claudio“Le dejamos al futuro gobernante del país una base sólida”, expresa Claudio Stampalija, abogado, criminólogo y director del Centro de Estudios para la Prevención del Delito de la Universidad de Belgrano, al referirse al documento “Propuestas de Políticas Públicas Integrales para la Prevención del Avance del Narcotráfico”, que fue presentado el miércoles último en la ciudad de Buenos Aires. En la obra, especialistas de diversas universidades e instituciones argentinas dan –desde diferentes dimensiones- un diagnóstico sobre la situación actual y una serie de propuestas para abordar la problemática.
A través del documento, elaborado por el Observatorio de Prevención del Narcotráfico (OPRENAR), se dan a conocer acciones concretas que podrían adoptar los dirigentes políticos y se establecen los plazos estimados que demandaría cada una de las propuestas. La obra cuenta con la síntesis de cinco comisiones integradas por especialistas de distintas áreas. Una de ellas es Políticas de Seguridad, a cargo de Stampalija.
“Se torna prioritario diseñar estrategias contra el narcomenudeo, la modalidad de comercialización de drogas que más se ha desarrollado en los últimos años”. Es una de las frases que puede leerse en el capítulo redactado por la comisión dirigida por Stampalija. “Erróneamente, hay personas que creen que en el sur argentino no pasa nada. Pareciera que la problemática de la seguridad y del narcotráfico es propiedad de Rosario, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba o algunas provincias del norte, cuando en realidad se trata de un fenómeno que ha impactado –en mayor o menor medida- en todo el territorio”, recalca el experto durante una entrevista con El Diario.
El documento ya fue entregado a Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. También fue enviado al papa Francisco, impulsor del surgimiento de la iniciativa.

—En las propuestas se recalca la implementación de políticas integrales. ¿Es la única forma de abordar el flagelo?
—Es la única forma de abordar bien la problemática, al igual como ocurre con la seguridad. La dirigencia política tiene que cambiar la mentalidad de creer que la temática de la seguridad se resuelve únicamente con una visión reactiva policial, la cual sólo puede tener un impacto inmediato en la sociedad. El 95 por ciento de los políticos hoy sigue teniendo una visión miope. Los habitantes son mucho más inteligentes porque inmediatamente se dan cuenta que tanto la seguridad como el avance del narcotráfico se tienen que abordar desde una visión multidisplinaria, ya que de caso contrario se marcha hacia el fracaso. Ambas problemáticas no se van a resolver con más policías.

—La salud y la educación cumplen un rol fundamental, según se plantea en el libro.
—Absolutamente. En la cabeza, están la salud y la educación. Por ejemplo, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se han hecho últimamente los mejores documentos sobre la prevención del delito. Las mejores estadísticas de seguridad vienen desde los canales sanitarios. Argentina no tiene estadísticas. De hecho, en materia de prevención del delito, es el país más atrasado de la región. Hay políticos que hablan que se tiene la tasa de homicidios más baja, pero no es de 5,6 o 6 cada cien mil habitantes como se dice, sino que es de 9 o 9,5. Con esa cifra, se está por debajo de la media regional, que se ubica en 14 o 15. Sin embargo, en cuanto a los robos cometidos se ha duplicado, por ejemplo, la media de la región. Lo primero que hay que hacer es capacitar a la dirigencia política. En segundo lugar, se debe tener en cuenta que para trabajar en seguridad hay que tener capacidad de gerenciamiento, es decir, entender de forma interministerial la problemática con un comité que convoque. El Gabinete nacional, provincial o municipal se tiene que reunir con bastante frecuencia para monitorear el trabajo multidisplinario, tanto desde el área de salud, educación, vivienda, acción social como de obras públicas, por citar algunas. Por otro lado, no le resto importancia a la policía, es más para trabajar de la mejor manera en el narcomenudeo es necesario, además de trabajar bien en materia de salud con el adicto, contar con una policía de neto corte barrial-vecinal, que es la que conoce el terreno y la problemática de los consumidores.

—¿Qué rol ocuparía la policía vecinal?
—Es la que puede decir que los consumidores vayan a los canales de salud para ser tratados y no detenidos, y al mismo tiempo puede monitorear mejor en el terreno el trabajo de los narcomenudistas. El narcomenudeo es un pequeño ejército que va avanzando raudamente y está metido en el territorio nacional. Se trata de una descentralización del narcotráfico que se ha instalado en lugares en los que no había problemas.

—En el libro se plantea que el narcomenudeo es la modalidad de comercialización de drogas que más se ha desarrollado en los últimos años. ¿Se evidencia en todo el país?
—Absolutamente. Viajo por todo el país y lo que se observa es que no hay intendente que no esté preocupado. En mayor o menor medida, el narcomenudeo ha florecido en todo el país. Por eso, desde OPRENAR se ha pedido que exista un acuerdo político suscripto a partir del cual todas las fuerzas políticas y los ejecutivos del ámbito nacional, provincial y municipal se comprometan a trabajar desde una perspectiva multidisplinaria.

—¿El plan tiene que llegar a las intendencias?
—En materia de seguridad y narcotráfico, tiene que haber un paraguas que se denomina política criminal y que parte desde el Gobierno nacional, el cual debe dar el ejemplo y aplicar una política integral. Tiene que haber un trabajo coordinado entre Nación, las provincias y los municipios.

—¿Qué características presenta y complejidades el narcomenudeo?
—En primer lugar, los jóvenes que generalmente forman parte del “trabajo” al mismo tiempo son consumidores. No empiezan de esa forma, pero la experiencia indica que luego se introducen en el consumo. Ingresan en el negocio y terminan cuando en definitiva son detenidos, es decir, cuando ya están bastantes tomados por el consumo de distintos estupefacientes. Por eso, el abordaje de la salud es fundamental. En segundo lugar, se trata de una modalidad que cambia como la piel de la víbora, en el sentido de que se reproduce instantáneamente. Por ejemplo, se detiene a un joven, pero ya hay detrás toda una familia o un grupo de amigos que forma parte del negocio. La ausencia de la persona detenida, no hace mella en el negocio. El delito se sigue produciendo de igual manera. Por eso, no es cuestión de poner a todos en la cárcel, porque hay una reproducción sistemática.

—¿Qué ocurre con la investigación?
—El narcomenudeo es muy difícil de investigar, tanto para la policía, que no alcanza con la cantidad de recursos humanos, como para la justicia, que no llega con los tiempos. Es importante que haya fiscalías descentralizadas y especializadas en narcotráfico dentro de los lugares más vulnerables, además de la existencia de salas de salud y la presencia de policías de cercanía. De avanzar, luego se da la violencia entre las propias bandas que comienzan a disputar el territorio por la cuota de poder. El narcomenudeo trae aparejado un nivel de inseguridad tremendo en toda la zona donde opera. Es muy serio el impacto que tiene en la calidad de vida de los habitantes. Por lo tanto, hay que tener una política de Estado clara y hay que trabajar rápidamente desde una visión integral.

—¿Se está a tiempo?
—Sí, pero estamos en los últimos tiempos.

—¿Por qué se llegó a este escenario?
—Por desidia de las instituciones. Por ejemplo, cuando la prefectura y la gendarmería fueron a las villas, el primer mes se estuvo bien, pero con el tiempo todo se fue pauperizando. Las mismas fuerzas se fueron corrompiendo en mayor o menor medida. Hoy en día se da un fenómeno inverso a lo que ocurría en otros tiempos: ahora, el delincuente del narcotráfico, de la trata de personas y de los delitos complejos echa a las fuerzas de seguridad. En algunos lugares, incluso se ve que aquellos policías que son refractarios a la corrupción, son separados de la institución. La policía tiene que estar controlada. Como se dice en criminología, la corrupción es la madre de todos los delitos. Cuando la manzana podrida ingresa a las instituciones, sacarla es tremendamente difícil, prácticamente imposible.

—En 2013, en Madryn se hallaron 110 kilos de cocaína en cajas de langostinos. ¿El control en los puertos es primordial?
—Las fronteras y el espacio aéreo son fundamentales. En el norte, el juez de Orán (Salta) tiene 22 mil causas por narcotráfico y cuenta con 7 u 8 empleados. Entonces, ¿qué se le puede pedir a esa persona? No puede hacer nada. Se necesitan escáneres en los aeropuertos y en los puertos, como así también más radares, de los cuales habría que tener un total de 40 en todo el país. Al mismo tiempo, se necesitan 2.000 hombres nuevos para cubrir los puestos fronterizos.

 

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