de mejora, a partir de un reciente informe elaborado por el Observatorio Argentinos por la Educación.

Cinco años de diferencia

Según el relevamiento, actualmente un alumno chino de diez años alcanza los conocimientos equivalentes, en dicha área, a un estudiante argentino de 15 años; a su vez, las últimas pruebas PISA alertaron sobre la problemática de formación en matemática de los alumnos de nuestro país.
A excepción de Chile, que ocupó el lugar con 423 puntos y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en el segundo (428), el ranking continúa con México (413), Uruguay (409), Costa Rica (407), Brasil (391), Argentina (388), Colombia (376) y Perú (368); concretamente, el país se encuentra a unos 106 puntos de distancia del promedio de las PISA en matemática, que es de 494 puntos.
En cuanto a los niveles de desempeño, que constituyen cuatro escalafones, el 35 por ciento de los estudiantes argentinos se ubica por debajo del más bajo; el 32 por ciento entre el primero y el segundo, el 22 por ciento entre el segundo y el tercero, un 9 por ciento entre el tercero y el cuarto, y tan solo un 2 por ciento sobre el sector más alto.

El factor social y el aprendizaje

Los números son aún más drásticos si se tiene en cuenta los resultados de las Pruebas Aprender 2017, donde se analizó el nivel de desempeño de los estudiantes según el nivel socioeconómico al finalizar el secundario.
En este sentido, un 86,8 por ciento los alumnos con un nivel socioeconómico bajo no llegaron al estándar mínimo de formación en matemática, dejando a un restante 13,2 por ciento que alcanzó las expectativas.
Al mismo tiempo, para aquellos de nivel socioeconómico medio, el 70,8 por ciento terminó el colegio sin haber alcanzado los objetivos mínimos en matemática, mientras que el 29,2 por ciento restante sí lo hizo; por último, en aquellos alumnos con nivel socioeconómico alto, un 55,4 por ciento terminó la escuela por encima de las expectativas en cuanto a los contenidos curriculares de matemática, mientras que un 44,6 por ciento no alcanzó dicho nivel.

En los últimos puestos

Por otra parte, en las pruebas PISA 2012, las últimas en las que el país participó con una muestra válida, Argentina finalizó en el puesto 59 entre 65 sistemas educativos, con 388 puntos. El promedio fue de 494 puntos y Shanghai se posicionó como la número uno con 613. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que realiza las pruebas PISA, estima que 41 puntos equivalen a un año de escolaridad, lo cual arrojó como dato que un alumno argentino de 15 años logra actualmente un nivel de aprendizaje del mismo nivel que un estudiante chino cinco años menor.
Actualmente, PISA califica con distintos niveles desde el 1, como más bajo, hasta el 6, como el más alto; sin embargo, ninguno de los estudiantes argentinos alcanzó en 2012 desempeños en los dos niveles altos.
Por el contrario, un 67 por ciento, estuvo en el primer estándar o ni siquiera lo alcanzó.
Otro dato no menor es que, entre las escuelas más pobres y más ricas, existen casi cien puntos de diferencia; no obstante, ni siquiera en las más aventajadas se alcanzó el promedio de la OCDE.

Chubut, por encima de la “media negativa”

La provincia de Chubut también arrojó, según la Organización, un amplio porcentaje de alumnos con desempeño básico y por debajo del básico en las Pruebas Aprender 2017; un 69,3 por ciento no alcanzó los objetivos mínimos, ubicando a los estudiantes chubutenses, incluso, por encima de la media nacional de chicos que no lograron el desempeño básico, que fue del 68,8 por ciento.
Dichas cifras llevaron al Gobierno Nacional a replantear la metodología de enseñanza de matemática, impulsando una reestructuración de dicho esquema a partir del 2019 y basándose en el método de Singapur, según lo establecido durante la última reunión del Consejo Federal, a la que asistieron ministros de Educación de las 24 provincias del país.
Singapur utiliza planes de estudio más reducidos, pero con una mayor profundidad en los contenidos; una constante a nivel local es que los docentes, según han expresado en una gran mayoría (más del 40%), no llegan a dictar la currícula completa en el área de matemática, además de que los estudiantes no suelen encontrar un sentido práctico de dicha disciplina en su vida diaria.

Usar la matemática en el día a día

Bajo la consigna de “enseñar menos y aprender más”, el modelo de Singapur que se prevé implementar utiliza un enfoque “en espiral”, dado que cada tema es revisado e introducido al aumentar profundidad de un nivel al siguiente, lo cual permite a los estudiantes consolidar los conceptos y habilidades aprendidas y promoverlas, según expresara recientemente el docente de dicho país, Ngan Hoe Lee.
La pedagogía de dicho esquema educativo propone “conexiones con otras disciplinas escolares, pero también con la vida cotidiana”, teniendo en cuenta que el 35 por ciento de los alumnos encuestados, según cifras recolectadas en los diferentes estudios, reconoció no aplicar nunca los conocimientos adquiridos en matemática en su vida cotidiana, al tiempo que un 50 por ciento de los estudiantes dijo hacerlo “muy de vez en cuando”.

La clave será la formación docente

Desde agosto de este año, las autoridades educativas comenzaron a confeccionar el material técnico de cara a avanzar en la capacitación docente, mientras que el cambio de tecnología se aplicaría a principios del 2019; ello, en el marco del programa Secundaria 2030, que prevé una reforma educativa integral y que ha sido tan destacado como cuestionado por distintos sectores; por ejemplo, las escuelas técnicas.
Además, hay expectativa de que en la próxima edición de las Pruebas Aprender, que será en 2020, comience a notarse una tendencia al crecimiento en el área de matemática en todo el país; sin embargo, especialistas reconocieron que el mayor desafío será que los docentes puedan implementar el novedoso sistema, luego de varias décadas de utilizar un método educativo cuyos resultados han ido en declive y han obligado a volver a plantear modificaciones para mejorar los indicadores y el aprendizaje de las generaciones actuales.

Propiedad distributiva

El “método Singapur” ha sido empleado por varios países, e incluso reconocidas figuras como Jeff Bezos, presidente de Amazon y recientemente catalogado como “el hombre más rico del mundo”, lo ha utilizado con sus propios hijos.
También denominada “Enfoque de Maestría”, la metodología de dicho país para la enseñanza de matemática fue desarrollado en la década de 1980, cuando los profesores trabajan en equipos utilizando objetos y materiales concretos para en enseñar matemáticas.
A diferencia de como normalmente suele enseñarse dicha materia, el foco de dicho método está en la enseñanza del razonamiento lógico en lugar de la memorización del procedimiento, priorizando el proceso de aprendizaje por sobre el resultado.
Las clases usan objetos, fotografías y símbolos para modelar problemas utilizando bloques de colores para representar todo tipo de ideas, como fracciones, por ejemplo, a la vez que resulta común la incorporación de dibujos y diagramas; por ello suele considerarse un enfoque muy visual y, en algunas ocasiones, también auditivo.

Aprender más rápido y mejor

El método implica, básicamente, enseñar menos temas pero con una mayor profundidad, teniendo en cuenta que los estudiantes avanzan a un ritmo similar, ya que los profesores esperan a que todos aprendan un concepto particular, antes de avanzar al próximo.
Inclusive, estudios realizados por el Instituto de Educación UCL y la Universidad de Cambridge arrojaron que, a partir de dicho enfoque, ha habido mejoras en la velocidad de aprendizaje de las habilidades matemáticas; sin embargo, hay quienes se mostraron reticentes hacia el esquema de Singapur, como por ejemplo el investigador del Instituto de Educación de la University College London, John Jerrim, que sostuvo que “no hay evidencia de que sea el mejor enfoque” y que “hay alguna evidencia limitada de que sería un poco más efectivo que el status quo en algunos países occidentales como Inglaterra; pero los efectos parecen ser relativamente pequeños, y todavía no sabemos sobre su impacto en el largo plazo”.

Cómo reproducir el método “en casa”

En Occidente, algunos elementos del enfoque de Singapur fueron incorporados en otras metodologías de enseñanza, tanto en el ámbito de la escuela como así también, en la casa.
Uno de los métodos más utilizados es que los padres estimulen a sus hijos a conversar sobre cómo llegaron a un resultado, a repasar el proceso, los errores, los aciertos y las ideas que al pequeño se le ocurrieron en el camino hasta alcanzar el resultado.
El objetivo es que lo verbalicen usando frases completas, haciendo dibujos o construyendo modelos con cualquier material doméstico, mientras que el papel de los progenitores es reconocer el esfuerzo que los niños hicieron en tratar de llegar a la solución, más que en decir la respuesta correcta.
Otra forma sencilla de aplicar el Modelo Singapur es transformar las cosas de la vida diaria en conversaciones matemáticas; entre las sugerencias del enfoque, también está la práctica de mirar un mismo objeto desde distintos puntos de vista o llegar al mismo destino usando diferentes caminos.

Derivaciones del esquema

En China, por ejemplo, se utiliza el método “Maestría de Shangái”, similar en algunos aspectos al de Singapur y en el cual las clases giran en torno a un concepto matemático específico, antes de avanzar hacia ideas más complejas; todo ello, siguiendo una progresión lineal.
Los niños no son agrupados según sus habilidades intelectuales, sino que todos estudian al mismo tiempo el principio básico que deben aprender en la clase y ninguno da el siguiente paso hasta que todos sus compañeros lo hayan aprendido.
Los críticos de esta metodología argumentan, no obstante, que el hecho de conformar una clase más “igualitaria” disminuye el incentivo de los alumnos más capaces.
La discusión principal radica en que la educación actual apunta hacia el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico y el creativo, además del trabajo en equipo, para resolver desafíos cotidianos y para generar habilidades sociales en ambientes más libres e interactivos.