Los accidentes cerebrovasculares (ACV) representan un gran porcentaje de las muertes de todo el mundo y en Argentina son la segunda causa de decesos, al mismo tiempo que son el principal desencadenante de discapacidad en todo el territorio nacional. En nuestro país, cada año fallecen alrededor de 18.400 personas a raíz de un ACV, según establecen los datos lanzados por el informe de Estadísticas Vitales del Ministerio de Salud de la Nación. Además, desde la cartera sanitaria también remarcaron que esta patología comienza a presentarse con mayor frecuencia a partir de los 45 años.
Un ACV se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo a una parte del cerebro, como consecuencia de que algún vaso sanguíneo se obstruye o se rompe. En caso de que suceda lo primero, se trata de un ACV isquémico, mientras que el segundo refiere a uno hemorrágico. Al respecto, cabe aclarar que en la mayoría de los casos, cerca del 80%, son isquémicos.
Si bien plantean características diferentes, en cualquiera de las dos situaciones, cuando se detiene la circulación sanguínea, el cerebro deja de recibir sangre y oxígeno. Esto produce que el tejido cerebral pueda sufrir un deterioro de sus funciones o, directamente, morir. Esto puede tener dos consecuencias inmediatas: o producirse un daño permanente o incluso la muerte de la persona.
Vale destacar que los principales síntomas a tener en cuenta ante el ACV son los siguientes: dolor de cabeza súbito y de máxima intensidad; confusión, dificultad para hablar o entender; debilidad u hormigueo en la mitad del cuerpo; inestabilidad en la marcha o pérdida del equilibrio; dificultad para ver con uno o ambos ojos.

Uno cada cuatro minutos

En Argentina, cada cuatro minutos una persona padece un ataque cerebrovascular, mientras que se desprenden unas 18.400 muertes al año. Al respecto, Gabriel Persi, médico neurólogo especializado en enfermedades cardiovasculares del Instituto de Neurociencias Buenos Aires (INEBA), afirmó que “la cantidad se asemeja a los accidentes de tránsito que se producen en el país, lo cual es preocupante. Aunque en el 70% de los casos el paciente se salva, sus secuelas suelen ser severas. Es una enfermedad muy discapacitante”.
A nivel global las estadísticas también son alarmantes, ya que los ACV, en las últimas décadas, tuvieron avances desmedidos. Puntualmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 15 millones de personas sufren un accidente cerebrovascular por año. De este total, 5 millones mueren y otros 5 millones quedan con una discapacidad permanente.

Falta de conocimiento

Una de las mayores preocupaciones en torno a este tema es la falta de conocimiento de todos los síntomas o de que puede provocar un accidente cerebrovascular. Al respecto de esto, Pedro Lylyk, fundador del Equipo de Neurocirugía Endovascular y Radiología Interencionista de Buenos Aires (ENERI), remarcó que “si una persona tiene un dolor en el pecho va corriendo al cardiólogo, pero hay mucha gente que padece un dolor de cabeza raro, infrecuente, que nunca experimentó. O alguna señal de descoordinación en el cuerpo y no va al neurólogo con la misma rapidez”.
Además, el especialista destacó que el nivel de alerta en la población de las ciudades ha mostrado progresos en el conocimiento del ACV, pero “no lo ha hecho cuando se presenta una urgencia”.
Al comparar los ataques cerebrales con otras patologías, hay que considerar que el infarto es la principal causa de muerte en el mundo, y el ACV es la segunda. En tanto, en Argentina se producen cerca de 50.000 infartos por año, mientras que se registran unos 120.000 episodios de ACV cada 365 días. Asimismo, según Lylyk, la gente tiene más conciencia y actúa con más rapidez frente a un infarto.
“Casi en ninguna enfermedad del cuerpo humano la consulta rápida es tan importante. El cerebro tiene aproximadamente 120 millones de neuronas. Con un ACV se pierden casi dos millones de neuronas por minuto. Esa persona, por hora no atendida, envejece 11 años”, afirmó el fundador del ENERI.
Otra de las estadísticas que preocupa a los expertos es la falta de reconocimiento de los síntomas de un ACV, teniendo en cuenta que el 50% de los argentinos no reconoce el dolor de cabeza súbito y de mayor intensidad como un síntoma que amerite actuar con rapidez. Además, el 30% no hace nada si de pronto no puede mover el brazo derecho, y el 35% no hace nada si manifiesta repentina pérdida de coordinación.
Por su parte, la Asociación Argentina contra el Ataque Cerebral, junto con la Fundación Feneri, comenzaron con la campaña denominada SOCORRE. Según Lylyk, “SO es por sonrisa: si uno pierde la simetría de la sonrisa en la cara, es porque puede ser que vaya a tener un ACV. CO es de coordinar: si uno no coordina bien al levantar un brazo o una pierna, y pierde fuerza, también es otro signo preocupante. RE es de repetir: si uno no puede entender algo que le dicen y no lo puede repetir, debe acudir rápido a un especialista. Por eso es SOCORRE”, explicó Lylyk.

Situación global

Teniendo en cuenta que los accidentes cerebrales encabezan la lista de causas de muerte en todo el mundo, es un inconveniente de continuo tratamiento por todas las entidades sanitarias globales, sobre todo por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Específicamente, la entidad en cuestión afirmó que en Estados Unidos, una persona sufre un ACV cada 40 segundos, y alguien muere cada cuatro minutos por esta causa. Además, en el mundo, una de cada seis personas sufrirá un ACV en el transcurso de su vida.
Otros datos que se desprenden del informe presentado por la OMS afirman que en Argentina hay una prevalencia de 868 casos cada 100.000 habitantes, mientras que el riesgo de recurrencia del evento alcanza un 18% a los cuatro años.
Por su parte, unas 15 millones de personas experimentan un ACV cada año, mientras que 6 millones no sobreviven a este inconveniente. En tanto, cerca de 30 millones de personas que aún están vivas han padecido un accidente cerebral y la mayoría presenta discapacidades residuales.
En sus últimas líneas, el documento de la entidad con mayor jerarquía a nivel sanitario del mundo detalló que la “mortalidad asociada al ACV depende de la disparidad geográfica, variando del 20 al 57% siendo mayor hasta del 67,9% en pacientes que sufrieron un ACV hemorrágico”. También, menos del 5% de los pacientes en el país consultan en el tiempo adecuado para recibir el tratamiento indicado.

Daños cerebrales

En caso de no provocar la muerte de las personas, los accidentes cerebrales pueden provocar daños cerebrales considerables en los individuos. Al respecto, especialistas afirman que la ventana terapéutica, que permite reducir las consecuencias negativas provocadas, por el ataque es de cuatro horas y media y se puede extender hasta seis horas con los nuevos tratamientos que se están implementando. Por fuera de estos tiempos, los riesgos de discapacidad aumentan en forma drástica. Específicamente, desde el momento en el que se da el inconveniente, mueren casi 2 millones de neuronas por minuto, por lo que resulta de suma importancia para mitigar sus consecuencias.

Principales factores de riesgo

Para poder entender esta patología, prestigiosas entidades internacionales en materia sanitaria hicieron distintos relevamientos en los que encontraron una serie de factores de riesgo potencialmente modificables. En este sentido, afirmaron que los individuos propensos a ataques cerebrales pueden ser fácilmente identificados y dirigidos a intervenciones efectivas.
En primer lugar, destacaron que disminuir la inactividad física presenta innumerables beneficios para la salud: reducción de la presión arterial, control de factores de riesgo como la diabetes mellitus y el exceso de peso corporal, reducción en el riesgo de padecer un ACV, entre otros.
La hipertensión arterial es el principal factor de riesgo modificable para el ACV. Específicamente, los factores de riesgo dietéticos que se relacionan con la presión arterial elevada incluyen el consumo excesivo de sal, la baja ingesta de potasio, el peso excesivo, el alto consumo de alcohol, entre otros. Por cada aumento de porción, por día, en la ingesta de fruta y verdura, el riesgo de ACV se reduciría.
Consumir alcohol de manera leve a moderada: esto se asocia con un menor riesgo de ACV, mientras que un mayor consumo de alcohol aumenta el riesgo de padecerlo.
Controlar adecuadamente la presión arterial: la relación entre la presión arterial y el riesgo de ACV es fuerte. Cuanto mayor es la presión arterial, mayor es el riesgo de ACV. Por eso, recomiendan cambios en el estilo de vida como parte de una estrategia integral de tratamiento.
El tabaquismo es un potente factor de riesgo de ACV isquémico, asociado con una duplicación aproximada del riesgo, mientras que el riesgo es de dos a cuatro veces mayor para el ACV hemorrágico. La exposición activa o pasiva al humo del cigarrillo también es perjudicial.
La Diabetes mellitus es un factor de riesgo independiente de ACV, ya que duplica el riesgo con una mortalidad del 20% por ACV. Las personas con esta enfermedad tienen una mayor susceptibilidad a la aterosclerosis y una mayor prevalencia de factores de riesgo aterogénicos, en particular la hipertensión y los lípidos sanguíneos anormales.
Otro de los ítems hace referencia a la obesidad y el sobrepeso, argumentando que los hombres que presentan una circunferencia de cintura mayor a los 102 centímetros y las mujeres con una circunferencia de cintura superior a los 88 centímetros están clasificados como obesos abdominales.
Por último destacan a la Fibrilación auricular (FA): la FA, incluso en ausencia de enfermedad valvular cardíaca, se asocia con un aumento del riesgo de ACV isquémico de cuatro a cinco veces. Por eso, existe una oportunidad importante para la prevención primaria del ictus en pacientes con fibrilación auricular.