Por Juana de Arco*

Cuando el gobierno y la economía de un país es un descalabro, un Presupuesto es apenas una carta de buenas intenciones, un ´dibujo´ a mano alzada para justificar la necesidad de dinero que se pide prestada. Sucede con la convivencia de los necesarios dos cash-flow empresarios (el ´real´ y el ´mentiroso´) y sucede con la percepción individual de ´cómo nos va en la vida´, esa síntesis misteriosa que se suele apretar cuando se encuentran dos viejos conocidos después de 20 años y cada uno desciende de un automóvil de alta gama, pero en la cajuela disimula varios ´muertos´ o por lo menos ´fantasmas´ de posibles desastres económicos financieros personales y psicológicos.
Hoy es casi seguro que salga el Presupuesto 2018 literalmente entre ´gallos y medianoches´ dado los efusivos discursos que todo indican terminarán con manos arriba muy de madrugada. Luego, habrá un día para el catarseo y para el duelo de la abducción de la necesidad extrema que convirtió en entes de la coyuntura a casi todos los partidos políticos, y el viernes llegará el día de la verdad, el de terminar en manos de los prestamistas internacionales ´más peligrosos que ambulancia sin sirena´, en el marco de una emergencia de emergentes, y en ropa interior.

Un organismo inmunizado contra la pobreza

Dice Álvaro Aurane que no es una buena idea recurrir a los prestamistas globales, en un artículo que vale la pena reseñar. Es que “el mundo que vio nacer al Fondo Monetario Internacional estaba inmerso en la II Guerra Mundial. Y antes de que estallara esa conflagración había detonado una guerra económica, alimentada por los nacionalismos pero también por las políticas de retraimiento de los países, como reacción a la devastadora Crisis de 1929, lo cual segó todo vestigio de solidaridad económica, monetaria y comercial.
Los representantes de 44 países se reunieron en 1944 en la localidad estadounidense de Bretton Woods para concebir un nuevo orden económico mundial. Lo que gestaron, de hecho, fue un nuevo sistema monetario internacional. Uno en el cual el oro se mantuvo en el centro de la escena, y en el que cada moneda debía ser cotizada por su peso en ese metal (EEUU tenía las dos terceras partes de las reservas mundiales). Cada país se obligó a establecer la convertibilidad de su moneda en otras (es decir, abolir el control de cambio) y a garantizar su estabilidad (que las variaciones no superen el 1% diario). A la vez, cada Estado acordó mantener el equilibrio de su balanza comercial, para conjurar fuertes procesos inflacionarios.
El FMI nació, justamente, como encargado de procurar a los países miembros con desequilibrio en su balanza, los recursos para afrontar sus obligaciones, respecto a un orden establecido por los que más tienen. Es decir, financiar déficits transitorios.
Si bien esta génesis define la funcionalidad del organismo, también enseña otros perfiles limitantes. Por caso, lo concebido fue más una respuesta a la crisis de la década del 30 que una anticipación a cómo evolucionaría la segunda la mitad del siglo XX. Y la gran diferencia con 1929 es el excepcional enriquecimiento de EEUU, que dejará atrás el aislacionismo para jugar a fondo en la reconstrucción de Europa, con el plan Marshall, a partir de 1948.
Justamente, con el Programa de Recuperación Europea, EEUU no planea restaurar la economía del Viejo Continente, sino fundar una. Ahí comienza la cantinela de que lo plantean es políticas “de saneamiento” basadas en la contracción del gasto público, equilibrio presupuestario, estabilidad monetaria, beneficios para inversores y sistema fiscal que estimulara esos beneficios y esas inversiones, y bla…bla…bla…
Esto trajo aparejado reducción de gastos en la seguridad social, salarios bajos, consumo resentido para las clases obreras y desempleo. Algo de lo que en Argentina ya conocemos, pero conoceremos mucho más en profundidad.
En todo caso, el advenimiento del Estado de Bienestar solapó estos efectos, pero el FMI (que perduró más allá de ese ciclo dorado del capitalismo) mantuvo estas recetas con escasa tolerancia al cambio, pese a las críticas de décadas: políticas de austeridad en las economías periféricas, sin flexibilidad y con mucho resultado negativo.

Cuando se devalúa la imagen en el espejo

Esto, por cierto, fue reconocido por el propio FMI en 2011, cuando hizo una feroz autocrítica de su papel durante la gestión de Rodrigo Rato (2004-2007), y admitió no haber previsto el descalabro de 2008, la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión. Qué trágica ironía: el FMI fue concebido para conjurar la reedición de ese escenario. El “mea culpa” asumió la existencia de un devastador doble estándar: el “Fondo” era muy severo con los países emergentes, pero se mostraba complaciente con los países ricos, en especial Estados Unidos, epicentro de la crisis… y lugar de nacimiento del organismo internacional.
Pero el FMI fue perdiendo predicamento y gravitación mucho antes de que sus deficiencias internas y la autocensura de la primera década de este siglo evidenciaran sus fracasos. Y mucho después de que las críticas ideológicas lo golpearan desde todas direcciones. Mientras la izquierda le facturó incansablemente los estragos sociales de las políticas fiscales que recomienda, nadie menos que Milton Friedman (asesor en los 80 de los gobiernos de Ronald Reagan y de Margareth Thatcher) decía en 2012, a los 90 años, que el mundo necesitaba libre mercado y no más un FMI que era responsable del caos económico con su intervención, que incluía subsidiar a bancos privados norteamericanos con dinero de los contribuyentes.
Advierte meridianamente el economista tucumano Víctor Elías que el FMI fue perdiendo peso en la medida que fue ganándolo el mercado de capitales de los Estados Unidos. En su metáfora geográfica, en la medida en que el poder fue mudándose de Washington (sede de la Casa Blanca) a Nueva York (sede de Wall Street).
Según la página web del FMI, hoy “es administrado por 189 países”. Lo que equivale, como analiza Elías, a que ha adquirido, subsidiariamente, roles de las Naciones Unidas, que cuenta 193 miembros. Sin embargo son pocos los “éxitos” a mostrar. “En el contexto latinoamericano diría que los programas de ajuste estructural del FMI tienen un record muy problemático”, afirmó a BBC Mundo Diego Sanchez-Ancochea, profesor de economía de la Universidad de Oxford, en Reino Unido. No sólo de los prestamistas globales no se sale fácilmente, sino muchas veces no se logra ver en vida tal hecho. Así les sucedió a numerosas generaciones de laburantes.

A un día de la noche de bodas

Ahora si todo sale como ellos lo planearon, este viernes el Fondo Monetario Internacional (FMI) deberá aprobar el crédito por más de 50 mil millones de dólares pedido por el Gobierno de Mauricio Macri. Para obtener el préstamo, el Gobierno suscribió un Memorándum de Políticas Económicas y Fiscales, “diseñado” por las autoridades argentinas “teniendo en cuenta [la] situación política, económica y social actual”. Y para eso se requería el Presupuesto 2019, o sea la ´carta de buena voluntad´ que nos atará y que esperaban ansiosos los gallos, ayer a la medianoche.
Dicen que en total, la administración de Mauricio Macri —que finalizará en diciembre de 2019, a menos que sea reelecto— recibirá hasta 29.600 millones. El resto irá para el posterior mandato hasta completar la entrega en 2021, según el documento mencionado.
El préstamo estará condicionado a una serie de metas que el Gobierno se comprometió a alcanzar, como la reducción del déficit fiscal, una baja de la inflación, la libre flotación del dólar y una política monetaria restrictiva. Para eso, el Gobierno argentino ha indicado la eliminación de subsidios a servicios públicos, la no contratación de empleados públicos y la supresión de algunos cargos, entre otras medidas; además de ajustar y controlar a las 23 provincias, más allá de sus ´autonomías´ humeantes.
Los 50.000 millones de dólares no serán concedidos a la ligera: el país deberá someterse a un escrutinio constante del FMI. Día a día, Buenos Aires deberá transmitir al órgano los indicadores, particularmente ante el “desvío de las metas convenidas en los planos financiero y cambiario”, según indica Infobae. Cualquier cambio deberá ser informado al FMI, en particular a su economista jefe del Hemisferio Occidental, Alejandro Werner y su número dos, Nigel Chuck. Sin embargo, el encargado de monitorear la información será Roberto Cardarelli, un reconocido economista italiano que forma parte de la plantilla de la entidad. Cada trimestre, Argentina recibirá hasta 2.900 millones de dólares, salvo en el primer tramo, que tendrá 15.000 millones a disposición. Para culminar el cronograma de pagos en tiempo, el Gobierno está supeditado a una serie de restricciones, particularmente en lo que respecta a las tasas de interés o a los montos que destina para evitar volatilidades del tipo de cambio. Es más, la oficina del FMI funcionaría incluso en el mismísimo edificio del Banco Central de la exrepública Argentina. Te quedó claro? A propósito el universo es tan perfecto que no podemos decir que no lo advirtió: Saben que significa “La garde” en francés? Significa ´la custodia´, ´la guardia´…No aprendemos más, porque no nos detenemos a escuchar en realidad, no?

*Soy Juana de Arco, y ceniza de tantos…

Fuentes: La Gaceta, BBC, Infobae, FMI, Sputnik, propias