La dispersión electoral en 2019 amaga con ser la más importante históricamente hablando hasta el momento. Un síntoma de las necesidades de recurrir a los laboratorios extremos a las estructuras proselitistas para acceder al poder en el marco de una profunda crisis de propuestas, de descomposición ideológica y programática para sustentar las candidaturas y ante un electorado ampliamente decepcionado con los partidos políticos.
El síntoma no es nuevo, sino que ha venido siendo paulatino. El 21 de enero de 2016, cuarenta días después de asumir, Mauricio Macri activó la aventura de una reforma electoral que, entre sus ítems, además del voto electrónico incluía la simplificación -y posible unificación- del calendario electoral (ninguna de las dos cosas sucedieron hasta la fecha), precisamente por lo que se venía dando.
En ese momento Rogelio Frigerio había tenido que recorrer un periplo agónico en 2015 donde hubo, -computando renglón nacional y provincial-, nada menos que 21 elecciones. De hecho, el traqueteo para quien luego asumiría como ministro del Interior arrancó el 12 de abril en Salta y terminó con el balotaje del 24 de noviembre. El resultado no fue el mejor en términos de mapas de poder.
El año que viene se anticipa con una dispersión todavía más profunda afirman los entendidos porque cuatro provincias ya fijaron en los papeles fecha propia y al menos otras diez, o más, harán lo mismo.
Entre primarias, generales y balotajes, a lo largo del año podrían acumularse unos treinta domingos electorales. Entre la primera -17 de febrero- y la última posible -24 de noviembre- hay cuarenta semanas. En promedio, tres elecciones por mes.
En 2019, además de presidente y vice, un tercio del Senado y media Cámara de Diputados, se elegirán 22 de los 24 jefes de distrito. Corrientes y Santiago del Estero votan cruzado.

Un camino interminable de urnas y campañas

El raid larga el 17 de febrero con la primaria no obligatoria en La Pampa, sigue con la PASO de San Juan el 31 de marzo, y la de Chubut el 7 de abril. Por ahora, la primera general es el 12 de mayo en Córdoba.
Hay una regla no escrita entre los gobernadores, sobre todo los del PJ, de concentrar las votaciones en el primer semestre del año. Doble razón. Primero, despegarse todo lo posible de la presidencial, para escapar de una polarización y de la incierta interna peronista. “Si tuviesen un candidato fuerte, seguro todos unificarían pero no lo tienen”, explican en Gobierno.
Segundo: temerosos del deterioro de la economía, acelerar los tiempos permite esquivar otros coletazos de la crisis.

En detalle

El detalle -que excluyen las municipales- confirmadas y en análisis, es el siguente:
*Dos fechas nacionales de 11 de agosto (PASO) y el 27 de octubre (General), a las que se acoplarán Salta, Santa Cruz y Formosa, y todo indica, Ciudad de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires. También lo haría San Luis.
*Ocho primarias provinciales. En La Pampa, Chubut y San Juan ya tienen fecha, Chaco separa por legislación, Santa Fe por sistema electoral propio (boletas únicas por nivel) y San Luis como La Pampa tiene PAS (primaria no obligatoria para cargos locales). En Entre Ríos, Gustavo Bordet ultima lo acuerdos locales para llamar a votar en abril mientras las primarias de Mendoza, distrito controlado por el radical Alfredo Cornejo, se proyectan -aunque no está confirmado- para junio.
Dieciséis generales provinciales. Ocho que tienen calendario de PASO propia, también tienen general propia. La curiosidad es San Luis, que podría separar la PASO y hacer coincidir la general con la presidencial, sobre todo por lo que haga Alberto Rodríguez Saá. Al margen, Córdoba -que no tiene primarias- convocó para el 12 de mayo y en la misma dirección van Río Negro, Neuquén, Misiones, Catamarca -que eliminó las primarias-, La Rioja y Tucumán. El radical jujeño Gerardo Morales podría convocar para mayo. Hace semanas, le planteó a Mauricio Macri que sería conveniente que Cambiemos adelante en algunos distritos para “compensar” derrotas que parecen inevitables en provincias que adelantan.
*Tres balotajes. El formato existe a nivel nacional, en CABA y en Tierra del Fuego. Podría repetirse, como ocurrió en 2015, en los tres territorios.
Son 29 elecciones, con unas pocas en veremos, pero podría ampliarse. María Eugenia Vidal evalúa seriamente apurar la votación bonaerense y Horacio Rodríguez Larreta, que modificó el Código Electoral para permitir la elección simultánea, no elimina esa opción de su mesa de arena.
Los dos dirigentes del PRO están atados a Macri y despegarse de la presidencial se traduciría como una crisis interna o algo peor: que se desmarcan para que el Presidente no los arrastre.
En San Luis -que en general votó de manera simultánea-, la riña entre los hermanos Rodríguez Saá podría derivar en un desdoblamiento: el entorno “del Alberto” propuso adelantar la votación, para que el gobernador busque su reelección y utilice el triunfo como marquesina en la maratón presidencial.

Nada de blanquear las `cajas políticas´

Elisa Carrió logró parar la intentona. Después de tuitear en contra de la ley de financiamiento político, Emilio Monzó no la sumó a la sesión de ayer y no tiene previsto incluirla en una próxima, que por ahora ni siquiera están en sus planes.
El martes a la noche Monzó y el radical Mario Negri cenaron con Rogelio Frigerio y prefirieron no enfrentar a Lilita hasta nuevo aviso. El ministro del Interior estaba decidido a apurar la ley sin los 10 votos de la Coalición Cívica, que no eran necesarios si estaba el respaldo del justicialismo y el Frente Renovador.
Para lograrlo, la diputada Silvia Lospennato, mano derecha de Monzó, negocia con Diego Bossio un texto alternativo que estaba en condiciones de convertirse en dictamen y aprobarse este mes.
Frigerio, Monzó y Negri tenían decidido avanzar con la ley sin respaldo de Carrió, pero prefirieron esperar. Porque el mensaje de Carrió fue claro y público. Su resistencia además no es nueva, ya que la chaqueña siempre estuvo decidida a votar en contra de habilitar a empresas privadas a contribuir a las campañas electorales, eje de la reforma. También había algunos radicales con dudas, pero a Macri no le interesó e incluyó el tema entre los 40 proyectos a tratar hasta el 21 de diciembre. La descarga tuitera de Lilita arruinó los planes.
El triunfo de Lilita es doble, porque la ley es tan necesaria para Macri como para la oposición, que no tiene claro cómo financiar las campañas electorales de 2019 sin aportes privados y blanqueados.
Las últimas se solventaron con dinero en negro y las rendiciones de gastos nunca fueron aprobadas por la justicia federal. La denuncia por los aportantes truchos de la campaña bonaerense y la causa de los cuadernos aportan suma sensibilidad a este tema.
En Chubut por ejemplo, esta resistencia de Carrió favorece principalmente al massista Mariano Arcioni que tendría `juntado´ el dinero para el adelantamiento electoral y cuenta con el aparato de la gestión para ampliar su ventaja de visualización respecto al atomizado y desfinanciado `en blanco´ del resto del peronismo, y a un radicalismo que se encontraría con igual dificultad para explicar sus respaldos económicos proselitistas. En ese marco, no será para nada extraño el reflote de las siempre vigentes estructuras `sin fines de lucro´ o fundaciones.

Fuentes: NA, MI, Parlamentario, Clarín, Telam.