Con el inicio de la temporada estival, predominan en nuestra provincia las distintas actividades que vecinos y visitantes realizan al aire libre, con el objetivo de fortalecer sus prácticas de esparcimiento y disfrutar de las riquezas naturales que cada ciudad, por su parte, tiene para ofrecer.
También están aquellos que apuestan a un esparcimiento intelectual, por qué no, combinado con las actividades veraniegas, y no faltan quienes no pueden dejar de ir a la playa sin uno o más libros en el bolso.
La lectura de libros, en papel, ha disminuido con el pasar de las últimas dos décadas, casi de manera directamente proporcional al avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs), que han dotado a la vida cotidiana de invaluables aportes respecto de la comodidad y la facilidad en la comunicación, propiamente dicha.
Sin embargo, “leer libros es cada día más difícil”, producto de la falta de atención y de la estimulación visual que nos rodea, aunque ello no ha sido excusa para quienes han apostado a promover los hábitos de lectura como una práctica indispensable para el desarrollo personal, académico e intelectual.
Días atrás, en el marco de las acciones del Plan Provincial de Lectura, la Subsecretaria de Política Gestión y Evaluación, que depende del Ministerio de Educación de Chubut, lanzó la campaña de lectura de verano «Leer a sol y sombra».

Una persona, un libro

Durante dos meses, se invita a locales y turistas a que se sumen al “placer de leer” como un eslabón fundamental del tiempo de descanso que representan las vacaciones de verano; ello, vinculándose con los textos desde el papel en lugar de una pantalla, y generando un efecto multiplicador en el ámbito social, a través del ejemplo de la lectura.
“No hay mejor viaje que un buen libro”, reza una conocida frase, que con certeza se suma a la campaña impulsada en el ámbito provincial, a través de la cual buscan entregar más de 3 mil ejemplares de libros, en este caso de autores nacionales, a distintos municipios del Chubut, en el marco de la realización de las Fiestas Populares, un ámbito para reencontrarse con la propia identidad de los pueblos, acompañándola con la literatura, que resulta una parte integral de ella.
De este modo, la campaña promueve las lecturas en balnearios, paradores, colonias de vacaciones, así como también la implementación de ciclos de narración oral para el mes de febrero; también se llevará a cabo una práctica que se instaló como una actividad habitual en provincias como Buenos Aires, que es la “liberación de libros en espacios públicos”; la misma consiste en dejar libros en la vía pública para que algún transeúnte interesado los retire y pueda deleitarse con aquél “regalo anónimo”.
La formación de los ciudadanos como ávidos lectores es, pues, una apuesta de la sociedad actual, que no busca reflotar viejas prácticas, sino continuar y fortalecer las mejores.

Lectores frecuentes, un bien escaso

Años atrás, los porcentajes de lectura en el ámbito nacional eran de por sí bajos; si bien suelen realizarse eventos anuales con la promoción de la lectura como eje central, entre ellos la Feria del Libro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), lo cierto es que, con el paso del tiempo, la proliferación de los “smartphones” o “teléfonos inteligentes” ha sabido suplantar, en muchos casos, el hábito de lectura, principalmente en jóvenes y adultos.
Un adolescente actual suele recibir y leer una cantidad inmensamente mayor de información que otro de una o dos generaciones anteriores, debido al contacto permanente de los jóvenes con los dispositivos que vinculan mensajería instantánea, acceso a páginas web y redes sociales, entre otras plataformas.
Por ejemplo, en el año 2012, un informe elaborado por la agencia de medios Quiroga, en conjunto con TGI-Ibope, arrojó que apenas el 11 por ciento de los argentinos eran lectores frecuentes.
El relevamiento indicaba que los horarios más habituales de lectura solían ser la tarde y las últimas horas de la noche, y que el lector frecuente realizaba sus compras, principalmente, en librerías particulares o cadenas de librería.
Además, en comparación con el mismo informe de ocho años atrás (2004), el porcentaje de jóvenes entre 12 y 17 años que dijeron ser lectores frecuentes cayó de manera abrupta, del 15 al 7 por ciento; esto último, teniendo en cuenta que existe, desde entonces y hasta el día de hoy, una mayor oferta de diversión y esparcimiento en el ámbito digital para los más jóvenes, lo cual provoca que se haga a un lado la lectura tradicional.

No todo está perdido

Sin embargo, la última encuesta realizada, en 2017, por la consultora alemana GFK, reveló que en nuestro país se leen más libros que en Alemania y Francia, en el merco de un relevamiento realizado en 17 países.
Según los resultados globales, en base a distintos porcentajes poblacionales -en la Argentina fueron 1.007, mientras que en los Estados Unidos 1.536, por ejemplo-, nuestro país tiene más individuos que leen libros diariamente (26%) que Bélgica (19%), Japón (20%), Países Bajos (22%) o Alemania (25%), aunque menos que Reino Unido (32%), Rusia (29%), Canadá (29%) o España (32%).
En líneas generales, la encuesta, que fue realizada en 2016 a 22 mil internautas mayores de 15 años, indicó que en los 17 países consultados el 30 por ciento dijo leer libros todos o la mayoría de los días, siendo China la geografía que más lectores de libros a diario tiene, con un 36 por ciento.
De la población de esos países (Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, Italia, Japón, México, Países Bajos, Rusia, Corea del Sur, España, Reino Unido y Estados Unidos) apenas un 6 por ciento no leyó nunca un libro, un 29 por ciento lo hizo al menos una vez a la semana, un 17 por ciento una vez más al mes y un 18 por ciento, con “poca frecuencia”.
Del informe también se deduce que, entre los países con tasas de menor cantidad de lectores a diario, figuran los Países Bajos y Corea del Sur.
En la región de América Latina, los resultados arrojaron tendencias similares: en México, un 20 por ciento manifestó leer todos los días, mientras que en Brasil y la Argentina el porcentaje llegó a un 26 por ciento.
Asimismo, el informe indagó en la relaciones entre la frecuencia de lectura y los ingresos monetarios, dando como resultado que los grupos con ingresos más altos leyeron con mayor regularidad que los de bajos ingresos. Y en cuanto a los géneros, el esquema global indicó que las mujeres son más lectoras de libros que los varones.

La herencia del “Quijote”

El 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial, ya que ese día en 1616 fallecieron Miguel Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. La fecha también coincide con el nacimiento o la muerte de otros autores prominentes como Maurice Druon, Haldor K.Laxness, Vladimir Nabokov, Josep Pla y Manuel Mejía Vallejo.
En este sentido, fue natural que la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), celebrada en París en 1995, decidiera rendir un homenaje universal a los libros y autores en esta fecha, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y a valorar las irremplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y cultural de la humanidad. Respecto a este tema, la UNESCO creó el “Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor”, así como también el Premio UNESCO de Literatura Infantil y Juvenil Pro de la Tolerancia.
Cada año, la UNESCO y las tres organizaciones profesionales internacionales del mundo del libro, que son la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias, eligen una capital mundial del libro cuyo mandato empieza cada 23 de abril.
En 2017, el comité de selección destacó Conakry, capital de Guinea, por “la calidad y la diversidad de su programa, en particular, la atención que presta a la participación de la comunidad”, así como también “su presupuesto bien estructurado y objetivos de desarrollo claros, que se centran en la juventud y la alfabetización”.

Los niños, los mejores lectores

En otro orden, un informe elaborado en abril del año pasado por la consultora KTNS Gallup presentó un resultado alentador: el 70 por ciento de los niños “lee con regularidad”.
Las últimas pruebas Aprender 2016 habían alertado a las autoridades con sus resultados, indicando que el 46,4 por ciento de los alumnos de quinto y sexto año del secundario “no comprende un texto básico”.
Sin embargo, el estudio realizado por la consultora KTNS Gallup Argentina reveló un panorama diametralmente opuesto a las bajas expectativas que se tenían.
La investigación indagó en los hábitos de lectura de los niños argentinos, su impacto en la creatividad, vínculo con el mundo lúdico y el despliegue imaginativo, así como la influencia familiar. Para ello, llevaron adelante una encuesta cuantitativa de representatividad nacional de 1.200 en población adulta y un “Think-Tank” cualitativo entre docentes.
De acuerdo a los resultados del relevamiento, más del 70 por ciento de los niños entre 5 y 8 años lee al menos una vez por semana en nuestro país; además, la lectura de padres a hijos, por su parte, demostró ser 20 puntos menor: el 56 por ciento aseguró leerles a sus hijos con una frecuencia semanal o mayor.
En otro margen, los padres con niños menores de 8 años afirmaron que sus hijos leen con alta frecuencia, al menos una vez por semana, aunque el hábito de leer junto con los hijos es menos frecuente, y cerca de la mitad de los padres nunca lo hace o lo hace “solo ocasionalmente”.
Por su parte, los docentes invitados a opinar confirmaron que los a chicos “les encanta leer cuando tienen la oportunidad de hacerlo», aunque también señalaron que necesitan ámbitos propicios para desarrollar el hábito, más allá de la escuela.