Temperaturas extremas de hasta 450 grados de día y -180 por la noche, 10 veces más radiación solar que en la Tierra y 20 veces más radiación infrarroja. Así se las gasta el pequeño Mercurio, el planeta más cercano al Sol y el más misterioso de nuestro sistema solar. La nave espacial BepiColombo pondrá rumbo en la madrugada del sábado hacia este mundo extremadamente hostil y apenas un poco más grande que nuestra luna para intentar responder a algunos de los numerosos interrogantes científicos que lo rodean. “Es un planeta muy, muy peculiar, con muchos aspectos que no se han visto en otros lugares del Sistema Solar”, aseguró Mauro Casale, físico de la Agencia Espacial Europea (ESA) y jefe de desarrollo del segmento de tierra científico de esta misión.
En el puerto espacial europeo de Kourou, en la Guayana Francesa, BepiColombo está ya ensamblada en el imponente cohete Ariane 5 -de casi 60 metros de altura-, desde el que, si no surge algún contratiempo que obligue a posponer el lanzamiento, despegará a las 3.45 horas del sábado (hora peninsular española).

Supervivencia

Para que pueda sobrevivir durante al menos un año trabajando tan cerca del Sol, la ESA y la agencia espacial japonesa (JAXA) han blindado a los dos satélites que conforman la misión (uno europeo y otro nipón) con componentes y materiales tan novedosos que han sido diseñados específicamente para ella: “El 83 por ciento de la tecnología que se ha implementado en BepiColombo es nueva, por eso se trata de una misión muy complicada. Ha habido que probarlo todo”, señala Sara de la Fuente, ingeniera aeronáutica y coordinadora de planificación científica y operaciones de BepiColombo en el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) de la ESA, en Madrid.
Un material cerámico multicapa de 2,5 centímetros de espesor, revestido en su parte exterior con aluminio y en el interior con titanio, le permitirá lidiar con las altas temperaturas cuando llegue a Mercurio, el 5 de diciembre de 2025. Además, el satélite europeo lleva un radiador para disipar el calor que podría acumularse y afectar a los instrumentos científicos, mientras que la antena que usará para comunicarse con la Tierra va recubierta de una pintura especial para que no se queme. También sus celdas solares han sido diseñadas para ella y su tecnología será incorporada a la futura misión Solar Orbiter, que viajará al Sol y cuyo lanzamiento está previsto para 2020.

Propulsión eléctrica

“No sólo mandamos un satélite, sino dos, junto a un módulo de transferencia que usa propulsión eléctrica en vez de propulsión química para permitirnos llegar a Mercurio. Será la primera vez que se use en una misión interplanetaria. Para poder poner los dos satélites en órbita alrededor de Mercurio, necesitamos llegar con una velocidad relativa a Mercurio prácticamente de cero. Para conseguir que los satélites sean capturados hay que ir reduciendo la órbita. Y como es un viaje muy largo y hay limitaciones de peso, la única forma viable es la propulsión eléctrica”, resumió De la Fuente, que asegura que, desde el punto de vista energético, “es más fácil ir a Plutón que a Mercurio; es decir, ir hacia fuera del Sistema Solar que hacia el Sol”.

Casi 2 mil millones de euros

Las complicaciones técnicas también han contribuido a disparar el coste de BepiColombo, bautizada así en honor al científico italiano Giuseppe Colombo, fallecido en 1984 y cuyos cálculos fueron decisivos para diseñar las misiones a Mercurio. De los 650 millones de euros presupuestados en 2007 se ha pasado a los 1.700 millones que finalmente se van a invertir en su fabricación y en operar la nave hasta 2028. La ESA pone 1.300 millones, la agencia japonesa 130 y los instrumentos científicos suponen otros 270 millones, según detalló Casale. “En absoluto 1.700 millones son muchísimos para una misión de estas características. Es lo que se gastan los cuatro mayores equipos de Fórmula 1”, comparó el físico italiano.