Los graves incidentes ocurridos en la previa de la frustrada revancha de la final de la Copa Libertadores, movieron los cimientos del fútbol argentino, dejándolos en carne viva frente a una realidad que no puede soslayarse. La violencia ganó una vez más y en esta ocasión la víctima pasó a ser Boca, el mismo que había sido señalado hace tres años por aquellos incidentes del gas pimienta que lo sacaron de la Libertadores 2015. Y en ese sentido, más allá de que en un principio todo tendía a que las partes apuntaban a la reprogramación del encuentro, el xeneize dio un giro de 180 grados y decidió ir al hueso, haciendo oficial su reclamo ante la Conmebol.

¿Qué cambió para que suceda esto?. Muy sencillo, el presidente Daniel Angelici, que había vuelto del Monumental con ese acuerdo “forzado” para jugar el domingo o bien cuando los jugadores lastimados estuviesen en condiciones, se encontró en el Hotel Madero con la fuerte posición del plantel, del cuerpo técnico y hasta de la mayoría de su Comisión Directiva, para que haga valer el Reglamento. Todo esto sumado al fuerte descontento de los socios e hinchas, quienes a través de las redes sociales “pedían su cabeza” ante la pasividad demostrada frente a los graves acontecimientos. Así las cosas, ya convencido de que no podía quedarse de brazos cruzados, Angelici citó al cuerpo de abogados del club, quien se quedó durante toda la noche revisando el reglamento de la Copa, evaluando
antecedentes, para darle finalmente forma al reclamo que consta en total de 15 fojas. En ese escrito, se recurre al artículo 8 del Reglamento Disciplinario de la Conmebol, que expresa que “las Asociaciones Miembro y clubes
son responsables de la seguridad y del orden tanto en el interior como en las inmediaciones del estadio, antes, durante y después del partido del cual sean anfitriones u organizadores. Esta responsabilidad se extiende a todos los incidentes que de cualquier naturaleza pudieran suceder, encontrándose por ello expuestos a la imposición de las sanciones disciplinarias y cumplimiento de las órdenes e instrucciones que pudieran adoptarse por los órganos
judiciales”: Y la sanción, aunque no está clara (el artículo 18 habla de penalidades que van desde una simple advertencia, a multas, deducción de puntos, cierre de un estadio, obligación a jugar en otro, hacerlo a puertas
cerradas, etc.), Boca cree que se ajusta a lo ocurrido en La Bombonera por los octavos de final de la Copa Libertadores 2015, cuando fue expulsado de la competencia luego de que un hincha le arrojara gas pimienta a los jugadores de River cuando salían por la manga para disputar el complemento.

En esa ocasión, la Unidad Disciplinaria, tras leer el informe de River, donde constaban las lesiones de al menos cinco jugadores, decidió descalificar a Boca de la competencia, aplicarle una multa de 200 mil dólares e impedirle jugar con público en los siguientes cuatro partidos que jugase por un torneo organizado por dicha entidad. Así las cosas, el cuerpo de abogados de Boca cree hoy que es una situación “espejo” con aquella, por lo que debiera descalificarse a River, debido a las lesiones sufridas por los futbolistas Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo, entre otros, aunque al mismo tiempo son concientes de que el entorno es otro en relación a lo vivido en ese entonces.
La Conmebol hizo un negocio sensacional vendiendo los derechos de TV a todo el mundo por una final fantástica entre los dos más grandes del fútbol argentino, y está ante la amenaza de no cobrar un peso y hasta de que le inicien acciones judiciales por incumplimiento de lo pactado. Y por ese motivo, en esa serie de sanciones que establece el
artículo 18, puede decidir el mal menor (multa, suspensión del estadio o puertas cerradas) y que el partido tan esperado se juegue en los primeros días de diciembre.

Boca, en ese caso, podrá apelar o no, pero de movida al menos cumplió con los pasos legales que exigían sus jugadores, su cuerpo técnico y, fundamentalmente, sus socios e hinchas. La última palabra ahora la tiene Conmebol.
Fuente: Diario Popular