Por: Dra.Patricia Chambón de Asencio
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Que este mundo es sólido, tal cual lo percibimos, es una realidad virtual que todos ya sabemos. Desde que la ciencia nos trajo noticias de la existencia en el mundo subatómico de un vasto espacio donde la materia casi no existe, nuestro sentido de la solidez del mundo físico cambió drásticamente. Pero qué difícil es incorporar totalmente este concepto a nuestra vida diaria!
Lo interesante de estos tiempos es, que gracias a la evolución de miles de años junto a los avances de la ciencia y la tecnología, estamos acercándonos a una comprensión más global e integrada de lo que es la realidad humana. Fenómenos que antes atribuíamos al mundo de los espíritus hoy podemos verlos bajo el aumento de las lentes del microscopio. Estados emocionales que pertenecían a la nebulosa de lo psicológico, hoy sabemos que son sustancias químicas, llamadas neuro-transmisores que alteran su equilibrio por distintas causas. Después de acceder a visores nocturnos de rayos infrarrojos, ecógrafos y emisores de positrones que nos permiten “ver” lo que antes no se podía, estamos percibiendo que aquel famoso “ver para creer” ya nos queda chico.
La realidad tal como la vemos es una interpretación de nuestro cerebro. Vemos lo que nuestro sensorio puede captar. Del espectro luminoso sólo vemos una fracción al igual que oímos solamente una parte de las ondas sonoras. Nuestro cerebro accede a una “banda” de frecuencias que podemos decodificar y a “eso” llamamos Realidad.
De la misma forma que sucede con las ondas de luz y sonoras, sucede con la percepción de nuestro entorno. Decodificamos campos electromagnéticos con diferentes “programas” que tiene nuestro cerebro. Estos programas han sido introducidos por la educación recibida a través de nuestra familia, la escuela, la religión, la cultura y los medios de comunicación que permanentemente nos están informando acerca de las últimas innovaciones en la programación. “Hay epidemia de Virus X” “Una nueva guerra inevitable” “Inflación, devaluación, desempleo” nos informan los titulares de los noticieros en todo el Planeta. Así nos mantenemos actualizados, con una lectura del mundo en que vivimos que activa los programas de miedo, previamente instalados, en cada uno de nosotros.
Esta dificultad en aplicar el concepto energético de la realidad se debe sencillamente a que no nos podemos pensar, menos ver, como seres de energía. Estamos totalmente identificados con un cuerpo y una serie de creencias acerca de lo que somos que nos impiden percibir otra realidad. Es una suerte de hipnosis colectiva en la que estamos sumergidos desde hace muchos años. Maya la llaman los hindúes, Realidad Ilusoria los budistas o Mitote los toltecas. Esta distorsión perceptiva es la que no permite que nos demos cuenta de que somos seres multidimensionales, fuera del tiempo lineal y con acceso directo, sin intermediarios (je!) , a una Fuente de Energía Inagotable.
A partir de esta hipnosis o programación como quieran llamarle, comenzamos a ver el mundo en forma sólida, a vernos separados de él y de nuestros semejantes. Comienzan aquí a tener vigencia cuatro principios que nos aseguran la sobrevida en este mundo escindido que así percibimos. “Tengo que sobrevivir” primera premisa de todo ser vivo. Para esto tengo que alimentarme, conseguir el sustento.”Tengo que protegerme” y proteger mi territorio, para no ser devorado por otro. “Tengo que competir” para ser más fuerte, mejor y para saber si valgo. “Afuera está lo que me falta” por lo tanto estaré siempre buscando afuera algo que me complete. Estos principios están grabados en nuestra biología: la sobrevivida, la protección, la comparación y la sustitución del faltante son “programas biológicos” que hemos desarrollado a lo largo de toda la evolución.
Cada uno de estos programas está sólidamente sustentado por un montón de creencias que los avalan y no nos dejan ver la realidad de otra forma: “Qué no me haga problema porque aumentan los precios?? Cómo no me voy a hacer problema? Y que voy a comer si la plata no me alcanza??” Aparece el miedo a no poder subsistir, el miedo a la escasez. Cuando pensamos y sentimos así nos abstraemos, nos vemos separados, de una realidad más extensa que existe y equilibra todos los procesos. Sólo vemos lo que está sucediendo de manera totalmente sesgada por estos antiguos programas y no dejamos alternativa posible para que surjan nuevas oportunidades. Aparece entonces la típica mirada “en túnel” que se nos instala cada vez que el miedo activa el mecanismo del estrés en nuestro cuerpo. Así vivimos con miedo, estresados, viendo sólo una única salida…que ¡oh casualidad! Siempre es más de lo mismo. Trato de huir o evitar aquello que me inflige una amenaza y si no es posible evitarlo, entonces lucho. Si estoy discutiendo con alguien, grito más fuerte para tratar de imponerme. Si estoy dirimiendo límites territoriales, bombardeo más ciudades para imponerme. Se repite la misma acción, en los diferentes escenarios, con más intensidad. Ya sabemos, ya lo hemos visto miles de veces, que este mecanismo solo consigue perpetuar el conflicto. Es totalmente inútil para llegar a una solución verdadera.
Tratar de imponer la propia visión de la realidad movido por el miedo sólo sirve para seguir distrayendo nuestra atención del verdadero problema que es la programación que estamos utilizando para decodificar la realidad.
Lo interesante de estos tiempos es que gracias a la evolución de miles de años, junto a los avances de la ciencia y la tecnología estamos acercándonos a una comprensión más global e integrada de lo que es la realidad humana. Fenómenos que antes atribuíamos al mundo de los espíritus hoy podemos verlos bajo el aumento de las lentes del microscopio. Estados emocionales que pertenecían a la nebulosa de lo psicológico, hoy sabemos que son sustancias químicas, llamadas neuro-transmisores que alteran su equilibrio por distintas causas. Después de acceder a visores nocturnos de rayos infrarrojos, ecógrafos y emisores de positrones que nos permiten “ver” lo que antes no se podía, estamos percibiendo que aquel famoso “ver para creer” ya nos queda chico. Cada vez somos más conscientes de que sólo estamos percibiendo una pequeña franja del espectro que llamamos Realidad donde se desarrolla toda nuestra existencia con toda su problemática. Intuimos que hay mucho más que está sucediendo y no podemos ver. ¿Estaremos ante el umbral de una realidad que requiere una Nueva Lógica para ser decodificada?
“Creer para Ver” parece ser la nueva premisa.