Por Ignacio Zuleta

El golpe de votos del peronismo en el Consejo de la Magistratura rompió todos los códigos y ahuyentó la paz que podría haber alimentado alguna sesión acordada en Diputados esta semana. Nadie del oficialismo se quiere sentar a discutir con la oposición para un menú de proyectos que pudo ir al recinto ayer, en una sesión que por ahora quedó en stand-by. En el Gobierno están todos entregados a la evaluación de daños y al recuento de víctimas, después de la pelea que perdieron por una silla en la Magistratura. Se preguntan, como ocurre en los accidentes, si fue un error humano o un accidente, un atentado o una casualidad. No creen que la juntada de 131 firmas se haya hecho sólo para tener una silla más en ese cuerpo. El objetivo es más amplio y mira hacia las elecciones. Si no fuera así, el peronismo estaría integrando por ahora, no tanto un frente, sino un nuevo Grupo A como el que armó la oposición después de la derrota del peronismo en las elecciones de 2009. Eran tribus opositoras unidas por intereses del momento, no todavía un frente. Hoy ese peronismo de los 131 mantiene diferencias hacia afuera, aunque el Gobierno cree que han hecho un pacto de sangre que se reforzará en el tiempo. Por eso se pone a la espera de una prueba de solidez de esos 131 votos, un número atemorizador, porque está por encima del quórum para sesionar, si convocasen a una sesión especial. Es una señal de peligro para el oficialismo, y pone en evidencia las consecuencias del hostigamiento permanente de la Casa de Gobierno hacia sus aliados parlamentarios. Esta vez el oficialismo no pudo evitar el peso del número, en las dos cámaras, donde las tribus peronistas, sumadas, tienen más votos.

La prueba

Esa prueba la tendrá el público el 5 de diciembre cuando se haga en Diputados la sesión preparatoria con elección de autoridades de la cámara. Emilio Monzó es el candidato para renovar su cargo de presidente. (…) Esta vez el Grupo A peronista de los 131 votos apoyará que Monzó siga en el cargo, pero cree que están en condiciones de reclamar más posiciones en la cúpula en la Cámara. No hacerlo sería desperdiciar una oportunidad simbólica de ratificar lo que ganaron el viernes. (…) A nadie se le ha ocurrido en el Gobierno desplazarlo a Monzó de la presidencia de la Cámara, aunque movilizaron a sus voceros para echarle la culpa de esta derrota al ala política que integra Monzó, y que abogó siempre por una ampliación del proyecto oficial sumando a peronistas.
El Grupo A peronista está atento a esa interna oficial y si Monzó es apartado, avanzarán sobre toda la cúpula de la Cámara. “No se les ocurra tocarlo a Emilio”, es el mensaje. El ala política cree que la derrota del viernes ocurrió por física política. El oficialismo es minoría y si querían preservar la silla de Mario Negri en el Consejo, debieron incluir a ese organismo dentro del acuerdo general por el Presupuesto.
Para blindar la situación, Marcos Peña transmitió por las cadenas de whatsapp del oficialismo que no corra la sangre en ajustes de cuenta y pases de facturas. Curioso: Monzó parece hoy más firme que el viernes. El oficialismo no puede moverlo, pese a que algunos creen que es el responsable de la derrota, y el peronismo lo blinda como el mejor interlocutor en la presidencia de la Cámara.

Sin desafuero

La semana corta terminó en recuento de fuerzas. El martes, antes de la jura de los nuevos consejeros, el bloque Cambiemos del Senado debía resolver si hacía o no la sesión especial para desaforar a Cristina. Esta convocatoria fue lo que disparó la bronca del peronismo, que venía de apoyar la salida del Presupuesto, y terminó no bajando al recinto. Fue un gesto arriesgado, porque no hay votos suficientes para el desafuero. ¿Qué buscan? Desandar el camino del acuerdismo ante sus propios, que se quejan de un exagerado acercamiento al peronismo. Igual la convocaron con el propósito de hacer proselitismo contra los peronistas. Una sesión que no quería Miguel Pichetto, a quien señalan como defensor de Cristina, algo que esmerila su proyecto de autonomía del cristinismo. Tampoco le gustó mucho a Federico Pinedo. Y como era lo más probable, no pasó nada.

Radicales al diván

Ayer siguieron los concilios, esta vez convocados por los radicales, que están necesitados de algún diván donde cobijarse, por lo menos hasta que Alfredo Cornejo convoque al partido a asumir algunos de estos entuertos. Fue en la sede de la obra social de los legislativos retirados de la calle México, con estrellas convocadas por Rafael Pascual, directivo del Círculo de Ex Legisladores, pero también gerente del radicalismo porteño. Se anotaron en principio Jesús Rodríguez, Angel Rozas, Mario Negri, José Cano, Ricardo Gil Lavedra, el Changui Cáceres, Juan Manuel Casella, Luis Brandoni y otros. No aparecerá por ahí Martín Lousteau, que camina por el mundo como si se aprestase a enfrentarlo a Macri en una PASO presidencial. Es lo que querrían algunos de quienes van a esa cena-seminario.

El contra-diván

Ese mismo día se juntaban en la casa de Entre Ríos Juan Schiaretti, Miguel Pichetto, Sergio Massa, Juan Urtubey, Gustavo Bordet, Domingo Peppo y Sergio Casas, para darle un matiz no cristinista al arco de candidatos federales, después de la confluencia de voluntades que consagró a Pichetto en el Consejo, en representación del Senado, y a la dupla Camaño-De Pedro, en Diputados. Nada de eso hubiera ocurrido sin el concierto del cristinismo. En este round fue central la actitud de Schiaretti, que sumó a sus diputados pensando en el destino de su candidatura a gobernador. (…)

El salvataje para Cristina

Esto le importa más al cordobés más que una silla en el dichoso Consejo. Este acuerdo pudo cerrarse en una charla entre dos imitadores muy finos de Alejandra Vigo, esposa de Schiaretti y diputada nacional, y Máximo Kirchner. ¿O eran ellos mismos, quienes tomaron un café en un hotel de Buenos Aires? El canje pudo ser: bajame a Carro de la candidatura y yo te voto a De Pedro. Negri pierde la silla, pero le brindan el argumento de que Cristina dejó de ser el límite para Schiaretti. Ahora queda en claro que José Manuel de la Sota era el creador de Córdoba como capital del antikirchnerismo. A dos meses de su muerte, Schiaretti ya se fue para ese lado. Es otro que debe medir costos. (…)

Música para camaleones, pero también errores

El Gobierno sólo escucha música para camaleones -“Camaleones. ¡Qué excepcionales criaturas! ¿Y sabía usted que les gusta mucho la música?” dice el personaje del cuento implacable de Truman Capote-. Hay camaleonismo en toda política. Pero el Gobierno debería también mirar los propios errores, que le permiten al peronismo superar diferencias para armar un frente común. Esto era previsible en 2019 en un escenario de balotaje. El objetivo que los unió es capturar el Consejo de Jueces. Ocurre cuando el peronismo está azotado por las investigaciones de casos de corrupción, que tocan a ex funcionarios y con su ex vicepresidente ya condenado.
El peronismo prefiere afrontar el costo del desprestigio que tiene el frente judicial en los sectores medios, para anclar su campaña entre sus votantes históricos y dar una señal a la Justicia. Se defiende con el argumento de la persecución política por obra de jueces movidos por el Gobierno. Es algo muy difícil de probar, y el Gobierno alimenta esas acusaciones cuando festeja las decisiones de los jueces. La justicia es como la gripe, hay que aguantarla sin chistar porque hoy va detrás de ellos, pero mañana puede venir por vos. En los conciliábulos de esta crisis, los peronistas festejaron con frases del tipo: “Ahora los jueces van a ver quién manda. Las auditorías de los juzgados las vamos a hacer nosotros”.

Carrió: todo empezó conmigo

Elisa Carrió, que sesionó con los suyos en su chacra de Exaltación de la Cruz, dio el primer dictamen: “Esto empezó cuando el peronismo impidió que yo no asumiese en la bicameral del Ministerio Público. Ahí se vio que iban por el control de la Justicia y yo se lo advertí al Gobierno”. Lilita mira todo con la distancia de su experiencia de haber peregrinado a Tierra Santa en busca de respuestas. Por eso no responde a los llamados, y por ahora no tiene pensado aparecer por Los Abrojos, en donde se recluyó, también en silencio, Mauricio Macri. “Al peronismo -remató la diputada– no hay que tenerle miedo”.

El factor Zamora

También lastima a Macri que gobernadores “amigos” con quienes negoció el nuevo Presupuesto, le hayan hecho un desaire sin avisarle. Fue un error bajarle un candidato al juez federal del gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. El pliego de Sebastián Argibay lo había negociado Zamora con Macri dentro del acuerdo del Presupuesto. Pero los senadores radicales lo ignoraron después de la impugnación de Elisa Carrió. Cambiemos pudo tener 127 firmas, pero perdió las de seis diputados de Zamora. Fue una represalia del gobernador, que había cumplido y veía que a él no le cumplían. Esto debilitó la autoridad de Macri porque demostró que no podía manejar a los senadores de su alianza, y liberó además a los otros gobernadores peronistas, para actuar igual que Zamora: lo que arreglamos con Macri valía sólo para el Presupuesto.

Los tres venenos de la política criolla

Tampoco le iba a salir gratis al Gobierno haber sacado un Presupuesto que avala su principal proyecto, que es el acuerdo con el Fondo. No evaluó que el peronismo iba a contrarrestar con esta neutralización del Consejo, que ahora será menos operante sin votos propios para poner o sacar jueces. El Gobierno sostiene banderas de regeneracionismo e intransigencia que halagan a su electorado. El regeneracionismo y la intransigencia son dos venenos de la cultura política argentina, que conducen muchas veces al error y a la exageración. El tercer veneno es la acumulación negativa de fuerzas que sostienen al peronismo, que parece convencido de que sólo puede prosperar si a sus adversarios les va mal. Por eso le cuesta tanto superar las tres vulnerabilidades en las que lo supera Cambiemos: el peronismo no tiene resuelto la crisis de liderazgo, no puede tampoco acordar en un programa, y pierde en seis de los siete distritos más grandes de la Argentina.

Fuente: ZuletaSinTecho