En un año en el que la inflación no da tregua y que viene manifestando niveles considerablemente elevados, los productos alimenticios son los que verifican aumentos superiores al promedio de los demás bienes y servicios de la economía argentina. Asimismo, aquellos elementos esenciales son los que se han incrementado en mayor medida, por lo que los sectores de menos recursos son los más golpeados por la actual crisis económica. Además, la falta de políticas públicas por parte del Gobierno Nacional genera preocupación en los grupos sociales más vulnerables, ya que ven disminuida la posibilidad de llevar adelante el consumo más esencial.
Si bien el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) reveló que en septiembre la inflación fue del 6,6% y la tendencia de precios de los últimos meses fue incontrolable. El 24,3% de inflación acumulada en los primeros ocho meses del año se convirtió en el antecedente de un último cuatrimestre de 2018 en el que las subas, según prevé un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), serán “exorbitantes”.
Además del traslado a precios de la devaluación actual y de la pasada, también hay que sumar los incrementos de octubre en gas, que será del 30% promedio y que no tiene ninguna relación con la polémica por la devaluación de las empresas de este sector, y en transporte, del 10% promedio.

Sectores más vulnerables

Como se dijo anteriormente, la suba acelerada de precios afecta de manera más directa a los primeros deciles en la distribución del ingreso. Al respecto, la UNDAV destaca que “sin mayor posibilidad de cubrirse en entornos de alta volatilidad, los sectores populares destinan buena parte de sus ingresos a la adquisición de productos alimenticios y derivados”.
Por lo general, los alimentos y bebidas aumentan más que el resto de bienes y servicios de la economía en un entorno de alta inflación. Al interior del conjunto de alimentarios, son los más básicos y esenciales los que suelen verificar un mayor incremento. En tanto, ocurre que otros alimentos, orientados a segmentos “premium”, suelen destinar mayor porción de sus costos de fabricación a componentes menos importantes del producto, como puede ser el marketing.
De esta manera, en contextos de recesión, como el que se está viviendo actualmente en nuestro país, los fabricantes de estos ítems cuentan con posibilidades de disminuir parte de estos costos como alternativa a la caída de la demanda. En contra partida, con los productos de alimentación esencial no sucede lo mismo, ya que estos se caracterizan por provenir de cadenas de valor corta, donde los márgenes empresarios son bajos, por lo que es prácticamente inevitable que no se trasladen la inflación de los costos al precio final.

Factores inflacionarios

En tanto, el nivel general de precios, medido por el IPC nacional, acumula un alza de 24,3% en lo que va del año y llega a 34,4% en los últimos 12 meses. Específicamente, en los primeros meses del periodo, el principal traccionador del alza de precios estuvo dado por las enormes subas de servicios básicos. Esto impactó en la inflación por su peso propio, pero también por tratarse de insumos para la mayoría de empresas que se vieron obligadas a trasladar a precios el incremento en sus costos.
En cambio, durante 2018 y sobre todo los últimos meses la escalada de precios se ha acelerado al ritmo del alza en el tipo de cambio. La fuerte devaluación tuvo un inminente pase a precios en una economía que cada vez tiene más relación con el precio del dólar. Desde las tarifas de servicios básicos, el combustible o los alimentos tenían motivos para subir los precios internos por el alza de la divisa estadounidense.

Influencia de la devaluación

Si bien la inflación se desarrolló durante todo el año, como se remarcó anteriormente, uno de los puntos de quiebre que se dio en 2018, produciendo un aumento de precios considerable fue la devaluación que comenzó entre abril y mayo, generando que el precio de los alimentos reaccione con un alza mucho mayor al nivel general y en particular a otros bienes asociados a consumos de sectores de mayores ingresos. Esto significa que no sólo se alcanzaron números de inflación históricos, sino que también esta suba de precios tiene características regresivas.

Segundas marcas

Asimismo, el aumento promedio del 39,2% se ve potenciado en los segmentos típicos de consumo popular. Con mayor participación de los costos variables en el precio final del producto, son típicamente las segundas marcas las que más se ven impactadas por los procesos de inflación de costos. En contrario, el segmento “premium” ha sido el que menor rango de aumentos presentó. La mayor flexibilidad para reducir costos fijos, tanto como cierto efecto “disciplinamiento” por caída de la semana, inciden en este resultado, según destacan desde la UNDAV.

Gobierno de Chubut