Por Trivia Demir

La semana comienza con una frustración masiva, la de no poder competir ni siquiera deportivamente sin que en ello afloren los grandes conflictos que subyacen presuntamente en el inconsciente colectivo nacional: el enfrentamiento bipolar. Todo lo que no está de este lado, está del otro, y es mi enemigo. ¿Pero existe en verdad “la grieta”? ¿O es una sugestión que permanentemente nos percuten con solo dos opciones de un presunto `múltiple choice´, pero que tiene siempre dos casilleros tendiente a la polarización de las ideas y las conductas? La sugestión es un modo de manipulación, y de hecho la palabra se parece mucho a la ‘sujeción´, ambas son metodologías ampliamente utilizadas en el manejo de las sociedades. De hecho es tema de estudio a través de la historia. El principio de la realidad es comenzar porque se crea que así es la cosa. La pugna de Foucault por “dar con las condiciones en las que el sujeto se libere de sus sujeciones, no remite a ninguna utopía, sino que se asienta en la ineludible fragilidad que somos”. El fútbol es el antro de la emotividad argentina fuertemente manejada por la política, casi como el ágora fue a los discutidores griegos, y el circo con o sin pan, a los imperialistas romanos. Y mientras el Boca-River revive la polarización Macri-Cristina tras bamabalinas y bandos, la hinchada que es todo el pueblo no solo se queda sin partido, sino posiblemente hasta sin cancha, mirando por TV.
Una columna de autoría de Leandro Mora Alfonsín (**) y Martín Trombetta (***), presentaron hace meses y bajo este título “¿En qué cancha se juega el partido del desarrollo?”, un buen análisis de lo que estamos dejando de abordar, mientras corremos tras lo urgente. De allí la oportunidad de reeditarlo en este momento. Los autores explican que “La economía argentina presenta un cuadro de estancamiento desde 2011. El crecimiento acumulado en los últimos siete años es de 4,8%, muy inferior a la media regional y factiblemente menor al crecimiento poblacional, lo cual implica que en términos per cápita la economía argentina se ha reducido. La cancha en la que juega nuestra economía se viene achicando. No parece coincidencia que casi no se hayan registrado mejoras relevantes en el mercado de trabajo en ese período, con la creación de empresas y el empleo formal privado prácticamente estancado. Solo se observa un crecimiento considerable en el empleo público (que ya luce un tanto sobredimensionado) y en los monotributistas, categoría ocupacional precaria que siquiera garantiza que los que son contabilizados en ella efectivamente estén ocupados de manera continua. En este contexto, cabe preguntarse ¿cuál es el sendero de desarrollo que Argentina necesita seguir para asegurar una reactivación sustancial del mercado de trabajo?”, se preguntan. “La respuesta a esta pregunta se aleja de los grandes titulares coyunturales, de la neurosis del F5 a la cotización del dólar y de la bola de nieve de Lebac. Y aunque una de las claves tiene que ver con mejorar las condiciones que favorecen las exportaciones, fuente genuina de divisas para los países de menor desarrollo relativo, hay que rascar más profundo. El partido se juega en otro terreno. Para precisar dónde, podemos recorrer dos caminos en estas breves líneas: por un lado, caracterizar los sectores productivos con los que contamos, los que generan valor, tecnología y empleo. Y por el otro, identificar los problemas estructurales que una política para el desarrollo debe atender”, explican.

Con que `jugadores´ contamos?

Según los expertos “Argentina cuenta con una estructura productiva heterogénea y compleja, pero no necesariamente cohesionada. El abordaje que sucesivos gobiernos le han dado a la matriz productiva de desarrollo fortaleció la idea de que existe un trade-off inevitable entre políticas de protección a los sectores industriales con mayores capacidades de generación de empleo y la especialización productiva en sectores con base en recursos naturales y menor impacto en el mercado laboral. Pero esto no es necesariamente cierto.
Una investigación reciente de dos destacados colegas especializados en estos temas (Diego Coatz y Daniel Schteingart) señala que Argentina debe aprovechar sus recursos naturales, pero además necesita contar con sectores industriales que permitan generar otros encadenamientos, de tal modo que la fuerza laboral quede plenamente integrada en actividades de alta productividad. Una política industrial integral que vea el big picture de nuestro entramado productivo debe estimular los encadenamientos que implican aquellas actividades de mayores ventajas comparativas (pasar del pellet al alimento elaborado para el supermercado mundial) y estimular los segmentos que en cadenas de mayor intensidad tecnológica tienen una base interesante para desarrollar y proteger aquellos cuya competitividad es menor pero cohesionan en clave laboral segmentos amplios de población, sin perder de vista el equilibrio fiscal asociado. En este sentido, el hilo conductor de estas tres estrategias es el estímulo a la innovación y al desarrollo de capacidades tecnológicas. El elemento clave para un mejor aprovechamiento integral de los recursos naturales en coexistencia mutual con sectores manufactureros con distintas gradaciones de desarrollo es la inversión en ciencia y tecnología: la búsqueda de integración de distintas cadenas a partir de las ventajas con las que se cuenta, partiendo de una política industrial estratégica y dinámica, que marque metas, tiempos y objetivos a través de consensos y articulaciones público-privadas”.

Cuál es la `táctica´ para entrar a la cancha?

Según los analistas, “para que esta política industrial sea efectiva en su estrategia deben darse respuesta a problemas de larga data en influencia y solución. En primer lugar, la competitividad estructural. No puede ser sujeto de dudas la necesidad de inversión pública en infraestructura que facilite las actividades productivas y baje los costos logísticos y de transporte: rutas, caminos, ferrocarriles, hidrovías, generación y distribución de energía. Nuestro país presenta un atraso y un deterioro en estos aspectos sobre el cual no solo no puede pensarse en inversiones rentables, sino que acumulan costos que vuelven fútiles los intentos de política cambiaria para ganar competitividad precio de corto plazo. Por otro lado, atenuar las asimetrías regionales. Un país en el que un tercio de la población vive en la casi milésima parte del territorio, cinco provincias explican el 80% de las exportaciones y una sola el 90% del crédito industrial, muestra claros desincentivos al aprovechamiento pleno de sus recursos, riqueza y diversidad”, afirman. Sencillo, la polaridad de los debates, en todos los aspectos de nuestra realidad conlleva a parcializar extremadamente las posibilidades de superar la crisis y de ampliar las miradas. Tanto como la cartelización del fútbol no sólo salta en la repulsión polar de un clásico que plasmó otras dicotomías que rasparon las ilusiones de una Libertadores argentina memorable. Del mismo modo las opciones electorales que forcejean entre la repetida encrucijada y frontón exclusivo entre Mauricio-Cristina acotan las jugadas, exacerban los fanatismos y marcando la cancha del futuro en apenas dos mitades. Para pensar…

Fuente: El Economista. (*) Licenciado en Economía UBA, Director Ejecutivo de FAIMA y docente de UBA, UCES y UNGS; (**) Doctor en Economía (UADE) y docente e investigador de UNGS y UADE