Por Trivia Demir

“Agarren un mapa de la Ciudad de Buenos Aires. Cierren los ojos y pongan el dedo en cualquier lugar. Zona restringida por el G20. Vuelvan a cerrar los ojos y pongan el dedo en cualquier otro lugar. De nuevo, zona afectada de alguna manera por el G20. Repitan varias veces lo mismo y verán cómo, en distintos puntos de la ciudad (y del conurbano) el tránsito y la circulación van a estar restringidos, prohibidos, limitados y custodiados, en lo que será el operativo de seguridad (así vamos a llamarlo por ahora, pero tengo una propuesta para rebautizarlo) más grande que alguna vez se implementó en la Argentina”. Esta es la introducción de Estefanía Pozzo en una columna que tituló “Operativo Paranoia” a través del sitio Política Argentina y a través del cual invita a la reflexión sobre el descomunal cerrojo que el Gobierno Argentino impone sobre su población para garantizar una reunión de los 20 principales líderes mundiales, que si su popularidad los ubicara como los más importantes del mundo, debería ser una verdadera fiesta recibirlos, nunca casi un ´estado de sitio´ a la población del país anfitrión, no?
Claro, para justificar algo de toda esta extrema militarización, aun suenan los rezongos oportunos del bandoneón argentino que es la mismísima opinión pública por los dudosos hechos que pusieron en vilo a todo el país y lograron la suspensión hasta nuevo aviso del Superclásico libertador, que como San Martín, sería este año más argentino que nunca. Ese miedo violentado también por varias decenas, justifica entonces una especie de ´toque de queda´ público. “La reflexión porteña que no cuesta nadita sugestionar es: ¿Si no pudieron con un Boca-River, que van a hacer con el G20?” La lógica de manipulación pega, y hasta justifica quedarse en casa para que los 20 visitantes ilustres que no van a blanquear de que hablan en privado, y sus respectivas comitivas, conozcan la Capital del país que toco “Fondo” y al que habrá que monitorear para que cumpla con sus empréstitos y sus obligaciones como buen aliado del gobierno global.

¿Toque de queda?

En Argentina viven hoy más de 44 millones de personas, de las cuales un 10% más menos se concentran en su Capital y alrededores. Evitar que la gente salga a la calle es evitar que la gente cuente que muchas de las decisiones vinculadas al endeudamiento externo y a la liberación de una economía que nos arrastró a la peor recesión de los últimos años, se tomaron con el desacuerdo del grueso de la población, cuya representación Legislativa está bien lejos de sintetizar su opinión. Evitar que la gente salga a la calle, ayuda a mostrar un holograma de ´mi Buenos Aires querido cuando yo te vuelva a ver´ a la medida de un líder controvertido que viene de ´caravana´ en torno a un Obelisco desierto, mientras tiene a América reprimida frente a un muro que divide su propio país y el resto.

Amnistía en alerta

Esto mismo está siendo captado por el resto del mundo. No en vano, Amnistía Internacional exigió estos días al Gobierno de Cambiemos que se garantice el “derecho a manifestarse” durante el G2
A través de un fuerte documento desde su filial en Buenos Aires, en el que llama al gobierno nacional a “respetar y garantizar los derechos de las personas a la libertad de expresión y asamblea pacífica” advirtió que: “la lógica de estigmatizar la protesta social debe ser desechada porque manifestarse pacíficamente es un derecho humano. En su tarea de mantener la seguridad de los asistentes a la Cumbre, el Estado argentino debe demostrar que, al mismo tiempo, puede garantizar manifestaciones que quieran expresar descontento”. “Las fuerzas de seguridad deben tratar de evitar emplear la fuerza”, sentenció.

Demasiado cerrojo

Como bien describe Pozzo, el martes pasado anunciaron una parte del operativo: “a partir del jueves 29 habrá modificaciones de recorridos de subtes, cortes parciales de calles, afectaciones en la circulación, credenciales para algunas personas que vivan dentro de las zonas de exclusión y autopistas inhabilitadas. Además, el viernes y el sábado no funcionarán trenes ni subterráneos, los colectivos deberán modificar sus recorridos, cualquier persona que tenga una actitud que las fuerzas de seguridad consideren sospechosa podrán ser cacheadas, revisadas, detenidas o cualquier otra medida que consideren los agentes individualmente (algo que ya ocurre si lo atravesamos con la clase social, por supuesto)”. En el medio de todo esto, los 20 y quienes oficiarán de anfitriones, se olvidan que hay vida a la par del poder. Hay parturientas listas para recibir sus vástagos, hay viajeros del interior que perderán trámites urgentes, hay turistas que serán cercados en sus experiencias, habrá personas requiriendo servicios de emergencias que correrán delante de la muerte, hay trabajadores que no podrán delegar sus obligaciones y requieren llegar a destino, hay estudiantes cuyas carreras dependen de finales, hay enamorados que no podrán reconciliarse y cientos de circunstancias que no pueden condicionarse de manera tan dramáticamente armamentista por una cumbre de “intercambio” político.

Por si faltaba algo, Patricia lo explicó

Patricia Bullrich, la ministra responsable, avisó hace una semana: “Váyanse el jueves antes de la Cumbre del G20. La Ciudad va a estar complicada”. En un contexto social crítico, con la inflación pesando cada vez más en los bolsillos de quienes tienen la suerte de tener un trabajo (y ni hablar de quienes tienen que hacer changas para poder comer), la ministra no puede quejarse si sus expresiones caen como una bomba neutrónica. Alguien tiene que avisarle que el cinismo no es un buen consejero.
Ahora lean esta transcripción un audio que está circulando por Whatsapp: “Te mando un mensaje que le estoy mandando a mis familiares. Un amigo de la hermana del dueño de donde trabajo, un amigo de mucho tiempo, el tipo trabaja como custodio para peces gordos del gobierno. Le mandó un mensaje ayer a la cubana diciéndole que hasta el día 6 se eviten las zonas de mucho tumulto de gente. Que no viajen en subte, eviten los boliches, eviten el cine, eviten los shoppings, porque está muy muy jodida la mano. Va a haber atentados como los que ya vimos que están sucediendo, y son atentados formados por los mismos grupos que hicieron el atentado en la AMIA. El Gobierno por no sucumbir en pánico a la población no lo está notificando, pero está mandando indirectas como la de Infobae. Va a estar muy jodido esto por la movida de que viene Trump, el japonés este que viene y el ruso. Así que cuidensé y eviten todos los lugares que sean de acumulación de gente” (sic).

What?

“Si tenemos que elegir el imperio del fake news, sin dudas ese sería Whatsapp. Las cadenas se replican exponencialmente en cuestión de segundos. Nadie sabe de dónde sale la información, pero por las dudas la pasa. Voy a dejar de lado la conspiranoia e intentar corrernos de la tentación de poner en continuidad la sugestiva presencia de infiltradxs cada vez que al Ministerio de Seguridad le conviene y el contenido de este audio, y vamos a darle lugar a la posibilidad de que sea verosímil”, dice Pozzo.
“Hace días que el Ministerio de Seguridad hace explotar pollos crudos, llaman al comando de explosivos por un juego de sábanas olvidado en un aeropuerto y despliegan un mega operativo por un televisor viejo en una galería debajo del Obelisco. Configuraron a los anarquistas como el enemigo y hay 11 personas que siguen detenidas por haber estado en una casa en el momento de un allanamiento después de la explosión de una bomba casera en el cementerio de Recoleta. También detuvieron a dos hermanos argentinos de origen libanés acusados de pertenecer a Hezbollah.
La instalación de un clima de miedo siempre es funcional al accionar represivo de las fuerzas de seguridad. (…) el Ministerio de Seguridad deslizó a quienes se manifiesten en contra del G20: quienes estén participando de manera pacífica dejen espacio para que las fuerzas de seguridad puedan actuar. ¿Hay que dejar actuar a la Policía que sale de cacería en cada desconcentración de las movilizaciones y detiene a personas que no saben siquiera de la marcha?”, se pregunta la periodista.

La parálisis del miedo

Y hay más: las autoridades políticas encargadas de dirigir las Fuerzas de Seguridad, una a una, “avalaron a los miembros que estarán en la calle a actuar cuando lo consideren necesario. ¿Qué puede malir sal? No se manifiesten, no cuestionen, no se metan, no registren el accionar de la Policía. Bueno, mejor no salgan de sus casas. Les dije que tenía una propuesta para rebautizar este operativo: más que de seguridad, es el operativo paranoia”, culmina Pozzo.
La técnica no es casual, es la búsqueda de hacernos sentir el peso del poder del gobierno global en donde hace rato comenzamos a privatizar nuestro destino y a gerenciar nuestra soberanía. Es una muestra del disciplinamiento que vendrá el año próximo, si por esas casualidades la clase media termina de caer de la cornisa y llega a la baldosa de pobre, y los pobres se barren de los mapas debajo de las raras figuras de las alfombras estadísticas.

Fuentes: Política Argentina, Amnistía Internacional, NA, Indec, propias