Los grandes cambios que las sociedades han experimentado a lo largo de las últimas décadas, evidentemente han trazado una nueva configuración del mapa familiar, algo que se ve reflejado en la mayoría de las comunidades.
El modelo familiar tradicional, que hasta entonces se constituía como un pilar fundamental del modelo social occidental, supo verse transformado en relación a los roles, las tareas y las características de los grupos familiares actuales; desde el avance de las tecnologías hasta la transferencia de conocimiento y las variables económicas que rigen el día a día, lo cierto es que la “familia” ha ido cambiando y, con ello, también ha ido mutando la estructura social, casi al mismo ritmo que las instituciones.
Uno de los factores que, inevitablemente, ha influido en la conformación de estructuras familiares fuera de la convencional, es la prevalencia del “embarazo adolescente”, principalmente en parejas que no conviven o que no se han consolidado al momento de nacer el hijo; la poca demanda laboral del sector que “no estudia ni trabaja” en Argentina, cifra que supera el millón de jóvenes, también tiene incidencia en dicho mapa social.
La provincia del Chubut, actualmente, es una de las más altas en función del índice de fecundidad, lo que lleva a que, año a año, miles de nuevas familias se formen a lo largo y ancho del territorio; según estadísticas del área de Salud provincial, se encuentra en 2,27 puntos, un décimo por debajo del promedio a nivel país (2,28).
Con la aprobación, en 2010, del matrimonio igualitario para personas del mismo sexo, ya fueron más de 16 mil las parejas que pasaron por el Registro Civil, un hecho que definitivamente ha marcado un antes y un después en el esquema familiar de un sector de la sociedad, donde el colectivo ha avalado que prime, tras un arduo debate social, la igualdad de derechos.
En la provincia del Chubut, más de 80 parejas del mismo sexo se casaron en los últimos siete años, lo cual sentó el esquema para un nuevo modelo de familia que, hasta entonces, resultaba “impensado” por una parte de la sociedad y que, en la actualidad, suma un elemento más al nuevo esquema de familias del tercer milenio.

Cambios en el núcleo familiar

En la publicación titulada “La familia en el tercer milenio”, desde la Asociación Civil “Observatorio Social” hacen referencia al “sinnúmero de transformaciones que ha atravesado nuestra sociedad, y por ende nuestras vidas, del siglo XXI”, contemplando que “en el plano de las ciencias duras -tecnología, comunicaciones como en el de las ciencias blandas -relaciones interpersonales, representaciones e imaginarios sociales, construcción de sentido” y que “en este marco, el modelo familiar aparece en el centro de dichas transformaciones ya que se encuentra en la base institucional sobre la que se apoya la estructura social reconfigurada por los cambios acontecidos”.
Según el licenciado en Economía Eduardo Amadeo, coautor de la investigación, define que la familia es, “idealmente, un espacio de afecto en el que sus miembros encuentran los recursos, valores y relaciones que les permiten desarrollarse plenamente”, aunque clara que “la familia está cambiando aceleradamente” y que ello sucede, “ante todo, porque ya familia no es matrimonio”.
Este último, “tal como lo conocimos desde hace siglos, está desapareciendo en todo el mundo”.

Jóvenes “Ni-Ni”, un factor decisivo

La estadística parece poco alentadora: “Por cada dos parejas que se casan, se separa una”, afirma el economista, agregando que “esas familias o parejas comienzan débiles cuando son el resultado de un embarazo adolescente, que en nuestro país no para de aumentar y que afecta especialmente a los jóvenes más pobres: el 80 por ciento pertenecen a los hogares del 20 por ciento con menores ingresos, y de este 80 por ciento de mujeres jóvenes pobres con hijos, el 70 por ciento no estudia ni trabaja”.
Este segmento, denominado estadísticamente “Ni-Ni”, superaba el millón de jóvenes argentinos para fines de 2016, a raíz de un informe elaborado por la consultora Adecco, donde se afirmaba que, de ese millón, “más de 700 mil ni siquiera están buscando insertarse en el mercado laboral”, sumándose a los casi 30 millones de jóvenes latinoamericanos en la misma situación.

Otras miradas

Sin embargo, un reciente informe del Cippec “desmiente” el verdadero peso que tendrían, en la conformación del mapa social y familiar, los denominados “Jóvenes Ni – Ni”, afirmando que el 67 por ciento de los mismos se corresponde con madres que no trabajan porque permanecen en sus hogares cuidando a sus hijos.
En esta línea, sugiere que “entre las mujeres, el peso del cuidado es mucho mayor, pero además se entrelaza con el impacto que tiene en las posibilidades de trabajar, estudiar o realizar ambas actividades. 2 de cada 10 mujeres no estudia, no trabaja, ni busca trabajo, pero casi todas ellas cuidan. Si el 70 por ciento de los jóvenes desafiliados del mercado laboral o de la esfera educativa realizan actividades de cuidado, esa cifra muestra un impacto diferencial por género cuando se la analiza en profundidad. En efecto, como muestra el gráfico 5, del universo de jóvenes que no estudian ni trabajan, pero cuidan, el 95 por ciento está representado por mujeres. De esa forma, las jóvenes cuidadoras no solo representan el 82 por ciento del total de jóvenes mujeres que no estudian ni trabajan, sino también el 67 por ciento de todos los jóvenes, hombres y mujeres, que se encuentran en esa situación”.

El impacto del embarazo adolescente

Además, el relevamiento del Observatorio Social apunta que, en Argentina, “el 69 por ciento de los embarazos adolescentes no son planeados, con las mismas diferencias entre pobres y no pobres; además, una abrumadora mayoría (73%) se da sin convivencia formal; esos hijos no planeados llegan entonces, en su mayoría, en un momento en el que la pareja no está consolidada y, por lo tanto, la crisis es altamente probable”.
Sumado a ello, “todas estas transformaciones de la estructura familiar tienen al menos dos consecuencias; la primera, sobre la construcción de la vida de esos hijos no planeados”, señala el estudio, añadiendo que “ante todo, la inestabilidad de sus padres afecta la imagen paterna/materna, que es esencial para su crecimiento; asimismo, tienen menos posibilidad de estar cotidianamente con sus padres y, en general, son hogares más pobres, por una simple razón: hay un sueldo en lugar de dos”.

Más “madres sostén de hogar”

El informe “La evolución de las estructuras familiares en América Latina, 1990-2010 – Los retos de la pobreza, la vulnerabilidad y el cuidado”, realizado por los investigadores de Unicef Heidi Ullmann, Carlos Maldonado Valera y María Nieves Rico, dan cuenta de cómo se ha ido modificando el núcleo y la estructura familiar, a través de las décadas.
Precisamente, el estudio define que, entre la década del 90 y el año 2010, franja de tiempo tenida en cuenta para el relevamiento, “la mayoría de los hogares en América Latina dejó de corresponder a hogares nucleares biparentales, pasando de 50,5 a 40,3 por ciento del total de hogares”, agregando que “la proporción de los hogares biparentales extensos también cayó, de 13,4 a 11,9 por ciento” y que, no obstante, “en conjunto, los hogares biparentales nucleares y extensos todavía representan en 2010 a la mayoría de los hogares en la región (52,1 por ciento)”.
Por otro lado, también señala que “a diferencia de los hogares biparentales, la proporción de hogares monoparentales, en su inmensa mayoría encabezados por mujeres, han aumentado constantemente; este aumento ha sido más notorio en el caso de los hogares nucleares encabezados por mujeres (de 7,9 a 10,9 por ciento)” y añade que “en conjunto, los hogares monoparentales encabezados por mujeres, tanto extensos como nucleares, aumentaron del 13,0 al 17,2 por ciento; este aumento de los hogares monoparentales con jefatura femenina, sobretodo en el caso de los nucleares, es una tendencia compartida por la casi totalidad de los países de la región, aunque con magnitudes diversas que abarcan un rango de entre el 12,4 por ciento de los hogares en Perú, hasta el 31,3 por ciento en Chile”.

Una transformación inevitable

En este contexto, el trabajo difundido por Unicef también explica que “las familias desempeñan funciones esenciales como la socialización y el cuidado que son primordiales para el acceso de las personas al bienestar en un sentido amplio”, recordando que “históricamente, las familias ejecutan tales funciones mediante arreglos diversos, en el contexto de las alternativas ofrecidas por las políticas públicas, el mercado y las organizaciones de la sociedad civil” y que, “si, como en el pasado, las familias siguen siendo protagonistas del acceso al bienestar, entonces los cambios en su estructura y funcionamiento son un importante objeto de estudio, particularmente en América Latina, donde dichos cambios están ocurriendo de forma acelerada, de la mano de diversos factores demográficos, económicos y culturales”.
Sobre este margen, añade que “la diversificación de las estructuras familiares en América Latina es una tendencia compartida y que se mantiene en marcha; en todos los países, independientemente de su nivel de desarrollo económico y la fase de la transición demográfica y, dentro de cada uno de estos, en la mayoría de los estratos, ha aumentado la frecuencia de los hogares unipersonales, caído el porcentaje de hogares nucleares biparentales y crecido el de hogares monoparentales con jefatura femenina”.