Desde su llegada a la industria militar, los drones han ido evolucionando; lo que primero fueron gigantescas máquinas para asesinar humanos, ahora son tan pequeños que pueden usarse para fumigar cultivos de coca en Colombia. Sin embargo, un uso incluso más creativo se está dando en Argentina. De acuerdo lo que recoge CNN, Gustavo Juárez, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (FACET) de la UNT, está desarrollando drones con estructuras de bambú y piezas adquiridas de “drones abiertos”.
El motivo para usar este material es porque la planta es muy utilizada en la construcción sustentable debido a su rápido crecimiento. Además, su rigidez y maleabilidad la hacen una buena opción para reemplazar a algunos productos contaminantes. Por otro lado, el bambú forma parte de la cultura campesina en Tucumán.
Juárez comentó que el nuevo material es usado principalmente para reemplazar la estructura del dron cuando sufre algún daño. El bambú tiene la ventaja de ser muy liviano y resistente, además de ser ecológico y encontrarse fácilmente en esa provincia.
Las partes que el equipo de investigadores adquiere son las estructuras, las placas navegadoras, los rotores, las baterías y las cámaras. Una vez en el laboratorio, los especialistas de la FACET hacen la integración electrónica de esos componentes y generan los algoritmos inteligentes para la navegación autónoma.
“Emplear inteligencia artificial implica usar una serie de técnicas que facilitan las tareas a los seres humanos”, explicó en 2016 Daniela Orlandini para Argentina Investiga. ”El equipo desarrolla algoritmos que son programados en la placa controladora de vuelo, dotan de cierta autonomía al dron y le permiten cumplir un objetivo y volver al punto de partida, tomando las decisiones correctas”, añade.

Más que prototipos

Juárez indicó que no sólo se propone armar y programar los drones o desarrollar su estructura de bambú, sino que busca aportar un servicio integral para la agricultura de precisión para prestar un servicio a los agricultores.
“Buscamos que el agricultor no sólo sepa el estado de humedad del suelo, cuáles son las zonas afectadas por plagas sino que, además, pueda identificarlas en terreno y así actuar en consecuencia”, describió el investigador que forma parte del Proyecto de Desarrollo Tecnológico y Social (PDTS) de la Nación.
Juárez también comentó que muchas veces se adquieren sofisticados sistemas de navegación aérea pero se carece del software necesario para procesar las imágenes. Otras veces se rompen piezas y cuando el dron viene cerrado no puede repararse. “La ventaja de una programación local de los drones es que podemos redirigirlos, reprogramarlos, repararlos y ayudar a interpretar imágenes, a un precio más accesible que los que se consiguen afuera”, precisó.
Desde el punto de vista científico, Juárez consideró que el mejor aporte es el desarrollo de algoritmos de inteligencia artificial. “De esa forma, desde la UNT aportamos a la ciencia, y con el proyecto de agricultura de precisión somos capaces de llevar todo lo que hacemos dentro de la universidad a la sociedad”, concluyó el investigador.
Hace poco un grupo de investigadores holandeses desarrollaron drones para modernizar parques eólicos obsoletos. Los drones, como cualquier otra herramienta humana, pueden ser usados para ayudar a los humanos en cosas simples como entregar café, o pueden ser usados como un arma para atentar contra la vida de los propios seres humanos.