Una de las máximas de cualquier sociedad del mundo civilizado es la promesa de las nuevas generaciones y la formación de quienes trazarán las postales del futuro del país; comenzando, acaso, desde el rol más pequeño dentro de la comunidad, para luego generar un efecto multiplicador de allí en adelante, dando lugar a más y mejores generaciones.
El punto de inflexión en materia educativa, a propósito de los resultados de las últimas evaluaciones nacionales e internacionales, son los estudiantes secundarios, su rendimiento, sus preocupaciones, sus falencias propias de la falta de herramientas que muchas veces faltan, y los desafíos que deben enfrentar los “millenials” y los “centennials” en un mundo globalizado, cada vez con menos lugar para albergar las mismas oportunidades para todos.
Días atrás, la ministro de Educación del Chubut, Graciela Cigudosa, trazó como una de las bases de su gestión el hecho de maximizar el foco en la escuela secundaria, continuando la gestión de su antecesor e incrementando el índice de promoción de los alumnos, una variable hasta entonces pasible de altibajos, a lo largo y ancho del territorio nacional.
Una de las características de la población estudiantil actual, principalmente de los estudiantes secundarios, es que son “centennials”; nacidos luego del año 1997 con “acceso directo” a la tecnología, el rediseño de las estructuras educativas resulta un paso obligado para conservar la atención y mejorar el rendimiento de una generación que se desarrolla a pasos agigantados, con el consecuente impacto que ello genera en la sociedad y, más profundamente, en el mercado laboral del futuro.

“Profes” voluntarios

Existen diversas iniciativas, impulsadas desde el ámbito de las políticas públicas, para fortalecer la enseñanza en el Nivel Medio; una de ellas es “Enseñá por Argentina” y comprende una serie de clases de apoyo que serán dictadas por jóvenes, a alumnos próximos a comenzar el secundario.
Los profesores son denominados “Pexas” y se encuentran coordinados por la Escuela de Apoyo, una entidad con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; la premisa del programa es que “En 2030, cada persona en Argentina podrá acceder a una educación que valore su identidad, potencie el desarrollo de sus capacidades y genere oportunidades para que actúe como protagonista de su vida y agente de transformación en su comunidad”.
Además, “Enseñá por Argentina” forma parte de “Teach for All” (Enseñar para Todos, por su traducción del inglés), una red global de más de 40 organizaciones asociadas independientes, dirigidas y financiadas localmente, con el único fin de incrementar las oportunidades educativas en sus respectivos países.
La iniciativa, con sus respectivas características en cada país, alcanza territorios vecinos como Brasil, Colombia y Chile, y se extiende a países como Australia, Qatar, Armenia y Bélgica, entre otros.

Más “duros” con las faltas

Otra provincia que endureció la política frente a las inasistencias es Córdoba, donde en el Ciclo Lectivo que comienza en marzo, ya no se podrán solicitar las conocidas “reincorporaciones”, una vez superadas las 25 faltas permitidas por año.
De este modo, aquél alumno que se exceda en la cantidad de inasistencias anuales, deberá rendir todas la materias en coloquio y, lejos de quedar como “alumno libre”, pasará a la categoría de “Estudiante con Trayectoria Escolar Asistida”.
Dicha política forma parte del plan “Secundaria 2030”, impulsado desde el Ministerio de Educación de la Nación, cuya arista vinculada a las inasistencias se implementará inicialmente en Córdoba este año, para extenderse a todo el país el próximo.
Algunas escuelas “flexibilizaron el registro de las faltas con el argumento de que es mejor que el chico esté adentro que afuera de la escuela”, indicaron especialistas en materia educativa, en relación a la última década en el ámbito de la enseñanza escolar.

Poco “refuerzo” tras el secundario

Una cuestión que hace eco ya en el ámbito universitario, es que Argentina es uno de los pocos países que no tiene un examen posterior a la finalización del ciclo secundario, motivo por el cual muchos de los estudiantes ingresan al nivel terciario y a la Universidad sin estar “nivelados” en sus conocimientos; esto último favorece los índices de deserción en las carreras terciarias y de grado, principalmente, durante el primer semestre.
En casi todos los países latinoamericanos se requiere algún tipo de examen previo al ingreso a la universidad, promoviendo el hábito del estudio preparatorio; tales países son Cuba, Nicaragua, Ecuador, Chile, México, Colombia, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador, Panamá, Bolivia, Paraguay, Perú, Brasil y los países caribeños.
Argentina, en general, posee muchos más estudiantes que la gran mayoría de sus países vecinos, en proporción a la densidad de población, pero con los graduados universitarios no ocurre lo mismo.
Según las últimas cifras oficiales de 2015, Chile tenía 73 por ciento más de graduados que nuestro país, y que Brasil un 91 por ciento más, por lo que en el caso de Argentina, la paradoja radicaba en que, ciertamente, hay más estudiantes, pero menos graduados.
Más aún, de cada cien estudiantes que ingresan a la Universidad, apenas 30 consiguen graduarse, mientras que las cifras en Chile y Brasil duplican a las nacionales; un poco más lejos en distancia, se ubican en una línea similar a los dos primeros países, Colombia y México.

Calificaciones, formación docente y proyectos

Entre algunas de las iniciativas dispuestas en el ámbito nacional, está el plan “Secundaria 2030”, finalmente aprobado en diciembre del año pasado y que contempla una serie de modificaciones, a las cuales las provincias deberían adherir, con una importante injerencia en el ámbito secundario.
Una de ellas es el “trabajo por proyectos”, donde a partir de un problema de la comunidad a lo largo de todo el año, se promueve el trabajo interdisciplinar, con dos o más docentes como orientadores.
También, actualmente cada chico, en promedio, rinde 30 exámenes por año en la secundaria sumado a otros 10 finales. Por eso, en vías de reducir la deserción escolar, se alienta a otorgar notas por proyecto, calificaciones de desempeño y considerar el progreso del alumno fuera de las pruebas tradicionales.
Por otra parte, la formación docente es una cuestión que afecta de manera directa y proporcional el rendimiento de los estudiantes; sobre esto último, el programa nacional estipulará capacitaciones tanto iniciales como continuas para acercar a los profesores hacia el nuevo modelo de proyectos interdisciplinarios, y en las escuelas pioneras que implementen la «Secundaria 2030», se trabajará con instrucción en campo.

Estimulación temprana

Tal vez uno de los más grandes desafíos de la sociedad actual, con una repercusión directa en el rendimiento académico de los más jóvenes, es captar la atención y diseñar estrategias para contener y fomentar la formación de los “centennials”.
Estos últimos son los jóvenes nacidos a partir de 1997, quienes todavía no desembarcaron en el mercado del trabajo, pero que pronto lo harán y presentarán tantos desafíos como lo hicieron sus predecesores de la Generación Y, es decir los “millenials”, la Generación X y los “Baby Boomers”.
Los “centennials” son los primeros en haber nacido bajo el ala de los dispositivos móviles, casi con los “smartphones” o teléfonos inteligentes bajo el brazo. Siempre han tenido a mano el acceso a la información de manera inmediata, lo cual conlleva a distintos efectos e influencias sobre su manera de ver el mundo y de desenvolverse dentro de un universo pura y enteramente globalizado.
Sus conductas y acciones se desprenden también de la época en la que viven, tan lejana a la de sus padres en términos de avance tecnológico y acceso a la educación.
Según estudios del ámbito de la psicología, son más pragmáticos, menos idealistas, valoran menos su privacidad, son más realistas y miden el impacto de su influencia social, lo cual determina en gran parte sus conductas.

Buscando un lugar en el mundo

Según un estudio realizado por “The Futures Company”, estos jóvenes crecen con una visión menos idealista y más pragmática, enfrentándose a situaciones con las que los millennials, sus antecesores, no tuvieron que lidiar hasta llegar a la juventud o a la adultez.
Como resultado de ello, dichos jóvenes, menores de 18 años, son más espabilados y poseen más destrezas, lo que es muy útil en una época en la que “no todos ganan”, donde las opciones son más limitadas y el éxito es más complicado de lograr debido a la creciente competencia y la diversificación del mercado laboral.
Sin lugar a dudas, la nueva generación de jóvenes es no sólo un mundo inexplorado para los adultos, sino también un importante desafío para quienes deberán diseñar políticas educativas atractivas y que conserven la atención de una generación que transita el mundo con una velocidad superior a la de sus antecesores.

Alertas tempranas

En su libro “iGen: por qué los chicos superconectados están creciendo menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y completamente no preparados para la adultez”, la profesora de psicología de San Diego State University, Jean Twenge, volcó los resultados de una investigación basada en encuestas a 11 millones de jóvenes norteamericanos y entrevistas en profundidad.
Para la autora, cuando un millennial o centennial llegue a su primer trabajo y deba tomar decisiones, funcionar con autonomía, asumir riesgos y responsabilidades no estará preparado para hacerlo básicamente porque no tuvo experiencias previas donde haya tenido que resolver situaciones complejas en la vida real.
Twenge consideró que «los adolescentes de la generación smartphone están creciendo más lentamente que generaciones previas, son menos propensos a conducir automóviles, trabajar, tener sexo, salir, y tomar alcohol».
Sin embargo, la autora señaló que dichas tendencias «les permitieron crear un entorno seguro que los hace no involucrarse en situaciones en las que habitualmente participan los adultos».
El lado negativo de esto último es que ingresan a la universidad y al mundo laboral con menos experiencia, son menos independientes y les cuesta tomar decisiones.
Sobre la relación entre esta generación y el mercado laboral al que tienen que entrar, la especialista analizó: «Ellos son más realistas y parecen estar más dispuestos a trabajar duro. No tienen grandes expectativas como sí las tenían las generaciones anteriores. Y en cuanto a la rebeldía, lo que ocurre es que al tener una infancia más protegida, crecen más lento. Y no les gusta hacer cosas que no sientan muy seguras. Lo que hacen es posponer los placeres y las responsabilidades. Esto no es algo ni bueno, ni malo», indicó.