Ann Moxey es presidenta de la Fundación Parinaama, que lleva adelante actividades relativas al manejo del estrés y herramientas del yoga, orientadas a personas en situación de vulnerabilidad, principalmente en Argentina, México y Uruguay. La titular de la Fundación fue una de las disertantes durante el Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) realizado en Trelew y Pueerto Madryn el pasado fin de semana, y actualmente trabaja con reclusos de tres sistemas penales diferentes, el argentino, el mexicano y el uruguayo; inclusive, muchos de ellos se han convertido en maestros e instructores de yoga, y llevan adelante una importante tarea que apunta a la reinserción de los presos a partir del empoderamiento de su creatividad detrás de las rejas; acaso, una metodología contraria al que lleva adelante gran parte del sistema carcelario, cercado bajo la premisa de “vigilar y castigar”.
La especialista, que también es periodista, fue corresponsal para medios internacionales durante varias décadas y, mientras trabajaba como corresponsal en “Biz News”, agencia británica que luego llevaría el nombre de Reuters, debió exiliarse en el año 1979 durante la dictadura militar argentina.
“Habían desaparecido a dos camarógrafos y colocaron una bomba en el edificio en el que trabajábamos, por lo que Londres decidió cerrar la oficina y movernos a todos; luego, mudaron la misma a Río (de Janeiro, Brasil), yo hice carrera en Londres y eventualmente me mudaron para que me hiciera cargo (de la agencia), como la primera mujer en dicho puesto para América Latina”, reflexionó Moxey, quien transitó varias etapas “bisagra” de la historia local e internacional para luego radicarse en México, donde asistió a la Universidad y se formó en Psicología, con una especialidad en adicciones y otra en tanatología.
Además,, “me fui entrenando en tres escuelas diferentes como maestra, instructora de yoga y formo maestros en un tipo de yoga que se encuentra socialmente comprometida, donde se les exige horas de servicio social a quienes se entrenan”, recordó.

Diario: – ¿Cómo describiría la experiencia de trabajar con reclusos?
Ann Moxey: Hay una experiencia muy tremenda respecto a los que están en el sistema penal, ya que casi todo el mundo en México ha sufrido algún tipo de violencia, por lo que ven a los reclusos como gente que “se tiene que pudrir en la cárcel”, por nombrar alguna de las expresiones más comunes. Entonces, pocos están interesados en apoyar lo que estamos tratando de hacer, que es llevar una transformación real y un empoderamiento para que la persona pueda realmente tomar las riendas de su vida nuevamente, una vez que se conoce mejor a sí misma, maneja su estrés y ya no está fuera de control.

D: – Con respecto a la experiencia en Uruguay, ¿se refiere a la cárcel de Punta Rieles, que tiene uno de los porcentajes más elevados de reinserción en América Latina?
AM: Sí. Allí tenemos a Pamela Martínez, quien incluso recibió un premio de la Organización de los Estados Americanos (OEA) el año pasado por el trabajo que viene realizando, además de que hay una actitud muy abierta de las autoridades que lo apoyan, a diferencia de México. Ella ha logrado convencer a las autoridades (de Uruguay) un ‘Yalla’ de Yoga dentro del penal. Tienen una visión diferente a la de ‘picar piedras’.

D: – ¿En el caso de México, la cultura respecto de los presidiarios hace más difícil el trabajo?
AM: Mucho más difícil, y sostenemos nuestro trabajo de puro corazón, aunque con cambios increíbles. Empecé a ver el interés (de los reclusos) y que estaban mejorando muchísimo. Por eso, decidí dar el primer instructorado de maestros de yoga dentro de un penal. De hecho, en ese país tenemos a diez ex internos dando clases en varios lugares, como por ejemplo tutelares de menores similares al Centro de Orientación Socio Educativo (COSE) de Chubut, el cual también visité en estos días. Es general un trabajo sensible, con chicos que en algunos casos son multihomicidas. Hay un lugar que se llama ‘Cuarón’, en México, donde hasta los guardiacárceles tienen pasamontañas, y ahí está dando clases uno de mis alumnos, que se formó en yoga, Fredy Díaz Arista, quien es nuestra tarjeta de presentación ya que ha hecho un cambio de 180 grados (es ex convicto e instructor), está trabajando en tres tutelares y visitando otros penales, además de dar charlas. Vino a Argentina hace algunos años a uno de los penales de alta seguridad, a través de una ONG, cuyo trabajo se realiza en cada vez más pabellones en San Martín, provincia de Buenos Aires.

D: – Es común que la gente quiera que los detenidos la pasen realmente mal dentro de prisión, pero luego se pretende que, una vez fuera de ella tras cumplir su condena, no vuelvan a reincidir. ¿Es necesario un mayor foco en los reclusos desde lo institucional para mejorar las condiciones y la reinserción?
AM: El paradigma ya cambió. Lo que pasa es que hay cierta resistencia y, en México en particular, estamos dando marcha atrás. El paradigma es de cambio, tanto para quienes están en situación de reclusión como así también, para quienes están en otro tipo de prisión o en una situación doble, que es tener una adicción y estar encerrados. Los que están con una adicción pero fuera de la cárcel, también están de algún modo ‘presos’ como los que están adentro. Pero, realmente, en la medida en que se puede trabajar con ellos, ofrecerles algún tipo de rehabilitación, es algo que sirve mucho. El yoga produce neurotransmisores que reemplazan a los que se han estado metiendo desde afuera; son los químicos que ya tenemos y no tendría efecto sobre nosotros una planta de afuera o un precursor químico, si no fuera que ya lo tenemos adentro. Tenemos químicos muy parecidos adentro, pero (en los casos de dependencia) el cerebro confunde uno con otro, empieza la adicción y la persona depende de aquello que se está metiendo de afuera. Con el yoga, se producen neurotransmisores desde adentro hacia afuera y por eso se puede “desenganchar” a las personas de las adicciones, eventualmente y si quieren. La pregunta siempre es “qué hago con el adicto que no quiere”, quien generalmente puede llegar a tocar fondo y, para cuando lo hace, puede estar muerto.

D: – ¿Qué se puede hacer en este tipo de casos?
AM:Tenemos que llevar recursos y darles algún tipo de entrenamiento y educación para que puedan hacer ese cambio, porque solitos y encerrados es peor. Muchas veces, están recluidos con personas mucho peor que ellos, y otras ni siquiera han tocado nada en su vida, no han probado ninguna droga, y dentro del penal lo empiezan a hacer. Incluso, para colmo de males, en Tabasco, donde está una de mis alumnas trabajando, me acaban de informar que se fue del mismo porque ya no es que llegan las drogas desde afuera hacia dentro del penal, sino que, ahora, están vendiéndolas desde adentro hacia afuera, con la anuencia de las autoridades. Está muy difícil.

D: – Fue convocada como disertante en el Encuentro Nacional de Mujeres. ¿Sobre qué temáticas se trabajó durante el taller?
AM: Con Marcela (por una de las organizadoras y colaboradoras del evento, residente en Puerto Madryn) somos colaboradoras de letras desde antes de que yo me fuera del país. Ella está muy involucrada en la movida de concientización, y yo tenía todas las intenciones de venir a verla, pero justo coincidió con el Encuentro. Entonces, me puse en contacto con quienes organizan, que sabían lo que estamos haciendo y estaban más que encantadas, por lo que la presentación giró en torno a nuestras actividades en México, Uruguay y Argentina, bajo el título de “Creas o consumes”.

D: – ¿Se busca potenciar las habilidades creativas?
AM: Básicamente, el marco teórico desde donde enseño es de la filosofía tántrica, que plantea que todos venimos a crear. Eso es lo que estamos haciendo en los penales, volver más creativos a los que están allí dentro, darles los recursos para hacerlo y, básicamente, poder empoderar en lugar de castigar, porque ese modelo ya pasó. Es una lástima que solamente en México estén volviendo a ese modelo por la influencia de Estados Unidos, que ofrece una “certificación” a las cárceles que usan el modelo de ellos, el cual ya está totalmente pasado de moda y rebasado en el tiempo. Todos nos hemos dado cuenta de que no funciona.

D: – Suena algo similar a lo que sucede con la “guerra contra el narcotráfico”, que ha demostrado un recrudecimiento de la violencia y un aumento del flagelo, dado que se aborda el consumo desde un concepto policial y no sanitario.
AM: Claro, es lo que planteamos nosotros. Desde (Noam) Chomsky en adelante, siempre se ha dicho que la “guerra contra las drogas” no ha servido de nada, están super derrotados, incluso en México. El país se ha llenado de armas gracias a la “guerra” contra las drogas y no ha hecho más que elevar las cifras (de víctimas) a posiciones nefastas. Muchísima gente ha muerto en esos ajustes de cunetas entre narcos, entre las autoridades y narcos, entre las autoridades coludidas por los narcos. Es una cosa terrible, no sirvió de nada y lo que nosotros proponemos, que es lo que también propone Chomsky, es básicamente la prevención. Darles los recursos para manejar el estrés, educarse, conocerse mejor para no estar en esa repetición automática de más violencia, más reactividad, sin considerar lo que realmente está pasando, cómo están ellos, cómo se sienten, etcétera. Esa concientización es indispensable.

D: – ¿Cómo se convence, en este caso a un recluso, de que haga algo por sí mismo cuando se observa que, en el contexto de encierro en el que está, nadie hace nada por él, ni siquiera el propio sistema carcelario?
AM:: Los compañeros o compañeras que ya están tomando los cursos de manejo de estrés, yoga y prevención de adicciones, se dan cuenta de cómo se sienten luego, cuando baja el estrés y se siente el bienestar, equilibrio al que apuntamos nosotros. Lo cierto es que todos estamos entrando y saliendo del equilibrio todo el tiempo, y no es que logremos equilibrarnos, como muchas veces, poner la mente en blanco, “no pensar” y demás. Sería un disparate. Todo está en movimiento y todo es energía creativa. Entonces, aunque a uno le lleguen pensamientos (negativos) y demás, debe hacer espacio y dejar que pasen, aprendiendo a respirar, entre otras cuestiones.

D: – ¿Qué relación existe entre las actividades que lleva adelante la Fundación Parinaama y el “mindfulness”, que tan de moda está actualmente?
AM: Una muy importante. El mindfulness viene del budismo y es muy útil, pero en yoga tenemos ocho ramas, no es solamente meditación, concientización o concentración de la mente, sino que hay bases éticas, que son importantísimas y que llamamos “la psicología del yoga”. Luego, están las posturas, que producen neurotransmisores específicos tan útiles en el caso de las adicciones. También, están las prácticas de respiración con un efecto increíble para recalibrar el sistema nervioso central, y hay otras ramas, de retracción de los sentidos y demás. Por último, también está la meditación que podría llegar a estar dentro del mindfulness. Pero hay mucho más. Se dice que todo lo que es “hatha yoga”, las posturas y la respiración, preparan para la meditación, sin necesariamente sentarse “en seco”, que es lo que le falta al mindfulness. En algunas ocasiones, éste último incluye instrucciones para la postura, y la persona necesita saber moverse dentro de lo que es la gravedad y el efecto que está teniendo la misma sobre el cuerpo, además de la respiración. Pero, además de eso, en yoga se mueve el cuerpo, se para de manos, y un montón de cosas que suben la energía y la tranquilizan. Eso es lo que enseñamos (desde la Fundación), cómo usar el yoga para subir, bajar y nivelar, preparándonos para meditar sin sentarse de golpe a hacerlo. A su vez, hay otras disciplinas que son más tántricas y dinámicas, parecidas a las de concentración mental.

Municipalidad de Puerto Madryn