Recientemente, en el marco de la “Semana de la No Violencia contra la Mujer”, el Ministerio de la Familia y Promoción Social de Chubut llevó adelante una “Jornada de Prevención y Cine debate sobre la Violencia de Género”, el cual contó con la participación de referentes de las áreas de la Mujer de toda la provincia, y la presentación del Programa de Fortalecimiento de Víctimas de Violencia de Género.
Durante el encuentro se expusieron diversos casos de violencia de género, se detallaron experiencias de trabajo en cuanto a prevención, y se elaboró un documento con conclusiones sobre la temática que se presentará al Ministerio de la Familia y Promoción Social, por parte de referentes de las áreas de Género, de la Mujer y de Equidad de Chubut.
“Bajo la modalidad de taller se pueden compartir experiencias, realizar debates y acordar pautas de trabajo articulado para poder abordar diferentes situaciones que se presentes” por eso “consideramos muy relevantes poder concretarlos desde la cartera social provincial”, resaltó la ministra de Familia y Promoción Social, Valeria Saunders, en el marco de una problemática que sin duda se encuentra arraigada en el mundo, donde nuestro país y nuestra provincia no constituyen una excepción.
A lo largo de las últimas décadas, el tratamiento de flagelos como la violencia de género ha sido abordado desde un sinnúmero de aspectos, buscando que cada uno de ellos -el artístico, el político, el social e incluso el económico- puedan penetrar, poco a poco, en las distintas capas de la sociedad, que se encamina a una estructura signada no sólo por el empoderamiento del rol de la mujer, sino por el de la igualdad entre todos sus integrantes, sin distinción de género.

La triste génesis de la conmemoración

En este contexto, el pasado 25 de noviembre se celebró, en todo el mundo, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fecha que debe su origen a un episodio lamentable, ocurrido el mismo día del año 1960, cuando las hermanas Patria, Minerva y María Teresa fueron brutalmente asesinadas por el orden del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo, por oponerse a dicho gobierno.
La fecha fue establecida en 1981, durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en Bogotá, Colombia, y su conmemoración continúa replicándose año a año en todo el mundo.

Datos alarmantes

Según datos relevados por ONU Mujeres, en todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental, a la vez que “solo el 52 por ciento de las mujeres casadas o que viven en pareja decide libremente sobre las relaciones sexuales, el uso de anticonceptivos y su salud sexual”.
Además, casi 750 millones de mujeres y niñas que viven hoy en día “se casaron antes de cumplir 18 años, mientras que al menos 200 millones de ellas se han visto sometidas a la mutilación genital femenina”, algo que ocurre con frecuencia en países del continente africano.

Más grave que el cáncer

Las estadísticas generales apuntan que “en uno de cada dos casos de mujeres asesinadas, el autor era su compañero sentimental o un miembro de su familia” y que, en el caso de los hombres, estas circunstancias únicamente se dieron en uno de cada 20 hombres asesinados.
Mientras tanto, el 71 por ciento de las víctimas de la trata en todo el mundo son mujeres y niñas, y tres de cada cuatro de ellas son utilizadas para la explotación sexual.
La violencia contra la mujer “es una causa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad reproductiva tan grave como el cáncer y es una causa de mala salud mayor que los accidentes de tránsito y la malaria combinados” consignaron desde Naciones Unidas.

Violencia y sometimiento

A su vez, la entidad expuso que la violencia contra mujeres y niñas “es una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo actual sobre las que apenas se informa debido a la impunidad de la cual disfrutan los perpetradores, y el silencio, la estigmatización y la vergüenza que sufren las víctimas” y que, en términos generales, la misma se manifiesta de “forma física, sexual y psicológica”.
Esto último incluye, entre otras, a la violencia por un compañero sentimental (violencia física, maltrato psicológico, violación conyugal, femicidio); violencia sexual y acoso (violación, actos sexuales forzados, insinuaciones sexuales no deseadas, abuso sexual infantil, matrimonio forzado, acecho, acoso callejero, acoso cibernético); trata de seres humanos (esclavitud, explotación sexual); mutilación genital, y matrimonio infantil.

El acceso a la educación, clave

Los efectos psicológicos adversos de la violencia contra las mujeres y niñas, al igual que las consecuencias negativas para su salud sexual y reproductiva, “afectan a las mujeres en toda etapa de sus vidas; por ejemplo, las desventajas tempranas en materia de educación no solo constituyen el obstáculo principal para alcanzar la escolarización universal y hace cumplir el derecho a la educación de las niñas, luego también le restringe el acceso a la educación superior a la mujer y limita sus oportunidades de empleo”, remarcaron desde el área de Naciones Unidas que abarca temáticas relacionadas con las mujeres del mundo.
Además, agregaron que “aunque todas las mujeres, en todas partes del mundo, pueden sufrir violencia de género, algunas mujeres y niñas son particularmente vulnerables, ejemplo de ellas son las niñas y las mujeres más mayores, las mujeres que se identifican como lesbianas, bisexuales, transgénero o intersex, las migrantes y refugiadas, las de pueblos indígenas o minorías étnicas, o mujeres y niñas que viven con el VIH y discapacidades, y aquellas en crisis humanitarias”.
Sobre este punto, advirtieron que la violencia contra la mujer “sigue siendo un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz, al igual que el respeto de los derechos humanos de mujeres y niñas” y que “la promesa de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de no dejar que nadie se quede atrás, no podrá cumplirse sin primero poner fin a la violencia contra mujeres y niñas”.

La histórica sociedad patriarcal

En la “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer”, elaborada en 1993 por la Asamblea General de la ONU, se hizo hincapié en que dicho flagelo “constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer”, agregando que “la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la misma a una situación de subordinación respecto del hombre”.
A ello, se sumó uno de los aspectos fundamentales de dicha acordada, que fue la necesidad de que los distintos Estados adopten “medidas para que las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y los funcionarios que han de aplicar las políticas de prevención, investigación y castigo de la violencia contra la mujer reciban una formación que los sensibilice respecto de las necesidades de la mujer”, teniendo en cuenta que, para la elaboración de políticas públicas tendientes a erradicar dicho flagelo, sus responsables también deben estar previamente formados.

Argentina, lejos de erradicar la violencia

En Argentina, uno de los aspectos más escabrosos y consecuentes de la violencia de género y las distintas fallas en su abordaje público son los femicidios; según el Observatorio de Femicidios de la Nación, durante el primer semestre de 2018, se cometieron 139 homicidios de mujeres donde la característica en común fue la condición de género.
Otra cifra preocupante es que, por día, en todo el país se registran unas 670 denuncias por violencia de género y que, como si ello fuera poco, las cifras arrojan una víctima fatal a diario.
De acuerdo a los datos relevados por el Observatorio, el 18 por ciento de las víctimas fueron menores de 18 años; el 30,9 por ciento tenían entre 19 y 30 años; el 29,5 por ciento entre 31 y 50 años y el 20,9 por ciento eran mujeres mayores de cincuenta años.
A su vez, dentro de las 25 víctimas menores de 18 años, 13 son menores de 11 años, sin mencionar que el 27 por ciento de las víctimas había denunciado a su agresor y que la mayor cantidad de los casos fueron cometidos por hombres en edad adulta.
También, del total de 292 femicidios cometidos durante el curso del 2017, en 164 las víctimas eran menores de edad.

La criminalidad del femicidio

Del total de femicidios (139) cometidos entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2018 en Argentina, se desprende que en 38 casos la víctima fue baleada; en 28, apuñalada; en 22, golpeada; en 16, estrangulada; en 15, quemada; en 6, degollada; en 3, asfixiada; en 3, arrojada al vacío; en 2, descuartizada; a ello se le suman cinco casos donde las víctimas fueron, respectivamente y en cada uno de ellos, “ahogada”, “torturada”, “envenenada”, “drogada” y otros dos casos donde no se registraron datos certeros de la metodología utilizada por el agresor o los agresores.
Para la misma franja de tiempo en la que ocurrieron los 139 femicidios, las cifras en cuanto a las provincias donde tuvieron lugar son dispares: la mayoría (42) ocurrió en la provincia de Buenos Aires; 14 en Córdoba; 4 en Corrientes; 8 en Chaco; 3 en Chubut; 3 en Entre Ríos; 1 en Formosa; 4 en Jujuy; 1 en La Rioja; 9 en Mendoza; 4 en Misiones; 6 en Neuquén; 2 en Río Negro; 4 en Salta; 3 en San Luis; 2 en San Juan; 13 en Santa Fé, 5 en Santiago del Estero y 11 en Tucumán.

Pintar el mundo de naranja

La propuesta desde ONU Mujeres para este 2018, a partir del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fue impulsar unos 16 “días de activismo” bajo la premisa de “pintar el mundo de naranja”.
A partir del 25 de noviembre y hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, la campaña “16 Días de activismo contra la violencia de género” es un momento para “impulsar acciones para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas en todo el mundo”, remarcaron desde la entidad, recordando que la campaña internacional se originó desde el Women’s Global Leadership Institute con la coordinación del Center for Women’s Global Leadership en 1991.
“Desde hace demasiado tiempo, la impunidad, el silencio y el estigma han permitido que la violencia contra las mujeres aumente hasta alcanzar proporciones de pandemia: una de cada tres mujeres en todo el mundo sufre violencia de género”, señalaron, agregando que “en los últimos años, las voces de sobrevivientes y activistas, mediante campañas como la de #MeToo o #YoTambién, #TimesUp, #Niunamenos, #NotOneMore y #BalanceTonPorc, entre otras, han ido ganando un protagonismo que ya no puede seguir siendo ignorado” y que “las y los activistas entienden que si bien los nombres y los contextos pueden variar en función de los distintos lugares geográficos, las mujeres y las niñas de todo el mundo sufren maltratos generalizados y sus historias deben salir a la luz”.

Un color para unificar a todos

Por ello, el tema de activismo mundial de la campaña “ÚNETE” de 2018 fue denominado “Pinta el mundo de naranja: #EscúchameTambién”, a partir del cual “se anima a las personas socias de ÚNETE a celebrar eventos con movimientos de mujeres locales, nacionales, regionales y mundiales, defensoras y defensores de sobrevivientes y de los derechos humanos de las mujeres, y a crear oportunidades para el diálogo entre activistas, personas encargadas de formular políticas y el público; al igual que en años anteriores, el color naranja será el elemento clave unificador de todas las actividades, y los edificios y lugares emblemáticos se iluminarán y decorarán con este color para atraer la atención mundial hacia la iniciativa”.