Hoy en día, existen 300 millones de niños que no tienen zapatos. Aunque reciben donaciones de calzado, no pueden disfrutarlos por mucho tiempo ya que sus pies naturalmente crecen. Esto los expone a heridas e infecciones a causa de las bacterias que viven en los suelos, que a menudo carecen de la higiene adecuada.
A veces un pequeño cambio puede transformar una vida, o miles de ellas. Algo así pensó Kenton Lee, un voluntario norteamericano que tras pasar una temporada en Kenia ayudando a niños huérfanos, inventó unos zapatos que crecen: se agrandan hasta 5 talles y duran unos 5 años.
Logró ejecutar la idea fundando su propia ONG y empezó a enviarlos a algunos países de África. La popularidad que ha alcanzado la causa ha hecho que se plantee incluso hacer un modelo para niños de países desarrollados.
The Shoe That Grows –literalmente, “el zapato que crece”– es una invención que permitió a miles de niños de contextos críticos estar poder calzarse y cambiar su vida. Su inventor, Kenton Lee, habló acerca de las motivaciones detrás de este proyecto y su proceso de creación.
“Compasión práctica” son las dos palabras que definen el impulso de los creadores de este noble proyecto: un zapato capaz de aumentar su tamaño de manera gradual, con el objetivo de que niños en situaciones de extrema pobreza puedan estar siempre calzados.

Cuando la realidad te obliga a ser creativo

La idea surgió mientras Lee, proveniente de Idaho, Estados Unidos, vivía y trabajaba como misionero en Nairobi, Kenia, en el año 2007. Según cuenta en el sitio web de la ONG, un día, mientras caminaba hacia la iglesia, vio a una niña con un calzado demasiado pequeño para el tamaño de sus pies. A partir de allí, en su cabeza surgió la idea de crear un zapato capaz de expandirse y ajustarse, de manera que los niños siempre pudieran estar cómodamente calzados.
The Shoe That Grows es una organización que actualmente tiene el respaldo de Because International, una empresa fundada en 2009 dedicada a brindar soluciones a los contextos de extrema pobreza. Actualmente, este calzado se distribuye en países como Ecuador, Haití, Kenya, Ghana.
La sandalia ideada por Lee puede expandirse hasta cinco talles en cinco años, y está hecha a base de materiales resistentes, livianos y duraderos: “fácil de usar, fácil de limpiar”. El fundador de The Shoe That Grows, contó a Universia acerca de su historia personal e inspiración para llevar adelante esta idea, así como de sus proyectos a futuro.

P: -¿Podrías contarnos acerca de tu trasfondo académico y laboral?
KL: -Tengo un título de grado en Administración de empresas por la Northwest Nazarene University (NNU). Además, cuento con una maestría en Liderazgo organizacional por la Regent University, una maestría en Gerencia de organizaciones sin fines de lucro por la Universidad de Regis y una maestría en Divinidad por la NNU.
Antes de trabajar para Because International, trabajé como Director adjunto de Vida Universitaria en la Northwest Nazarene University.

¿Qué te motivó a mudarte a Nairobi en primer lugar?
KL: -La verdad es que mi intención era convertirme en un misionero. Y quería ver el mundo. Por eso, luego de la universidad, me fui a Quito, Ecuador, y luego a Narobi. Al final, sentí que extrañaba demasiado mi hogar en Idaho y que ser misionero no era mi verdadera vocación. Pero todavía quería ayudar a las personas.

¿Trabajaste en conjunto con otras personas para crear el zapato? ¿Cómo lograron la financiación necesaria para este proyecto?
KL: -Trabajamos en conjunto con una empresa de zapatos en Portland, Oregon llamada Proof of Concept. Se trata de gente increíble que nos acompañó en cada paso. Nuestras financiación provino de donaciones personales.

¿No piensa que fue quizá un tanto ingenuo pensar que la industria del zapato estaría de acuerdo con una idea que podría quitarles millones y millones de dólares?
KL: – La verdad que volviendo la vista atrás sí, fue algo quizá un tanto ingenuo, entiendo por qué no estarían interesados en la idea. Desde luego no les sería rentable que los niños tuvieran como mucho dos pares de zapatos toda su vida, es cierto.

¿Qué tipo de zapato crearon? Si el calzado está pensado para países en vías de desarrollo en África, el calzado debería adaptarse al clima también.
KL: – Sí, por eso se trata de una sandalia, porque un zapato cerrado del todo es menos práctico allí. Proof of Concept se especializa en calzado infantil, así que su grupo de expertos tuvo en cuenta esto a la hora de crear el prototipo.
La sandalia se puede usar durante cinco años y tiene dos tallas, una para niños de 4 o 5 años hasta los 10 años de edad y otra talla que abarca desde los 10 hasta los 15. Cada zapato tiene tiras que se pueden ir ajustando, una suela que también se puede agrandar y una pequeña hebilla en el talón que regula el ancho de la sandalia.

¿Han comenzado a enviar ya estas sandalias a África?
KL: – Sí, la primera partida de 3,000 se envió el año pasado a Ruanda y Kenia y ahora estamos preparando la siguiente, que ha aumentado a 5,000. Como dependemos de donaciones, no podemos enviar más zapatos ni con más frecuencia, pero espero que la popularidad que ha recibido en los últimos meses esta causa, ayude a enviar más zapatos.

La idea podría ayudar no sólo a niños de países pobres, sino además a familias de países desarrollados.
KL: -Sí, reconozco que me pilló por sorpresa el número de solicitudes que hemos tenido aquí para vender las sandalias en el país porque los zapatos no son bonitos, están pensados como algo práctico sin ningún fin estético.

¿Tienen pensado entonces desarrollar algún modelo que se adopte al gusto occidental para comercializarlo?
KL: – Estamos trabajando en ello ahora, desarrollando un zapato más cerrado que se pueda usar aquí, en Estados Unidos. Los niños no paran de crecer, eso es así en Kenia y en cualquier otro país y supone un gasto tremendo para cualquier familia en el mundo.

¿Cómo ves a la empresa en el futuro? ¿Tienes otros proyectos en mente?
KL: -Nuestra esperanza es que The Shoe pueda seguir creciendo. Estamos investigando algunas opciones comerciales, así como algún día esperamos tener instalaciones de manufactura en las localidades y regiones donde este zapato se usa más. Nuestro próximo proyecto se llama Better Bednet (“Mejor mosquitero”) una red protectora para la cama que se sostiene por sí misma, por lo que puede ser usada en cualquier parte.

Finalmente, ¿qué consejo darías a los jóvenes que desean realizar su propio emprendimiento?
KL: -Les díría que tomen su idea y sigan adelante, adelante, adelante, adelante. Nos llevó años hacer realidad este proyecto. Hubo muchos fracasos en el camino, muchas cosas que no funcionaron. ¡Los jóvenes tienen que seguir adelante!

Fuente: Universia, INAES, Cooperar, MFyDSCh