Tras el anuncio del gobierno nacional de las nuevas metas de inflación de cara al 2018, retornó a la agenda económica de nuestro país el debate sobre el poder adquisitivo de los salarios. Como en cada año entrante, la institución de las paritarias libres entre empleadores y representantes sindicales se ve influida por los requisitos de las pautas políticas.
En nuestro país, más que nada durante los últimos años, se ha podido verificar una persistente inflación de costos, derivada de la puja de poder adquisitivo. Cada incremento nominal de salarios es proseguido de remarcaciones de precios, lo cual redunda en un determinado grado de inercia inflacionaria. Lejos de ser algo novedoso, este fenómeno se ha presentado en reiterados períodos de la historia económica argentina.
Asimismo, según destaca un informe elaborado por la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV), la falta de comprensión a esta situación y la ausencia de un tratamiento integral que ataque a los factores estructurales, lleva a soluciones simplistas que sólo atacan una de las causas del proceso.
Uno de los ejemplos más claros de esta situación son aquellos enfoques que asocian a los factores inflacionarios con el desequilibrio entre la oferta y la demanda de dinero, como producto de una emisión irresponsable. Al analizarlos puntillosamente, se puede establecer que estos enfoques asignan una automaticidad determinista a los fenómenos económicos, aislando todas las imperfecciones de mercado que distinguen a dos economías entre sí, y derivan en distintos resultados.

Caída del consumo

Si bien ya han pasado más de 12 meses, la inflexibilidad a la baja de la inflación trasmite tensiones sobre la distribución del ingreso, en el marco de un mercado laboral que todavía no termina de recuperarse de los cimbronazos económicos que se vivieron en 2016. En este contexto, las paritarias cumplirían un rol esencial en el sostenimiento del poder adquisitivo de la enorme proporción de los asalariados de nuestro país.
La tendencia general de las negociaciones colectivas de salarios también mantiene una alta influencia sobre los demás precios de la economía, inclusive el del trabajo no registrado. En tanto, frente a este contexto de debilidad en la capacidad o en la voluntad de pactar salarios superiores a la inflación, se verifica un proceso de retracción general del poder adquisitivo, lo que conlleva también a una caída del consumo.

Metas inflacionarias

Actualmente, el consenso difundido es que el complimiento de la meta inflacionaria, que fue corregida en reiteradas oportunidades y que prevé un aumento de los precios del 17%, es altamente improbable. Los incrementos de servicios regulados por el desfasaje de las correcciones interrumpidas por el ciclo electoral del segundo semestre pasado, imprime presión sobre el nivel general de precios. En tanto, con la acumulación de dos años consecutivos de desvíos significativos respecto de los objetivos oficiales, la credibilidad del esquema de metas de inflación se vuelve menos solida.
Al respecto, desde la UNDAV consideraron que estas expectativas oficiales respecto a los niveles inflacionarios son sumamente importantes para un desarrollo justo y equilibrado de las negociaciones colectivas. Puntualmente, explicaron que ante entornos de alta volatilidad o sesgos en la proyección de la inflación futura, se pueden generar desvíos que altere la distribución del ingreso. En un esquema macroeconómico que plantea un horizonte de inflación a la baja, el riesgo es que ese sesgo se desarrolle a la baja, redundando en un deterioro en el poder adquisitivo de los sectores de ingresos fijos.
Cabe aclarar que las metas inflacionarias propuestas por el gobierno nacional en sus primeros dos años de gestión han estado muy por debajo de las que finalmente se alcanzaron, teniendo en cuenta la información oficial anunciada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina (INDEC). Puntualmente, en 2016 la meta había sido de 25% y los precios aumentaron un 41%, mientras que en 2017 lo anunciado previamente había sido una inflación del 17%, que finalmente llegó al 24,8%. Asimismo, para el año entrante, el Gobierno prevé que la cifra final será del 17%, al igual que lo previsto en 2016.

Desinflación a través de la contención salarial

Por su parte, en las últimas semanas el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda de la Nación, Rogelio Frigerio, hizo declaraciones respecto a esta problemática económica, afirmando que “en las paritarias se debe tener en cuenta el objetivo de bajar la inflación”.
Estas declaraciones lanzadas por el funcionario pueden resumir de la manera más simple el objetivo del gabinete económico en los últimos dos años, que consiste en oficiar un esquema de “metas de paritarias” como principal arma para contener el proceso de puja distributiva y contribuir a la reducción en la inflación de costos.
Pese a la aplicación de la “cláusula gatillo” en 2017, el acumulado de los últimos dos años muestra un empeoramiento general en los diferentes agrupamientos gremiales. Sacando contadas excepciones, se verifica un aumento salarial anual menor al avance del nivel general de precios entre 2016 y 2017.

Gremio por gremio

En la evaluación de los gremios que más gente agrupan en todo el país, se puede destacar que en los últimos dos años se produjo una pérdida en el poder adquisitivo, a partir de la puesta en marcha del actual modelo económico. Con amplia dispersión entre los diferentes sectores de actividad, se verifica el hecho estilizado de que logran negociar las mejores paritarias aquellos gremios con mayo “poder de negociación” o cuya actividad se beneficia por una coyuntura positiva.
No obstante ello, el sindicato de los Aceiteros es el único del relevamiento elaborado por la UNDAV que logró mejorar su situación salarial en los últimos dos años, a partir de una suba real del 3,2%.
En tanto, uno de los que se muestran en terreno negativo, aunque con niveles de deterioro bajos, es el sector de la Construcción. Como 2017 fue un año de alta producción de la obra pública, los trabajadores encuadrados en este convenio colectivo perdieron tan sólo 1,4% en los últimos dos años. En el otro extremo, Transporte es el sector de actividad que más perdió en el lapso temporal mencionado (-8,5%). Con una postura dialoguista frente al gobierno nacional, el gremio que encuadra a los transportistas de personas para corta distancia no logró conseguir buenos resultados en las dos últimas rondas paritarias.
Por su parte, el caso de los docentes es particular, ya que, clausurada desde el año pasado la discusión nacional, el número consolidado se compone de un promedio de las diferentes jurisdicciones provinciales. Desde ya, existe una alta heterogeneidad donde en diferentes provincias la capacidad negociadora de los gremios es baja frente a la patronal estatal. El acumulado de deterioro medio de los docentes, por tanto, se posicionó en el orden del 8,2%. Este contexto recrudece cuando se examinan los números anteriores a la luz del objetivo oficial para este año, modificado recientemente al 15% de variación anual del índice de precios.
Al hacer el análisis de cada uno de los gremios se desprende que luego de transporte, quienes tuvieron un deceso en el poder adquisitivo mayor fueron: Docentes (-8,2%), Petroleros (-7,8%), Estatales (-7,1%), Trabajadores Rurales y Estibadores (-6,4%), Comercio (-4,9%), Bancarios (-4,3%), Telefónicos (-3,5%) y Construcción (-1,4%).
Estos deterioros que superan, en los peores casos, los dos dígitos, son producto de incluir en la hipótesis para el corriente año el techo apuntado por los representantes del oficialismo, del orden del 15%, frente a una expectativa del 17,4%.

Demoras en la desinflación

Vale destacar que la medición de las expectativas en nuestro país no está exenta de discusiones de carácter político sobre las características e intereses de esos actores que “forman las expectativas”. Uno de los ejemplos que se pueden citar respecto a esto es la influencia que tienen aquellos formadores de opinión, quienes dejan en claro sus visiones ideológicas particulares y también la de los grupos económicos que representan. En Argentina, actualmente, la única medición sistemática y oficial de expectativas está dada por el Relevamiento de Expectativas de Inflación que realiza el BCRA.
Asimismo, se puede notar en las últimas estadísticas oficiales que el proceso de desinflación está demorando más de lo que inicialmente anunció el gabinete económico nacional. Al respecto, desde la UNDAV consideraron que esto se debe a que “la multiplicidad de causales de aumento sostenido de precios no fue evaluada en los inicios del nuevo modelo, y generó un retraso en el cumplimiento de los objetivos monetarios. La unicidad del diagnóstico del oficialismo en su comprensión sobre los causales que expresan este fenómeno en nuestro país, limitó el accionar de la política económica a un único instrumento: la tasa de interés”.
A diferencia de las experiencias de implementación de regímenes de metas de inflación en otros países del mundo, en Argentina los canales de transmisión de la tasa a la demanda de dinero no son automáticos ni directos. Puntualmente, se puede hacer referencia a la baja penetración del crédito por lo prohibitivo de su costo financiero actual, el escaso nivel de ahorro en la economía y la prevalencia de una tradición de crecimiento tirado por demanda agregada, que son sintomáticos de estas rigideces.
En este marco, la puesta en marcha de un régimen de dinero que se forma internamente y tasas de interés reales positivas altas para señalizar un recorrido de convergencia entre oferta y demanda de dinero, no puede funcionar de manera aislada del resto de la política económica. La importancia de los factores estructurales como ser la inercia inflacionaria, la inflación de costos, la inflación importada, la inflación por puja de poder adquisitivo y la inflación estructural no deben ser subestimados y se deben atacar en conjunto.
Al respecto, la disposición de programas oficiales y acuerdos sectoriales para influir sobre los procesos de formación de precios también podría redundar en una solución efectiva. Dado este contexto, los resultados obtenidos hasta el momento son insoslayables. Se consolida el segundo año desde que Macri asumió como Presidente y se sostiene una brecha significativa entre los objetivos inflacionarios y los números verificados.