Por Juana de Arco*

Desde hace dos semanas el éxodo de “pobres” y oscuros rostros rodeando la casa Blanca y radiante del Príncipe del descontrol es una pesadilla que se va acercando terroríficamente a la realidad. Aunque 8 mil soldados norteamericanos esperen dispararle a más de 7 mil caminantes, la rueda karmática del despojo latinoamericano empezó a girar y cuando esas cosas suceden, no hay camino imposible. Las revoluciones del hambre son éxodos históricos, temidos, soñados por tantos `comandantes´ icónicos que buscaron en viajes liberadores en tierras ignotas, la construcción paso a paso de un mundo mejor. Recogiendo en selvas, valles, pueblos diezmados, seres desesperanzados, sumando corazón a tripa, la sinergia inalcanzable para domar al león y adiestrar al águila; porque esas, las cadena de la nada son irrompibles y tiran de los grandes cambios planetarios, a veces con costos altísimos, aunque siempre con mandatos superiores.
En estos días de política chicana y acuerdos de mesa chica, de rotura del estado de derecho en su más amplia expresión, el ciudadano de a pie necesita más que nunca mirar por la ventana del mundo. Después de la vuelta al perro de la Galesa al Indio en Madryn, después de enfilar por Yrigoyen uniendo ridículamente la réplica de la estatua de la Libertad con el puente corroído del río Chubut en Trelew hasta alcanzar un shopping chileno; después de llegar a Fontana 50 atravesando antes una laguna negra que sólo se huele cada cuatro años y que afortunadamente parece sombra de sauce llorones que enfilan la José Sáenz; o después de subir a la Z de Esquel que en realidad ya es una gran i griega con signo de interrogación en términos de futuro, o tal vez después de seguir encontrando pedazos de gente en las calles de Comodoro sin sorprenderse demasiado, siempre y cuando no se desvíe de la doble trocha que conduce a Rada Tilly, claro. Después de estos recorridos casi rutinariamente alienantes en la aldea propia globalizada apenas por el smartphone, sería bastante piola que empecemos a mirar más el mundo a los ojos. Por ahí, la sorpresa, que es la madre de la inquietud nos reacomoda un poco el GPS de las decisiones y nos devuelve a aquella baldosa de la solidaridad y la movilización que funge en la propia vereda y que alguna vez existió en nuestras comunidades. Por ahí, aprendemos algo de los procesos globales y atajamos a tiempo los exilios propios.

Desde hace más de dos semanas, miles de personas procedentes de Honduras, El Salvador y Guatemala intentan llegar al sur de Estados Unidos, lo que ha despertado nuevamente la retórica antinmigrante del presidente de Estados Unidos. Comenzaron a caminar de a miles, se juntaron por cadenas de mensajes a través de Twitter y Watssap. Llevan lo puesto y algun bolsito, niños en brazos, mujeres embarazadas, hombres maduros, adolescentes que van solos y se juntan como manadas espantadas por la incertidumbre del crecimiento sin mundo que los contemple. Las llaman caravanas, pero son verdaderos éxodos humanos y según expertos mundiales, solo la cara visible y mediática de un problema mayor.
De acuerdo con cifras oficiales del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés), durante el último año se reportó un incremento de 61% en ingresos irregulares de hondureños a ese país, mientras la cifra de entradas regulares se incrementó un 223%. Pero porqué sucede esto? Porque el saqueo de las grandes corporaciones, el histórico vaciamiento de América por Europa y luego el colonialismo norteamericano han devastado los riquísimos países que hoy no pueden garantizar la vida de sus habitantes, y tampoco lo intentan. La complicidad política interna de gobiernos de turno con estos planes globales de sometimiento, han hecho explotar a las masas sin necesidad de líder, ni más lema que migrar a donde se vive bien a costa nuestra.
A través de los años, la mayoría de los migrantes hondureños han asegurado que escapan de la falta de empleos, la pobreza y la violencia que se vive en su nación. Pero muchos de ellos alegan ahora también que tratan de huir de lo que consideran un empeoramiento de las condiciones de vida con el actual gobierno de Juan Orlando Hernández, el primer presidente reelecto en Honduras desde el regreso de la democracia. La inestabilidad política que siguió el polémico resultado de elecciones celebradas el pasado año (cuestionadas por supuesto fraude por la oposición) y medidas económicas y políticas extremadamente desiguales fueron un factor determinante entre las causas de la actual caravana.
Es que Honduras ha venido reportando un crecimiento económico que va por encima del promedio centroamericano. Desde 2014, se logró reducir el déficit fiscal del 7,9% del PIB a 1,2%, como resultado de un “muy cuestionado, pero necesario” ajuste impositivo; y el salario mínimo ronda los US$400, uno de los más alto en Centroamérica. El problema es que no se reparte. Por lo que más del 50% de la población no tiene de que vivir, y el ajuste sí se ha aplicado sobre el 100%. Como si fuera poco, la muerte los acecha por corrupción en la salud pública, por hambre y también por violencia. La tasa de homicidios por día es de unas 40 personas cada 100 mil. Una tasa “escandalosa” si se tiene en cuenta que la media mundial para países que no están en guerra es de 12 muertes por cada 100 mil habitantes. Por eso la gente decidió huir del exterminio, por eso camina hacia una tierra ni prometida ni que les apasiona, sino la que está disfrutando de sus despojos y usufructuando de su presente, la que vive bien.

Carabinas impiadosas

A la avanzada de esta `horda hambrienta, espantada, sudaca y maloliente´ el nerviosismo del cotolengo pentagonal se va convirtiendo primero en estrategia, luego en táctica, mas tarde en política, y hasta se recicla en futura película, donde el sangrado de Vietnam promete quedar chiquito. “Los inmigrantes están infestando este país” bramó esta semana Mr. President. Cuya primer medida `brillante´ fue separar a los niños de sus padres indocumentados. El campamento de tiendas de campaña de Tornillo, en Texas, por ejemplo, ya aisló a cientos de niños en la más despiadada soledad. “No quiero niños separados de sus padres”, dijo Trump. “Pero cuando procesas a los padres por venir ilegalmente, algo que debe pasar, tienes que quitarles a los niños”, intentó razonar, derrumbando todos los principios de política exterior y el culto a la `democracia´ de la que hace gala su pueblo. La completó afirmando que EE.UU. no debería recibir inmigrantes de “países de mierda” como Haití, El Salvador o las naciones africanas, sino de Noruega. Pero cuando se le pasó el efecto, también agregó que quería “poner fin a la crisis fronteriza” al proporcionar a los funcionarios de la frontera los recursos para “detener y deportar a las familias de inmigrantes ilegales juntos”. Aunque autoridades de inmigración estadounidenses confirmaron que en los hechos, ya 2.322 niños fueron separados de 2.206 padres desde el 5 de mayo hasta el 9 de junio, en el marco de la campaña de “tolerancia cero” contra la inmigración ilegal presentada por el Fiscal General de Estados Unidos, Jeff Sessions. El tipo rechazó las acusaciones de que los centros de detención para niños migrantes separados de sus padres eran como campos de concentración nazis, ya que los colocan en jaulas. “Bueno, es una verdadera exageración, por supuesto”, dijo el jefe del Departamento de Justicia a Fox News. “En la Alemania nazi, evitaban que los judíos abandonaran el país”. “Básicamente, estamos haciendo cumplir la ley. Afortunadamente la gente recibirá el mensaje y no cruzará la frontera ilegalmente”, especuló en voz alta.
Nada más lejos mister…pensaban las caravanas futuras. De hecho, además de los más de 7 mil inmigrantes se está concentrando por redes una nueva caravana para la primera quincena de noviembre que seguirá los pasos de las dos anteriores.

Agarráte este muro

Desde el inicio de su mandato, las provocaciones dictatoriales de construir un muro en la frontera entre EE.UU. y México caracterizaron el estilo de este sobresaltado líder que no soñó ni Nostradamus. En realidad además de esa esquizofrénica idea tenía otras peores, aumentar los gastos de defensa, suprimir programas de asistencia, seguir saqueando otros países, y generar el famoso enemigo externo con el que el Tío Sam supo argamasar la flema yanqui desde siempre. El 5 de septiembre pasado, exactamente, Trump comenzó una cuenta regresiva para poner fin al programa que proporcionaba un estatus inmigratorio legal temporal a cientos de miles de inmigrantes indocumentados que fueron llevados a EE.UU. cuando eran niños. Desde entonces, 100 personas por día comenzaron a perder la protección del programa aprobado durante el gobierno de Barack Obama, llamado Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) y hasta se busca la excusa para deportarlos.
Este es el escenario en el que Estados Unidos se prepara para las elecciones intermedias (o de medio término) que son el martes próximo, 6 de noviembre, donde se definirá cómo será la segunda parte del gobierno de Donald Trump. ¿Podrán los republicanos mantener su control unificado del gobierno de EE.UU. durante otros dos años bajo este cúmulo de obscenidades políticas, o recuperarán los demócratas el control de al menos una cámara del Congreso, dando un golpe a los objetivos legislativos más ambiciosos y peligrosos del poseído del norte? Podrán las balas detener las caravanas antes? Podrá el mundo conmoverse un poco más y ponerle límites al `amo´ de todo? Toda una definición.

Fuentes: El Salvador, BBC, NA, propias

*Soy Juana de Arco, y ceniza de tantos…