Por Carlos Alberto Nacher
Cnacher1@hotmail.com

El camino hacia algún lado puede llevarnos a una puerta abierta, pero nadie lo puede asegurar de antemano. El camino hacia ningún lado nos abre todas las puertas.

El azar no existe, todo es predecible, sólo hay que comprender el fenómeno.
Lo predecible no existe, todo es azar, sólo hay que comprender el fenómeno.
Los fenómenos no existen, todo es cotidiano, sólo hay que comprender al azar.

Se sabe que todo lo cotidiano, a la larga, deja de serlo.

La claridad del pensamiento es como esta aureola lumínica en medio de la oscuridad, una vela débil que, si bien nos guía entre lo opaco, no nos deja ver el todo, solamente el paso breve que viene, pero no el total del camino. Un paso adelante, y la luz de la vela ilumina, una vez más, el paso siguiente. Pero nada más. Nosotros debemos estar preocupados porque la vela no se apague, debemos caminar despacio para que el viento no se arremoline junto al pabilo, y debemos mirar y comprender el paso siguiente, nada más. El resto, otros días, otros nombres, será cosa de otras velas.

La demora es una manera de la seducción, una forma solapada de encender el deseo de quien la está esperando. La demora, bien entendida, puede hasta considerarse una virtud.

No existe una maestra fea, todas las maestras son muy bellas, algunas hacen de la sencillez, de la simpleza, un acto sublime de belleza absoluta.

Esta calle es así, sobre todo en invierno, plena de encuentros y de olvidos. Esta calle es poética.

Cuando la simpleza de las cosas producen regocijo, cuando el júbilo se desata porque simplemente el sol colorea a la siguiente esquina, quiere decir que hay una señal, al menos casi suficiente, de salud.

¿Se imagina usted ganando siempre, acertando todas las loterías, prediciendo todas las subas y bajas de la bolsa de valores? En esa situación de infalibilidad, ¿cuánto le duraría la dicha de ganar?¿Puede usted elaborar un pensamiento en proyección y determinar el momento en que imploraría por perder a algo?

¿Entonces todo era factible de predicción? ¿Y el azar dónde estaba? ¿Y dónde fue a parar la maravillosa incertidumbre, el látigo que avienta la sabia Providencia?

Cada uno que hace algo se cree que lo que hace es importante, y eso, aunque un poco egoísta, no deja de ser muy bueno. Es necesario tener alta la autoestima en estemundo tan competitivo.

Continúa el próximo martes…