Por Trivia Demir

La gestión política está cada vez más depreciada a la vista de los gobernados y es cada día más desalentadora para quienes deben llevar adelante una gestión. El motivo, es bien conocido: en la Argentina liberalizada, no hay plata que alcance y tampoco el esquema de prioridades del poder central tiene que ver con seguir sosteniendo la inmensa estructura burocrática de un país desbordado de deuda fiscal, además de no conocerse “el plan” de gestión que lo reemplace. El interrogante entre un modelo y otro es ¿Cómo se da la transición, si es que la habrá? Por ahora no la hay, y tal vez por eso cuesta tanto identificar candidatos `potables´ que quieran hacerse cargo por ejemplo de los gobiernos municipales, considerando lo que cuesta gestionar las ciudades sin recursos, ante los poderes provinciales, la mayoría debilitados por la coyuntura, y un poder central inconmovible.
Afirma Gastón Urquiza* en un informe sobre “La dificultad para gestionar los municipios” que “En Argentina existen alrededor de 2300 gobiernos municipales. Una cifra que da lugar a una inmensa heterogeneidad territorial y de mecanismos gubernamentales. Hay diferencias en la cantidad de habitantes, las geografías, las problemáticas, las relaciones con los gobiernos provinciales y el gobierno nacional, pero lo que los distintos municipios tienen en común es la dificultad a la hora de implementar políticas de mediano y largo plazo”.
Vale destacar que en Chubut poseemos 24 Municipios, 7 de primera categoría y 16 de segunda categoría.
Para los expertos “la mayor dificultad que presentan es la falta de recursos técnicos y económicos, lo que genera una fuerte dependencia de las provincias. Según datos del Ministerio del Interior, los recursos propios de los municipios apenas alcanzan para cubrir la mitad de los gastos corrientes y en pocos casos llegan a cubrir las necesidades de gastos en personal”.
Por otro lado, los gobiernos locales están sometidos a regímenes muy dispares en la distribución de recursos tanto provinciales como nacionales. En esto basta analizar el Presupuesto 2019 que ingresó en la semana en la Legislatura para entender la ajustada situación que deberán sobrellevar los intendentes el próximo año. Por eso, necesitan el apoyo de la nación y un proyecto provincial inclusivo para mejorar su gestión debido a la escasez de recursos que sufren, y a los requerimientos de diferentes zonas geográficas con oportunidades diametralmente desiguales. Esto además y generalmente es condicionado por su color político, lo que agrava en ciertos casos las dificultades.

El mayor ejemplo

En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), cuya superficie representa el 0,4% del territorio nacional, viven aproximadamente 16 millones de personas. Se trata de una metrópolis, un sujeto social complejo en donde coexisten 40 gobiernos municipales, el Gobierno de la provincia de Buenos Aires, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gobierno nacional. La dinámica de los ciudadanos del AMBA fluye entre las distintas jurisdicciones donde estudian, trabajan, duermen o se esparcen. Al no existir un gobierno regional, que aglutine la fragmentación administrativa que la región sufre, se hace necesaria la cooperación interjurisdiccional (entre distintos niveles de gobierno e intermunicipal) para resolver problemas.
Transporte y logística, panificación del uso del suelo y manejo de cuencas, infraestructuras, gestión de residuos, desigualdad y seguridad, por mencionar algunas, son las grandes problemáticas a resolver en el AMBA. No son problemas exclusivos de esta región, pero se agravan allí por su escala y densidad poblacional.
Frente a estas problemáticas de la gestión local, el Ministerio del Interior de la Nación lanzó el Ranking de Municipios, una herramienta que puede servir para brindar una fuente sólida de información sobre la cual construir estratégicamente políticas de mediano y largo plazo. Este “Ranking” que en algunos casos se tomó como una competencia deportiva respecto a quien estaba más cerca de un podio de calidad, en realidad da un estado de situación de las gestiones municipales, lo que posibilita la construcción de indicadores duros para analizar y medir gestiones, estableciendo una línea de base, un diagnóstico a partir del cual implementar políticas de Estado.
Pero afirma Urquiza que “la gestión local no es medible de la misma manera porque los municipios conforman un colectivo heterogéneo. No es igual la situación de un pequeño municipio en el noroeste del país que la de alguno del Gran Buenos Aires, incluso dentro del AMBA la situación de los gobiernos locales muchas veces difiere. Frente a esto, el Ranking intenta unificar criterios al recopilar información en torno a cinco ejes: presupuesto y gestión financiera, planificación, gestión moderna, recursos humanos y desarrollo económico.
Otra cuestión importante que incentiva el Ranking es el gobierno abierto en los gobiernos locales (la cara más cercana del Estado ante los ciudadanos). Esto significa hacer uso de la tecnología para organizar los datos de interés público y ponerlos a disposición de los vecinos”. Un tema interesante que no siempre se ejecuta: el acceso a la información pública de los datos municipales. Ese proceso de transparencia genera precisamente capacidad de control vecinal. Además, sirve como una instancia dinámica de evaluación de las políticas y de diálogo con los vecinos, buscando potenciales contribuciones a los procesos de decisión sobre políticas públicas: los ciudadanos como partícipes activos de la discusión y la decisión. El presupuesto participativo es un buen ejemplo.

Por algo se empieza

En Chubut hay se podría decir cinco regiones geográficas que lideran las concentraciones humanas, por lo cual en algún momento se encararon gestiones unificadas con espíritu “Comarcal”. Un modo de abroquelar las potencialidades y abordar en conjunto algunas gestiones operativas, de residuos, transporte, clusters productivos, etc. Todo eso en muchos casos quedó en buenos deseos, y con los cambios y los recambios políticos, hoy se conoce bien poco y nada de cuáles son los planes de gestión provincial sobre las diferentes regiones. Todo se lo lleva la urgencia, y si hay plan de desarrollo a largo plazo, seguramente se está resguardando para dar a conocer en una próxima gestión.
Para generar cambios afirma Urquiza, “es necesaria la voluntad política de los gobernantes para someterse a la fiscalización y la participación popular. Además, debemos generar un cambio cultural en torno al diseño, la puesta en marcha y la participación de la sociedad civil en la formulación y la evaluación de políticas públicas. Fomentar el empoderamiento ciudadano sobre sus derechos individuales y colectivos, la forma de satisfacerlos y su voluntad de participar. Formular nuevas ideas y formas de gestionar para resolver problemas es necesario. El desafío pasa por pensar el manejo de la tecnología y la información como fuentes para enriquecer el debate político y democrático. Hacerse de estas herramientas para fortalecer las gestiones y las políticas de cara a los ciudadanos”, reflexiona el director ejecutivo de Fundación Metropolitana.

Bandoneones municipales

La semana pasada, se dio en Buenos Aires el segundo Encuentro Nacional de Intendentes para dialogar con sus pares y así también llevar, en el caso de los opositores al Gobierno nacional, sus reclamos. La reunión fue el momento propicio para realizar un balance del año y hacer hincapié en las perspectivas para 2019. Con menor asistencia respecto al cónclave que se realizó en 2016, los intendentes del sur aprovecharon para tomar la palabra. Además, cada uno de los asistentes tomó nota de los pedidos del presidente Mauricio Macri y de los ministros que expusieron en cada mesa de debate. A pesar de las formalidades y la agenda prevista no faltaron las críticas. En su mayoría, los alcaldes, reconocieron la dificultad en las finanzas, como además, el fuerte impacto en sus cuentas de los recortes que anunció Nación para los distritos municipales en 2019. Obras públicas, tarifas, transporte y Fondo Federal Solidario (Fondo Sojero). En ese marco, dicen que el principal vocero de estos cuestionamientos, fue el trelewense Adrián Maderna, que como representante de los intendentes peronistas de Chubut, criticó cada uno de los puntos y pedidos que expuso el presidente Macri. De esta manera fue muy claro, pero no anduvo con titubeos al momento de señalar los condicionantes que las políticas nacionales generan a las administraciones de las ciudades del país.
Dicen que además de Maderna, quienes también marcaron diferencias con la gestión nacional fueron los jefes comunales de Juntos Somos Río Negro. A pesar de la buena sintonía con el macrismo, el duro contexto económico que atraviesa el país fue el denominador común entre los intendentes que responden al gobernador Alberto Weretilneck. En esta línea, destacaron el aporte del gobierno provincial a la obra pública ante el recorte de partidas como ocurrió con el Fondo Sojero. Los representantes de Cambiemos en los municipios patagónicos tuvieron asistencia casi perfecta. En su gran mayoría recalcaron el aporte a sus comunas, y principalmente, dieron cuenta de los proyectos que están en marcha y los previstos para el próximo año. Finalizada la euforia de un rejunte de ciudades que siempre es saludable en un contexto federal, tras el acto, una gran mayoría, por no decir todos, aprovecharon el viaje para insistir con gestiones en los distintos ministerios y oficinas de la Rosada con sus representantes locales. Con aguinaldos encima, muchas obras escasas y hasta pardas y un fin de año con incertidumbre extrema en términos de inflación y renegociación paritaria, además de la escalada de desdoblamientos en puerta, los intendentes terminan siendo el `pato de la boda´. En última instancia los alcaldes son los que ponen la cara con los vecinos de sus pueblos todos los días del año, cosa a la que están mucho más resguardados los titulares de las estructuras provinciales y ni hablar la nacional.

Fuentes: *Fundación Metropolitana, Infobae, NA, propias