El Índice Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) lanzó la semana pasada las cifras económicas más importantes del país en referencia al tercer trimestre del año. En la oportunidad, se precisó que hubo un aumento en la tasa de desempleo de 0,7% a 9% de la población económicamente activa, como consecuencia directa del mayor crecimiento de la oferta de trabajadores, 0,4% de la población total, que la tasa de empleo que lo hizo apenas 0,1%, en comparación con la proporción registrada un año atrás.
En términos absolutos, esas proporciones extrapoladas al total país, con una población de aproximadamente 44,7 millones de habitantes, arrojó una oferta laboral de algo más de 20,5 millones, se elevó en 392 mil personas, de las cuales se encontraban ocupadas 18,9 millones, en ese caso subió en 292 mil puestos, en ambos casos respecto del tercer trimestre del año anterior.
En un año el empleo total creció en 292 mil puestos. Se desagregó en una caída en 70 mil en las posiciones registradas y crecimiento en 362 mil en las informales. Tal crecimiento del empleo en un período en que el PBI acumuló una caída de 3,5% superó las expectativas del mercado, más aún porque pocas semanas antes la ahora Secretaría de Empleo había dado cuenta de que el empleo registrado por el Sistema Integrado Previsional Argentino había acusado en ese período una disminución de 70 mil puestos.
La diferencia se explicó por la aceleración de la tasa de precariedad laboral, como se define no sólo a los empleos de baja calificación profesional, y salarios equivalentes a la mitad del ingreso medio de la economía que asciende a unos 30.000 pesos por mes en términos brutos, sino principalmente a la mayor parte de los ocupados en la informalidad, sin aportes jubilatorios ni cobertura asistencial por parte del empleador.
Se trata de unos 362 mil trabajadores que lograron entre octubre de 2017 y septiembre de 2018 ocuparse en una actividad informal como principal fuente de ingreso, una proporción equivalente a 5 por cada puesto de trabajo que se destruyó en la economía formal, principalmente en la industria y la construcción, según informó el INDEC.
Así, tras haber alcanzado el empleo en negro una proporción mínima de 32,6% del total de empleos en el país en el primer trimestre de 2017 se observó un proceso casi ininterrumpido de incremento de la informalidad laboral hasta un pico de 35,4% a fines de septiembre, en línea con un agobiante crecimiento de la presión tributaria y resistencia de gran parte de la dirigencia política y sindical a modernizar el sistema de contrataciones, a tono con las prácticas que predominan en el mundo.
Una vez más, en la reapertura de las negociaciones entre trabajadores y empresarios en paritarias se logró un rápido consenso para acordar aumentos nominales de las remuneraciones, pero volvió a quedar fuera de agenda el debate sobre los mecanismos para lograr el crecimiento de la productividad laboral y las condiciones de flexibilidad laboral, en beneficio de las dos partes.
Según el relevamiento del Indec los sectores que en el últimos año perdieron participación en el mercado de trabajo fueron la industria, hoteles y restaurantes; servicios financieros y de alquiler; administración pública; servicios comunitarios. Por el contrario, se mostraron activas las ramas de la construcción; servicio doméstico; comercio y enseñanza.

Desempleo en la región

Asimismo, el problema del empleo y la falta de trabajo no es un problema que afecte únicamente a nuestro país, sino que es un fenómeno que se está visualizando en toda América Latina. Puntualmente, los jóvenes y las mujeres son los más perjudicados en el ámbito laboral latinoamericano, según el estudio Panorama Laboral 2018 lanzado este martes por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Uno de cada cinco jóvenes de 15 a 24 años de la región, el 19,6%, busca trabajo y no encuentra, una cifra que casi triplicaba a la tasa de desempleo entre los mayores de 25 años (6,3%). El porcentaje de desocupación juvenil en la región se mantuvo en el 14% entre 2012 y 2014, pero se ha disparado en cinco puntos porcentuales desde entonces, en buena medida por la ralentización de muchas de las grandes economías de América Latina y el Caribe. “Esto amenaza el presente, por el desaliento, e impacta en la cohesión social de nuestros países”, subrayó el director regional interino de la OIT a escala regional, Carlos Rodríguez, en la presentación del informe.
El problema no se circunscribe, ni mucho menos, a los jóvenes. En el tercer trimestre de 2018, una de cada diez mujeres que buscaba trabajo no los encontró, una tasa mayor a la de sus pares masculinos en el mismo periodo (10% frente al 7,5%). La participación laboral femenina es igualmente más baja: poco más del 50%, más de 20 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres. Ante ese panorama, el director regional ha pedido “seguir impulsando los esfuerzos para reducir la desigualdad salarial” y la brecha de género. Los hombres, según el estudio, ganan 20% más por hora trabajada que las mujeres, y las diferencias no se deben tanto a variables de productividad laboral sino a “discriminación, estereotipos y factores culturales”.