El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, asumió el control del Ministerio de Defensa, en medio de una crisis de gobierno, y rechazó llamar a elecciones adelantadas en un discurso beligerante, en el que dijo que “la seguridad de Israel está por encima de la política”.

Horas antes, el premier había anunciado que continuaba sus frenéticas negociaciones para salvar su gobierno con una reunión con su ministro de Finanzas y líder de uno de los partidos de la coalición oficialista Kulanu: “Si Kulanu no abandona el gobierno, hay gobierno”, había explicado Netanyahu ante la prensa, sin disimular el mal momento que vive desde que el titular de Defensa renunció a su cargo y abandonó la coalición en protesta por la tregua acordada con milicias palestinas en la Franja de Gaza.

Un operativo militar israelí que terminó con varios milicianos palestinos y un oficial israelí muertos en Gaza desató la semana pasada una escalada, que hizo temer -dentro y fuera de la región- una nueva ofensiva masiva contra el pequeño y abarrotado territorio, como las de 2009, 2012 y 2014, que dejaron miles de palestinos muertos.

Según el vocero del Ministerio de Finanzas, la reunión de Netanyahu con su ministro MosheKahlon terminó “sin resultados”.

Frente a esto y en medio de un clima de creciente incertidumbre, Netanyahu dio un mensaje a la nación frente a las cámaras de televisión para tratar de llevar tranquilidad.

“Tengo un plan claro”, aseguró el premier, al anunciar que él mismo ocuparía el lugar que dejó esta semana el ultranacionalista Avigdor Lieberman al frente de Defensa y agregó que adelantar las elecciones, programadas para noviembre de 2019, sería “una irresponsabilidad”.

Netanyahu adelantó que no dirá “cuándo o cómo actuará”. “Sé lo que hay que hacer y cuándo hay que hacerlo. Y lo haremos”, sentenció el premier, luego de recibir una lluvia de críticas por acordar una tregua con las milicias palestinas de Gaza, entre ellas el movimiento Hamas.

El premier no dio detalles, pero sus palabras fueron interpretadas por algunos analistas israelíes como el anuncio de posibles acciones militares contra la Franja de Gaza y las milicias palestinas en ese territorio ocupado.

Además de la caída de su popularidad, Netanyahu tuvo que enfrentar esta semana una crisis de gobierno.

La salida de Lieberman, un dirigente poco diplomático y abiertamente xenófobo, dejó a la coalición de gobierno israelí con la mínima mayoría posible en el parlamento de 61 bancas frente a un heterogéneo frente opositor de 59 legisladores. Por eso, desde entonces, el primer ministro negocia a contrarreloj para mantenerse en el poder y evitar adelantar unas elecciones, que hoy no está seguro de ganar.

En una de las reuniones con sus aliados de esta semana, Netanyahu le negó al ministro de Educación y líder del ultranacionalista Hogar Judío, Neftali Bennett, la cartera de Defensa, la misma que él asumió hoy y que representa uno de los cargos más poderosos en Israel tras más de 50 años de ocupación militar de los territorios palestinos.

No está claro aún qué significa que la reunión con Kahlon, el ministro de Finanzas, haya terminado “sin resultados”.

El sábado Kahlos había advertido en una entrevista televisiva que, excepto que Netanyahu “saque un conejo de la galera”, él votaría el próximo miércoles a favor de disolver el parlamento y, por ende, el gobierno.

En su mensaje de asunción, Netanyahu advirtió a sus socios ultranacionalistas, religiosos y conservadores que su gobierno cae, el laborismo podría volver a ganar las elecciones.