Por Juana de Arco*

Es increíble como el popular aforismo “La necesidad tiene cara de hereje”, puede llegar a resumir la mismísima integración de un frente político que ofrecerá su bendición seguramente al más confesional de los partidos en 2019. Porque en Latinoamérica sobre todo hay un jugador político insoslayable que mantiene la campaña y el atrio siempre resonante todos los días de los cuatro años que median entre un gobierno y otro, y esa es la Iglesia Católica. Esta semana un estudio del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) difundido la semana pasada, que hace rato no largaba estudios de “pobreza” uno de sus objetos de estudios dilectos, pone el foco en “la dimensión psicológica” de los condicionamientos económicos de la población adulta.
El informe ofrece variables que permiten un abordaje más integral de esta problemática social puesto que, a diferencia de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), no limita el análisis de esa situación a las variables vinculadas con los ingresos de las personas sino que incorpora la percepción subjetiva de los afectados sobre su propia situación de vida poniendo en discusión las respuestas que, desde el sistema de salud deberían ofrecerse. Según el informe, el 38,1% de las personas que viven en la pobreza indigente manifestó una baja o nula satisfacción con su propia vida mientras que, en el extremo opuesto, sólo el 14,9% de las personas sin problemas económicos reconoció padecer un sentimiento de las mismas características. El academicismo aplicado al hambre es casi obscenidad cuando no aporta más que conteo, afirman algunos entendidos en “ser humano”
Pero siguiendo con la vara consagrada desde la fe, el informe agrega que en el segmento más vulnerable de la población, el 36,9% se siente “poco o nada feliz” cuando, en promedio, un 29% de la población opina lo mismo de sí mismo.
Por su parte, un 34,2% de “los pobres (sic)” reconoció sufrir un “malestar psicológico” mientras que sólo un 15,4% del sector que no presenta problemas económicos reconoció atravesar una padecimiento de esa naturaleza.

La subjetividad del hambre

Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social, destacó que la importancia de realizar estudios de esta naturaleza reside en que “la salud pública y las políticas destinadas a atender a los pobres no atienden este fenómeno de bienestar subjetivo”. El fenómeno merece ser atendido toda vez que los niveles de pobreza tienden a incrementarse entre la población como lo demuestran otros datos oficiales que se conocieron esta semana: la Canasta Básica Total del Indec que mide el umbral de pobreza se apreció un 8,1% en septiembre cuando el IPC lo hizo un 6,5 por ciento.
Wolfgang Gil Lugo describe en “filosofía, filotiranía y hambre” como George Orwell desgarra en palabras los efectos de la inanición, la cual sufrió en carne propia durante sus vagabundeos por Europa: “El hambre te deja en un estado parecido a la convalecencia de una gripe, como si no tuvieses nervios ni cerebro. Es como si te hubieras convertido en una medusa, o como si te hubiesen sacado la sangre y la hubiesen reemplazado por agua tibia. Mi principal recuerdo del hambre es una absoluta inercia y la necesidad de escupir con frecuencia una saliva blanca y espesa”.
Ayer mismo en una panadería cercana, mientras esperaba mi turno por los bollitos para el mate, un escolar que apenas llegaba al mostrador se hizo paso entre los compradores y preguntó casi murmurando a la empleada “tiene algo para dar”. La mujer entre pesar, cobrar y embolsar, sacó discretamente de la trastienda una bolsa de facturas de días atrás y se la entregó sin que mediara más intercambio que el ´gracias´ sonoro del niño. Afuera, otros tres esperaban absortos que repartiera. Este gesto insignificante y parecido al que describe Gil, me hizo acordar de su ensayo donde se cuestionaba a sí mismo. “Mi gran pregunta es: ¿cómo puede un filósofo, o más modestamente o un profesor de filosofía, que ha desperdiciado su vida leyendo libros que nadie lee, ayudar a enfrentar la crisis alimentaria del país?

Todos espectadores

Hace unos años, en una revista estudiantil de la Escuela de Filosofía de la UCV, el profesor Federico Riu escribió un artículo titulado ´Help´. En el texto, el profesor se describía como espectador de un vecino que escuchaba la canción de los Beatles. Riu se preguntaba cómo podía ayudar un filósofo a una persona que se ahogaba en la incertidumbre y el temor a la muerte. Nos encontramos en una situación similar. La diferencia está en que no nos hallamos en presencia de alguien que solicita ayuda existencial a través de una canción pop, sino de personas que ruegan algo para comer”.

Del asno a la compasión

Coincido también con Gil en que “La filosofía no es tan superficial como algunos afirman. Se ha dicho que ‘El filósofo es aquel que, en un simposio sobre la pena capital, presentará un trabajo sobre la paradoja del ahorcado’. (James D. MacCawley). Si las cosas son así, cuando se plantea el problema del hambre el filósofo presentará un trabajo sobre el asno de Buridán, una analogía paradójica que describe al burro que se muere de hambre porque no puede decidir entre dos montones de paja idénticos. Un recurso imaginativo para exponer el problema lógico de cómo un decisor se queda paralizado ante dos opciones iguales.
Pero esta es una forma muy superficial de considerar a la filosofía. Para Platón, el eros filosófico era hambre de ser, ansias de trascendencia. Una versión menos sublime la constituía el concepto de deseo de Hegel. Para Hegel el deseo es negativo, destruye su objeto, así como el hambre destruye a la comida. Se puede decir que Marx habló del hambre para acusar al capitalismo de excluir a grandes contingentes de la población de los privilegios del sistema de producción, y así contar con un gran ejército de mano de obra barata, lo cual, en voz de sus epígonos justificaba una revolución violenta para lograr la justicia social que la historia mostró que tampoco llegó por la ´dictadura del proletariado´.
Pero la forma más radical y auténtica de compasión por el hambriento se encuentra en el caso de Simone Weil, una luchadora social francesa, pacifista y mística, que luchó por los más necesitados. En uno de sus escritos autobiográficos, Simone de Beauvoir, quien fue su compañera de estudios, comenta sobre ella: ´Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contaron que cuando ella escuchó la noticia lloró. Estas lágrimas motivaron mi respeto, mucho más que sus dotes como filósofa. Envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero´.

Filosofía, filotiranía, creencias y mala fe

De Simone Weil hemos aprendido que la filosofía no es tan solo un juego lógico. La lógica filosófica debe ponerse al servicio de la compasión, para no terminar en filotiranía. Y se podría agregar que del mismo modo, la lógica de la compasión eclesiástica debería ponerse al servicio de la acción, para no convertirse en mala fe.
Si la lógica del diálogo socrático afirma que la filosofía es actuar sobre el pensamiento, la convicción penitente debería ser actuar sobre la percepción subjetiva, no? Especialmente cuando el pensamiento está siendo utilizado por la filotiranía y la fe por la política. Según Mark Lilla, en su magnífico libro ´Los pensadores temerarios´, la filosofía es lo opuesto a la filotiranía. Escribe Enrique Krause: “…hay un tirano agazapado en todos nosotros, un tirano que se embriaga con el Eros de su Yo proyectado hacia el mundo y que sueña con cambiar a éste de raíz. Si en un ejercicio riguroso de autoconocimiento, el intelectual identifica en sí mismo esa fuerza, si la dirige y controla, el impulso puede guiarlo hacia el bien y otros fines superiores. Si no, esa pasión puede llegar a dominarlo. El propio Sócrates advirtió que una de las raíces de la tiranía es la soberbia…”
El propósito último de la filosofía es liberar al pensamiento y al hombre, mientras que el de la filotiranía es someterlos. Tanto como el propósito último de la creencia es reconocerse creadores en potencia, aunque los cleros prefieran los intermediarios para alcanzar la iluminación del espíritu y la voluntad inquebrantable hacedora de milagros. Las buenas prácticas entre ambas, tienden a aclarar e identificar la puja dinámica; las malas, tienden a manipular las contradicciones.
Para develar las contradicciones, la filosofía utiliza la comunicación, la cual es persuasión y educación. Mientras que las estructuras eclesiásticas utilizan el sermón y el temor, a un ser superior. La filotiranía utiliza la ideología legitimadora, mientras que la mala fe justifica la jerarquía de dominio

La Iglesia recortada

Como corolario resulta que desde esta semana la Iglesia Católica comenzó a redefinir su relación con el Gobierno Argentino, tanto que podría renunciar a los aportes que recibe por parte del Ejecutivo nacional y que será en 2019 de 126 millones de pesos anuales. Además de un aporte de 290 millones de pesos destinados a reformar sus templos, aunque aparentemente les resultaría poco. Después de las diferencias con la administración nacional no solo por el tema del aborto, el último cortocircuito se generó por la misa de Hugo Moyano, por lo que dicen que el culto religioso anunciaría un esquema de renuncia gradual al sostenimiento del Estado con un mensaje final emitido al Papa Francisco.
Al final, es aplicable el estudio de la UCA y es verdad que la guita condiciona psicológicamente, además de hacer perder la fe. De hecho, en el presupuesto 2019 el Gobierno redujo la partida para sueldos de la Iglesia y aumentó para infraestructura, y hay idea de ir reduciendo de a poco esta erogación estatal, hasta llegar a la quita total de los sueldos a los obispos que se calcula podría ser después de 2020. Un golpe psicológico que ya comienza a medirse en reducción de milagros en cada pronunciamiento de domingo, dicen los feligreses mientras mastican la hostia cada vez más finita.

*Soy Juana de Arco, y ceniza de tantos…